Columnistas

El neocolonialismo chino
Autor: José E. Mosquera
12 de Febrero de 2015


La política crediticia y las inversiones de China en Africa y América Latina, en encarnan un nuevo tipo de colonialismo.

La política crediticia y las inversiones de China en Africa y América Latina, en encarnan un nuevo tipo de colonialismo. Los llamados gobiernos progresistas de América Latina y buena parte de los mandatarios y líderes políticos africanos obnubilados por las “generosidades” chinas les están dando la bienvenida a los grandes capitales chinos con mantos de terciopelo, pero sin detenerse a examinar que detrás de esas ofertas de créditos “generosos” y las danzas de inversiones en sectores económicos estratégicos, se esconden un neocolonialismo.


De hecho, las crecientes inversiones de China en África y América Latina, representan nuevas oportunidades económicas y de inversiones para estos países. Pero más allá de ser socios comerciales estratégicos, detrás de las movidas políticas y económicas de los chinos se configura un nuevo dominio imperial. Indudablemente que los préstamos con intereses irrisorios que los chinos otorgan a los países africanos y de América Latina sin muchos condicionamientos están propiciando unos excesivos endeudamientos y con ellos un nuevo tipo de dependencia imperial.


Es evidente que estos países se han sacudido hasta cierto punto de las garras imperiales de Estados Unidos y de las potencias europeas como lo cacarean los mandatarios del grupo del Alba. Sin embargo, sigilosamente están cayendo en la zaga del imperialismo chino, que de generoso no tiene nada. 


Es claro que el imperialismo chino se sustenta sobre un nuevo tipo de colonialismo, en donde no se involucra en los asuntos políticos, ni en los problemas de derechos humanos y de  libertades ciudadanas de los países, pero a través  de su estratégica política crediticia y de inversiones paso a paso controla renglones económicos claves y estratégico de los países. Las principales metas de su política se encaminan hacia el control de recursos naturales estratégicos, el comercio y las infraestructuras.


En el caso de los países africanos, China desde hace seis años superó a Estados Unidos como principal socio comercial de los africanos y en América Latina desplazó a las potencias europeas y se sitúa cómo el segundo socio comercial de los latinoamericanos y como la principal fuente de inversión en la región. El comercio bilateral de China con América Latina, llegó el año pasado a los U$D 260 mil millones, un comercio que se basa en explotaciones de recursos naturales: petróleo, oro, cobre, hierro, gas, productos agrícolas, préstamos para construcciones de infraestructuras y apertura de mercados para los productos chinos.


Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, Nicaragua y México son los principales destinos de sus inversiones.  En consecuencia, se ha convertido el principal destino de las exportaciones de Brasil, Chile, Argentina y Perú. Entre tanto, Venezuela está hipotecada a los chinos, al recibir empréstitos por más de U$D 70 mil millones a cambio de petróleo. En Perú y Bolivia más del 40% del sector minero-energético está en poder de empresas chinas y ahora en la reciente cumbre de La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribeños (Celac), China anunció  que los próximos diez años invertirá U$D 250 mil millones en la región.


 En cambio en África, en 15 años, el comercio bilateral con los africanos pasó de U$D 10 mil millones a U$D 215.000 mil millones y cuentan con más de 40 centros de promociones comerciales y de cooperación en África. Ahora más 2.650 empresas chinas operan en 50 de los 54 países africanos y sus inversiones directas son del orden de U$D 27.000 mil millones. Empresas que controlan más del 65% de los contratos de obras infraestructura y dominan grandes negocios mineros, petroleros, de telecomunicaciones y energéticos. En opinión del historiador congolés Mbuyi Kabunda, África se ha convertido en el nuevo dorado para China y América Latina en otro campo de disputas económicas y estratégicas con Estados Unidos.