Columnistas

Ascendiente judío y mestizaje en Antioquia
Autor: José Alvear Sanin
11 de Febrero de 2015


Gustavo Patiño Duque, ingeniero y matemático, dueño de una insaciable curiosidad intelectual, ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar en profundidad variados temas sobre los cuales ha escrito excelentes libros.

Gustavo Patiño Duque, ingeniero y matemático, dueño de una insaciable curiosidad intelectual, ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar en profundidad variados temas sobre los cuales ha escrito excelentes libros. La UPB le publicó “Identidad hispano-amerindia”, original y convincente ensayo en el que desmitifica la conquista de América. Como en Colombia las editoriales van a la fija, salvo las universitarias que obviamente prefieren a sus catedráticos, Gustavo Patiño ha tenido que publicar a sus expensas “Ascendiente judío del pueblo antioqueño”, y ahora, “Isabel del Corral, princesa amerindia. Génesis del pueblo antioqueño”. Antes había publicado “Cuadratura del círculo”, pero siguen inéditos trabajos tan importantes como “Demografía y desarrollo”, “Economía política”, “La evolución”, “Las mujeres de la Biblia”, que dan idea de la titánica labor intelectual de nuestro amigo. 


Acabo de leer “Isabel del Corral”, que su autor califica como novela para precaverse de críticas apresuradas, cuando en realidad se trata de un libro de historia que complementa su anterior aporte sobre el asunto de la ascendencia judía de los antioqueños. Acerca de ese punto recuerdo también el valioso trabajo de Fabio Villegas Botero (que también debió ser editado por el autor), y el originalísimo, extenso y sonoro poema “Dobaibe”, de Jaime Castillo Cruz, tan interesante y valioso como desconocido.


Ese ascendiente  ha sido tajantemente negado en el superficial y apresurado libro de Emilio Robledo, que rechaza a priori la idea de que tengamos algo que ver con los hebreos, en lo que coincide con Gabriel Arango Mejía, protogenealogista antioqueño que pretende que todos nuestros ancestros eran “cristianos viejos”, de probada “limpieza de sangre”. También es frecuente desconocer  la preponderancia andaluza, suponiendo, porque se dan entre nosotros algunos apellidos de origen vasco, un hipotético origen del pueblo antioqueño en el norte de España, como si los del sur fueran inferiores…


No puede desconocerse que, en general, la Corona negaba el permiso para pasar a Indias a los judíos conversos, porque no se quería  que en las colonias se repitiesen los problemas suscitados por la conversión impuesta a los hebreos por Doña Isabel. Buena parte de los así bautizados siguieron fieles internamente a su religión, practicando el catolicismo apenas externamente. Pero hubo otros, y no escasos, que se convirtieron realmente. No obstante, los “cristianos nuevos” eran mirados con recelo, y si no acreditaban la famosa “limpieza de sangre” por varias generaciones, eran excluidos de empleos, estudios y dignidades.


Ahora bien, Patiño Duque ha encontrado el padrón de los sinceros conversos sevillanos que celebraron “composición” con Doña Juana (conocida posteriormente como “la loca”), en 1511, para pasar al Nuevo Mundo en la famosa expedición de Pedrarias Dávila. Allí figuran, con sus nombres y profesiones, 390 personas de origen hebreo o “cristianos nuevos” que llegaron a Santa María la Antigua del Darién, donde pronto se casaron con mujeres nativas, dando lugar al mestizaje del que procede el pueblo antioqueño. Desde luego, no todos los mestizos proceden de estos 390 colonos, pero su aporte es de innegable importancia. 


Una de esas uniones es la de Julián Gutiérrez, oficial español de cuya trayectoria quedan numerosas trazas, e Isabel del Corral, hija de español e india. De esta pareja se vale el autor para iniciar la narración de la conquista de Antioquia, verdadera epopeya y lucha titánica no inferior a la de Jiménez de Quesada, tan bellamente narrada por Germán Arciniegas, pero más sangrienta porque en nuestro territorio se dieron tanto el pacífico mestizaje como la valerosa resistencia de los nativos, sin olvidar las luchas a muerte entre conquistadores deseosos de afirmar sus dominios, como se puede observar en la triste historia de Jorge Robledo, narrada entre otros por Raúl Aguilar Rodas en un interesante libro. 


En el vibrante relato de Patiño Duque se suceden Vasco Núñez de Balboa, Pedrarias, Robledo, Valdivia, Gaspar de Rodas, personajes que los antioqueños muy poco conocemos. Valdría pues la pena reconsiderar el libro esencial de Manuel Uribe Ángel, “Geografía e historia de Antioquia”, de 1875, y la “Historia de Antioquia”, de Francisco Duque Betancur que, junto con las de Patiño Duque, podrían servir de base para construir la verdadera historia de esta región, que buena falta hace.


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La eufórica presencia y las efusivas palabras del fiscal general en el acto fundacional de un nuevo movimiento comunista de fachada, favorecido con video de Iván Márquez, atemoriza profundamente porque atenta contra la imparcialidad política exigida por la justicia en un régimen democrático