Mundo deportivo

“I only wanted to run”
“Yo sólo quería correr”
Autor: Jonny Andrés Sampedro
10 de Febrero de 2015


Diego Colorado mantiene su sueño intacto de correr en una olimpiada y se prepara para lograr el cupo a Río 2016. El antioqueño viene de lograr el tercer lugar en la carrera Trepadores a La Catedral, su más reciente participación atlética.


Foto: Jhon Alexander Chica Yara 

Diego Colorado, sencillo, humilde y agradecido. Nunca olvida a la gente que le tendió la mano cuando iniciaba su carrera, ni a Porvenir, Correcaminos, Indeportes y Coldeportes, los que siguen confiando en él. 

La fuga era perfecta, hasta que lo delataron. Había guardado la ropa en una pequeña tula la noche anterior que escondió bajo su cama. Decidido a probar suerte se despidió temprano en la mañana de Francisco y María Fabiola, sus padres, con el pretexto de ir a hacer “unas vueltas al pueblo”.


En efecto, cumplió con lo que dijo. Sólo que no precisó que el pueblo no era Jardín, su municipio, sino Ciudad Bolívar y que las vueltas serían atléticas y no trámites engorrosos los cuales pensaban sus padres que estaba haciendo. 


Al no aparecerse durante la tarde hubo preocupación. En su familia lo esperaban para ir a recoger café, cortar monte y trabajar la caña, pero él no llegó a dar una mano y tras varias consultas, preguntas y respuestas apareció el “delator”, quien confirmó que Diego Colorado estaba compitiendo en los zonales de atletismo y que se había fugado con su amigo Ómar Isaza.


El viaje de regreso en bus tardó tres horas. Colorado cruzó la puerta de su casa como si nada pasara, pero al notar que ya conocían la historia en su hogar, quiso cambiar el enfado de su familia enseñando una medalla de oro. A sus padres poco les importó que su hijo fuera el campeón del Suroeste en los 5.000 metros ruta. Había nacido el atleta, también un gran castigo, pues su mamá ya le había dicho que no quería verlo “brinconeando” por ahí, que con eso no se ganaría la vida. Era el año 1990.


El mejor camino


25 años después la historia se recuerda en su casa con risas. Risas que son apagadas por los recuerdos de dos hermanos y una cuñada asesinados a manos de grupos al margen de la ley. “Fue una época muy triste y violenta en Jardín. Yo vivía con mucho miedo, por eso venirme a Medellín fue una buena decisión”, evoca el atleta.


Graduado de bachiller llegó a la “Bella Villa” en 1994. Tocó puertas, se rodeó de gente que humildemente le tendió la mano y empezó su carrera deportiva guiado por su maestro: El entrenador Libardo Hoyos.


Duró sólo un año bajo su disciplina. No aguantó que los médicos le dijeran que estaba lesionado, pero no le diagnosticaran de qué. Él sentía un dolor en la rodilla que nunca supo qué era y le impedía correr, por eso regresó a su pueblo. 


Volvieron entonces las largas jornadas en el campo, el temor y la desesperanza. 


El correo era su desahogue. Allí le llegaban, desde la capital antioqueña, las cartas de Mónica Tangarife, atleta, amiga, a la que besó por primera vez en 1991 en las Fiestas de La Rosa, quien posteriormente se convirtió en su novia y luego su esposa, la que le dio la vida a Emanuel y María Paulina, sus dos hijos. 


“Yo le decía que se devolviera, que en Medellín tenía futuro. Él era pesimista al principio, pero a punta de reposo se alivió de la lesión, regresó y Libardo lo recibió de nuevo, ahí empezó a correr otra vez”, dice Mónica.


Renacer


Para fines de 1996 Colorado volvió a Medellín. Fue logrando fama a punta de las carreras que ganaba. Entró al atletismo de lleno y confirmó que en este mundo hay gente buena y mala, unos que pagan y otros que estafan.


“Recuerdo dos carreras en las que no nos pagaron los premios: Una en Neiva y otra en el Valle. En ambas levantamos la queja a la Federación, pero no hubo respuesta alguna, fue muy triste, porque muchos nos ayudamos con esto y esa platica se perdió”, agrega, desilusionado, pero con la lección aprendida.


Por otra parte, con Mónica las cosas marchaban sobre ruedas. Bien dice el dicho que al lado de un gran hombre hay una gran mujer y el sabio que lo dijo no se equivocó. Ella tomó la iniciativa, lo matriculó en el Politécnico para estudiar licenciatura en educación física juntos, lo llamó y le soltó la sorpresa. 


“Yo recién había llegado en bus a Jardín. Me tomó por sorpresa. Le reclamé, porque éramos deportistas y no teníamos dinero para estudiar. Ella me dijo que todo iba a salir bien si nos becaban por ganar carreras, que ahí estaba la clave y así fue siempre. De esa forma logramos estudiar, pese a que yo muchas veces me cabeceaba en clase, por el cansancio de los viajes y los entrenamientos, pero ella me llamaba al orden y me despertaba”, agrega Diego Colorado, entre risas.


Juicio, disciplina y sueños


Con una carrera terminada, un hogar conformado e hijos en él, esta familia pasó por Santa Rosa de Osos, para instalarse definitivamente en Guarne. Lugar desde el que todos los días Colorado madruga a despachar a sus hijos y esposa, para luego salir a entrenar y cumplir con un estricto plan de trabajo que a los 41 años lo tiene vigente y como uno de los mejores fondistas del país.


“A él lo mantiene longevo la disciplina y los cuidados que tiene. Eso lo ha ayudado bastante, porque es un profesional en todo el sentido de la palabra. Es una persona amable, humilde y sociable, un atleta íntegro y con muchas capacidades”, asegura Libardo Hoyos.


Con todas estas virtudes el plan de Colorado es correr tres o cuatro años más. Luego llegaría el retiro y ojalá un paseo a Suiza con su familia, lugar que considera como el más hermoso de los que ha tenido oportunidad de visitar y competir. Posteriormente llegaría la docencia, pues su idea es ser entrenador de atletismo, deporte en el que aún tiene metas por cumplir.


“Mi anhelo siguen siendo los Juegos Olímpicos, es mi deuda pendiente y actualmente me preparo para buscar el cupo a Río 2016. Competí hace poco en la costa, el domingo anterior en Trepadores a La Catedral (fue tercero), esperaré que me confirme el equipo si voy para la de Girardot, el Run Tour de Avianca y posteriormente a la Maratón de Chile, en la que buscaré la marca ‘A’ para las olimpiadas, que sin duda, es algo que me sigue quitando el sueño”. 



Una triste y una alegre

Consultado sobre las carreras que más ha lamentado y que más ha disfrutado, Diego Colorado hizo un balance y manifestó al respecto: “No me olvido nunca de la Maratón de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Pienso que podía ganar, era una prueba en la que me sentía muy bien, pero me confié, dejé que el brasilero se escapara, esperé mucho para atacar y al final, pese a que recorté distancia, me pasó factura y terminé en el segundo lugar (…) La que sí recuerdo mucho, por lo positivo, fue la Carrera Colseguros en Bogotá (2011). Fue muy disputada y con jóvenes talentosos quienes salieron muy fuerte, pero pude sobrepasarlos faltando cuatro kilómetros (eran 15k) y al final quedarme con el automóvil que entregó la competencia: Un Renault Sandero muy bonito”.