Columnistas

El periodismo nuestro de cada día
Autor: Iván Guzmán López
10 de Febrero de 2015


Esta semana será epicentro de celebraciones y reuniones fraternales de la prensa y los periodistas colombianos.

Esta semana será epicentro de celebraciones y reuniones fraternales de la prensa y los periodistas colombianos. Y no es para menos: recordemos que la celebración del Día del Periodista, empieza el 9 de febrero como una feliz recordación de la aparición, el 9 de febrero de 1791, del primer periódico en Colombia, el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, dirigido entonces por el periodista de origen cubano,  Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria; esta fecha fue consagrada por la Ley 51 del 18 de diciembre de 1975. Aunque, luego, mediante la Ley 918 de 2004, se anunció como nueva fecha de celebración el 4 de agosto, en homenaje a otro de los pioneros del periodismo colombiano, el prócer de la independencia Antonio Nariño, la tradición sigue reconociendo el 9 de febrero, como la fecha clásica. La celebración, que este año será signada por importantes eventos académicos, no estará exenta de las tan necesarias tertulias y encuentros, donde la buena camaradería y el regocijo, darán cuenta de los lazos profesionales y de amistad que en Antioquia tenemos los distintos periodistas y comunicadores sociales, agrupados en organizaciones como el Círculo de Periodistas de Antioquia, Cipa; el Club de la Prensa, la Asociación antioqueña de periodistas, APA y La Asociación Colombiana de Redactores Deportivos, Acord, Antioquia. 


Particularmente, me parece que la celebración es muy justa, y que las felicitaciones llegadas de todos los puntos cardinales son bienvenidas, si consideramos que, históricamente, el periodismo colombiano ha cumplido una función social fundamental y sustentadora de nuestra democracia. Recordemos que desde la Colonia, pasando por la Independencia, buena parte del periodismo, fiel a su deontología profesional condensada en los postulados básicos de la responsabilidad social y la veracidad informativa, denunciaba lo que sucedía con los ejércitos españoles y libertadores, así como todas las injusticias que se vivían durante la existencia del Virreinato. Esta concepción, en una época dónde sólo podía hablar libremente quien estaba a la cabeza del poder, condujo a varios personajes colombianos, entre ellos al citado Antonio Nariño, a ser desterrado del país. Luego del confinamiento sufrido por Nariño, la lista de colegas asilados, asesinados o botados vulgarmente de sus medios por asumir la defensa de la verdad, la denuncia de los atropellos diarios contra la población civil, y los abusos del capital (en especial del extranjero, ante el cual tanto nos gusta hincar la rodilla), se ha hecho larga (demasiado larga, diría yo); sin embargo, esta prensa colombiana, aún padeciendo asesinatos horrendos como el de don Guillermo Cano, se ha mantenido erguida (salvo contadas excepciones, por supuesto, que gustan más de los asuntos del bolsillo que de los profesionales), se ha conservado fiel a sus postulados y ha sido clave para que la democracias perviva, no obstante las dentelladas de algunos sectores sociales y políticos que a diario atentan contra la institucionalidad y la democracia.


Sin duda alguna, el futuro de Colombia exige profesionales del periodismo con probidad y valor, capaces de seguir en la brega por denunciar fenómenos cuya única finalidad es el enriquecimiento ilícito y el desmedro de la democracia colombiana. Reconocemos con tristeza que los únicos delitos de muchos compañeros, caídos o despedidos  alevosamente y sin respeto alguno por la profesión o el colegaje, se reducen al haber actuado con independencia crítica, el sentido ético de la información veraz, y el denunciar vicios, corrupción, mafias, y en general toda suerte de males que asolaban y asolan a Colombia.


Puntada final: esta fecha nos invita a recordar al político alemán Hans-Dietrich Genscher, figura fundamental del Partido Liberal Demócrata y ministro de Asuntos Exteriores, entre 1974 y 1992, cuando decía: “La prensa es la artillería de la verdad”.