Columnistas

“Estaba cansada”
Autor: Bernardo Trujillo Calle
7 de Febrero de 2015


Fueron estas dos palabras las que susurró María del Pilar Hurtado, exdirectora del disuelto DAS al llegar de Panamá horas antes de que fuera deportada.

Fueron estas dos palabras las que susurró María del Pilar Hurtado, exdirectora del disuelto DAS al llegar de Panamá horas antes de que fuera deportada. La expresión fue de hastío, frustración. Claro que tenía razón para estar cansada después de cuatro años huyendo, evitando el escarnio público de una captura que tarde o temprano la pondría de regreso a Colombia. El complaciente expresidente Martinelli ya no estaría allí ofreciéndole su indiscreta protección, desafiante y contraria a las normas de buena vecindad y la circular roja librada a Interpol para capturarla y entregarla a las autoridades colombianas, la dejó sin alternativa: no tenía pasaporte, las fronteras estaban vigiladas y la policía de 190 países había puesto sus ojos en la huidiza exfuncionaria. Esto sin contar con que la Corte ya la esperaba para notificarle un fallo que sólo falta ser firmado.


Los juristas especializados han dicho que la causa está cerrada y precluida la oportunidad de obtener ventajas mediante la confesión. No obstante, el fiscal le abre ventanas de alivio y piensa distinto, pues por razón de su oficio, debe ser el mejor informado de cuanta prueba la incrimina, al punto de ser su confesión, de llegar a darse, una simple corroboración de lo sabido y probado.


La prensa ha llamado a la señora Hurtado “la primera en abrir la brecha de la fuga”, título que en nada la enaltece. Es que la fuga con el fin de eludir la acción de la justicia tiene connotaciones delictuales, Tras ese mal ejemplo, otros personajes se escaparon: Andrés Felipe Arias, Luis Carlos Restrepo, David Zuluaga, Lilian Pardo y todo hace pensar que algunos más están haciendo las maletas. Gente talentosa, está caminando en la cuerda floja: todo un estropicio, un melancólico fin de las que debieron ser prometedoras carreras en el servicio público. ¡Lamentable! A estas horas de sus vidas estarán añorando el país y rumiando el contratiempo de su fracaso. Deberían regresar y someterse como cualquier ciudadano de bien a nuestros jueces que no los están persiguiendo por motivos políticos. La farsa no ha convencido a nadie y ya es considerada como una solemne payasada.


Entre tanto, los procesos continúan su curso normal bajo la figura del reo ausente. Sólo que los encartados han perdido las oportunidades que la ley les brinda para defenderse. Los fallos que se profieran permanecerán como espadas de Damocles amenazando sus cuellos hasta la prescripción. ¿Por qué motivo no hacen el parangón entre enfrentar el proceso o seguir de judíos errantes cumpliendo sin necesidad la sentencia bíblica?. Haber tomado las de Villadiego fue tanto como cambiar la familia, el lugar donde se nació, por otro país en el cual no pasarán de ser advenedizos mal mirados.


Durante el gobierno de Núñez y otros tiranuelos que hubo, la pena de extrañamiento (felizmente eliminada como lo fue también la pena de muerte) era pan de cada rato que se aplicaba a los opositores políticos, casi siempre intelectuales liberales –José María Vargas Vila, Juan de Dios Uribe ((El Indio Uribe)- panfletarios insignes. Años atrás la habían sufrido Tomás Cipriano de Mosquera y Francisco de Paula Santander. Pero lo de ahora –digo de los fugados- nada tiene qué ver con aquello. Vivimos en un país respetuoso del derecho de disentir con absoluta libertad. No existen las mazmorras de otros tiempos y las bóvedas de Cartagena son lugares de peregrinación para entender las diferencias entre un gobierno despótico y otro que vive en democracia.


Repito sin cálculo, que miro con cierta compasión la condición de reclusión de María del Pilar Hurtado. Así lo pienso después de haber leído su mini biografía de prensa en la que se describe a una mujer sencilla, tímida, “fácil de manipular”. Este fue su talón de Aquiles. La encandiló el rápido ascenso y le cobraron caro la escalada. Llegó el momento en que su facilidad para acomodarse la llevó a la dirección del DAS. Allí fue donde claudicó. Sin embargo el Fiscal Montealegre ha dicho que “tiene todavía oportunidad desde el punto de vista procesal” Él sabe como el que más de estas cosas. Lo que él quiere decir, en otras palabras, es que la casa por cárcel y la rebaja de penas son posibles para aliviar su situación. Ese es un derecho y no una dádiva.