Gente

El circo
Autor: Carmen Vásquez
9 de Febrero de 2015

Hoy es un día muy especial para nosotros periodistas. Es el día en donde todos volvemos a renovar los votos del decálogo de ser un verdadero periodista. No es fácil serlo, no es una profesión fácil. El primer punto es que ese “nombre” que firma un artículo, que habla al micrófono, que entrevista en la pantalla chica, tiene la inmensa responsabilidad de saber que se firma o se habla a conciencia. No hay que escribir o decir una palabra de la que no se esté seguro.


A todos mis compañeros y amigos de esta hermosa profesión, dedico un buen día de reflexión.


Febrero llegó con payasos, magia, malabares en un trapecio, artistas, música, cuerda floja que sin estar metidos en un círculo con la arena y el aserrín, sin sentir rugir el tigre y ver el domador con el fuete en la mano, los personajes entraron y salieron de diferentes tamaños de oleos y dibujos. Fue suficiente verlos encerrados en hermosos y lujosos marcos dorados, 30 en total. Gordos, pero suficientemente ágiles y suaves para hacer piruetas.


El sello de las obras del maestro Fernando Botero es una magia y perfecta magia para este trabajo que él ha llamado El Circo.


El Museo de Antioquia tiene en sus salas la más importante de las obras del maestro Fernando Botero.


La vida es un circo. En ella hay de todo. Los que no tienen miedo del trapecio, suben y saben que abajo hay peligro. Los que se ponen la mascara de payaso para hacer reír de la tristeza que se lleva dentro. Las fieras que rugen pero que se dejan mandar y dirigir. La bailarina que sólo baila y baila, desfila y no se da cuenta de la vida y muchos payasos que son sólo eso, payasos... La vida es un perfecto circo.


El Museo de Antioquia estrenó año con un gran cóctel de pista. Todos en el circo de la alegría por ver las obras y estar al lado del maestro Botero.


Empresarios del arte, empresarios y dirigentes de la ciudad, cuerpo consular, familiares y amigos del maestro.


De las delicias que la infancia le regala a los seres humanos, es estar y divertirse en un circo. Las horas son un minuto de tener la mirada fija en la pista de arena y aserrín y reír. Sólo reír.


Por cierto, el maestro Fernando Botero es un buen aficionado de la fiesta de los toros, es uno de los maestros que ha sabido llevar al lienzo la representación taurina de toros y toreros, y no se le ha visto en esta temporada en su barrera de la plaza de La Macarena.