Política

A diplomat of politics
Un diplomático de la política
Autor: José Ignacio Mejía / Nacho
14 de Febrero de 2015


Varias facetas le dieron significado a la existencia de Manuel Ramiro Velásquez Arroyave: la política, la religión católica, su señorío y sus buenos modales. Su cuerpo fue cremado.


Foto: Cortesía 

Manuel Ramiro Velásquez en sus mejores momentos en la política colombiana.

La última vez que lo vimos con vida fue el 18 de diciembre del año pasado durante la celebración de la Novena en la casa de uno de sus más cercanos y leales amigos, el periodista César Pérez Berrío.


Junto con su esposa Marta Lucía, el político conservador Manuel Ramiro Velásquez Arroyave compartió con todos los asistentes la celebración de ese ritual católico, le tocó leer uno de los apartes de la Novena del Niño Dios y después tertulió sobre diversos tópicos, incluida la picaresca política, aunque Manolo, como era conocido, no era el mismo de años anteriores.


El mismo comunicador reveló en su programa radial “En Tertulia”, el pasado 4 de febrero, que su gran amigo había sido internado de urgencias en el nuevo Hospital San Vicente de Paúl de Rionegro, como consecuencia de delicados trastornos respiratorios o de una afección bronquial, que unido a una bacteria terminaron la noche del pasado jueves con sus 63 años de vida.


Desde el mediodía del jueves el colega Pérez Berrío reveló a un grupo de periodistas que las noticias sobre el estado de salud del excongresista no eran las mejores y que por su gravedad los médicos ya no tenían nada más que hacer para salvarle la vida, que era posible que no terminara con vida ese día y que sólo esperaban un milagro que no ocurrió.


A las 11:35 de la noche César Pérez nos puso un mensaje de texto a nuestro teléfono celular en el cual sólo se leía: “murió”.


Este periodista recordó ayer en su mismo espacio hertziano uno de los momentos cruciales en la existencia de Velásquez Arroyave, como fue su trasplante de riñón hace quince años.


Sin dramatismos, pero con mucho realismo, relató que el dirigente político debió morir en el año 2000, comenzando el nuevo siglo, por gravísimas complicaciones renales y ante la imposibilidad de conseguir un donante en el país y en el exterior, en cuyas gestiones incluso participó el presidente de ese momento Andrés Pastrana.


Pero en esa oportunidad sí se presentó un milagro que protagonizó su hermano Federico, quien tras los exámenes médicos se concluyó que no era compatible como donante.


Pero Manuel R. Velásquez se apegó con suprema devoción a María Auxiliadora, que para ellos sí ocurrió el milagro. Tras nuevas pruebas a su hermano se determinó usar uno de sus riñones y después del exitoso transplante al paciente le vaticinaron unos diez años de vida, que se prolongaron a quince hasta el pasado jueves.


La investigación


Los expertos aseguraron que tras ese procedimiento médico las defensas de este político quedaron muy bajas y se tenía que cuidar muchísimo, pero otra circunstancia vino a mortificar y a afectar aún más sus ganas de vivir.


Se trató de la investigación preliminar por presuntos nexos con grupos armados ilegales que abrió la Corte Suprema de Justicia a finales del 2013, en similares hechos por los cuales hoy están privados de la libertad los dirigentes conservadores Luis Alfredo Ramos y Óscar Arboleda Palacio.


Esta situación, que se conoció luego de haber concluido su carrera como congresista, lesionó muy fuerte la humanidad y alteró los nervios del también administrador de empresas, porque en toda su vida pública evitó tener cualquier tipo de relaciones con sectores y personas por fuera de la ley.


Precisamente César Pérez confesó que después de conocerse esa investigación judicial, Manolo  no volvió a ser el mismo. Se refugió aún más en la Iglesia Católica, en su familia compuesta por dos hijos y en un reducido grupo de amistades, alejándose del mundanal ruido de lo público.


En el pasado quedó su extensa y meritoria trayectoria política que comenzó como alumno del jefe conservador antioqueño J. Emilio Valderrama.


Manuel R. Velásquez aparece acompañado con algunas de las personas que se formaron en política a su lado.


En la década de los años ochenta, el fuerte conservatismo antioqueño se dividía en cuatro grandes corrientes: el villeguismo, el ignacismo, el alvarismo y el valderramismo al que pertenecía el político fallecido.


El valderramismo o Progresismo Conservador sufrió un rudo golpe en 1988 al perecer trágicamente en un accidente de helicóptero J. Emilio Valderrama.


Sin su guía este matiz azul se fraccionó en dos vertientes, por un lado la mayoritaria Fuerza Progresista del Coraje al mando de Fabio Valencia Cossio con la figura estelar de Juan Gómez Martínez.


Entre tanto, Manuel R. Velásquez lideró una fracción más pequeña que se conoció como el Progresismo Conservador de Antioquia, luego el Progresismo Democrático que retornó al Partido Conservador, y que fue una aguerrida tendencia, que pese a los intentos para acabarla, no sucumbió y con la cual llegó cuatro veces a la Cámara y dos veces al Senado hasta el 2010. Además, siempre mantuvo presencia con curul en el Concejo de Medellín y en la Asamblea Departamental, con permanentes y buenas cuotas burocráticas en los gobiernos de la región y de su capital, al tiempo que presencia en los municipios, como en el Note antioqueño, especialmente en Carolina del Príncipe y Guadalupe, donde dio sus primeros pasos en el proselitismo.


Manolo fue un protagonista de la política antioqueña de los últimos 35 años, en cuyo ambiente fueron reconocidos sus buenos modales, el señorío, sus convicciones católicas y ante todo su diplomacia que desplegó siempre en las comisiones segundas del Legislativo colombiano.


Trabajó al lado de dirigentes como Rodrigo Pineda, Hernán Echeverri Coronado y Gustavo Bustamante, y a su lado se formó y descolló  una generación de funcionarios y políticos como Carlos Mario Escobar, David Jaramillo, Edwin y Gustavo Restrepo, Nicolás Pineda, César Pérez, Carlos Alberto Zuluaga, Gabriel Jaime Rico, Carlos Bayer y Germán Patiño entre otros, varios de ellos hoy con vigencia política.


Uno de ellos aseguró que una conversación con su orientador político en las últimas semanas parecía más una despedida, que no se detectó ninguna bacteria y que le daba la impresión que  estaba como planeando su partida.




Muy confiable

El candidato a la Alcaldía de Medellín, Gabriel Jaime Rico, dijo que en sus 25 años haciendo política, en 22 de ellos aprendió mucho de Manuel Ramiro Velásquez.


Sobre todo, enfatizó, aprendió que en política no se debe decir mentiras y menos negociar los principios y los valores.


Por eso, agregó, Manuel Ramiro Velásquez era muy confiable a la hora de armar coaliciones políticas y electorales.