Editorial

¿Fin de las salvaguardias?
7 de Febrero de 2015


A dos días de que la Secretaría General de la Comunidad Andina de Naciones, CAN, sentara posición frente a la unilateral e intempestiva decisión del Gobierno de Ecuador de imponer salvaguardias a las importaciones provenientes de Colombia y Perú.

Los ministerios de Comercio de Bogotá y Quito informaron del acuerdo bilateral para el desmonte, progresivo y condicionado, de las abusivas medidas que el Gobierno de Rafael Correa adoptó con la excusa de proteger la economía de su país, de la devaluación del Peso colombiano y el Nuevo Sol peruano. A pesar de festejado, el acuerdo no anuncia paz en las relaciones comerciales bilaterales, como tampoco respeto de Quito por la CAN o por las reglas del libre comercio, del que fue cómodo beneficiario mientras el petróleo estuvo caro y el dólar barato.


Ecuador es el segundo destino de las exportaciones colombianas después de Estados Unidos y en reemplazo de Venezuela, que en el régimen chavista se dedicó a golpear la industria colombiana. A su vez, integrarse a la CAN le ha permitido a Ecuador aumentar su intercambio comercial de un 7 a un 30 %, dada la complementariedad de las economías de Colombia, Perú y Ecuador. Pero en el mes de vigencia de la disposición, las exportaciones colombianas a ese país cayeron en 40 %, según informaciones de Analdex, situación que apenas sufrirá leves cambios debido a la extensión por casi otro mes de esa restricción unilateral, anacrónica e injusta.


Según el comunicado conjunto suscrito el pasado miércoles, el acuerdo compromete a Ecuador con el inmediato desmonte de la salvaguardia para 977 posiciones arancelarias registradas como materias primas y bienes de capital, las cuales representan el 70 % de las líneas arancelarias y el 50 % del valor total de las exportaciones. Sin embargo, las exportaciones industriales tendrán que esperar hasta el 27 de febrero para recibir el beneficio, si es que lo disfrutan. Mientras tanto, precaviéndose del concepto que se espera que hoy emita la CAN sobre el incidente de imposición unilateral de salvaguardias (el cual lógicamente deberá ser favorable a Colombia y Perú), Quito busca una respuesta a la petición que interpuso ante la Organización Mundial de Comercio para que le permita imponer salvaguardias a todas las importaciones, sin importar su procedencia. Tal pretensión no sólo desconoce a la CAN sino que vuelve muy precario el acuerdo binacional, pues mediante la excepción que indica que “en caso de imponer nuevas medidas, estas no dejarán a las exportaciones colombianas en condiciones menos favorables que las del resto del mundo”, se ha notificado a nuestro país de la posibilidad de ser castigado nuevamente, así la sanción se disfrace con la excusa de su universalidad. No es pesimista quien hoy reclama mantener el ojo avizor frente a los nubarrones que llegan del sur y que podrían desatar tormentas comerciales equiparables a las que en su momento provocó el también radical régimen chavista cuando, dizque por razones políticas, impuso fuertes medidas cambiarias a los productos colombianos, mismas que se mantienen.


Al momento de acordar el plazo que alivia a Quito, y que carga fuertemente a los industriales colombianos, gremio que mantuvo vivas las peticiones al Gobierno para que trabajara por un acuerdo equitativo, los negociadores nacionales le concedieron que en “cumplimiento de los compromisos asumidos por el país hace más de dos décadas como miembro de la Comunidad Andina” le sean vendidas 80.000 toneladas de arroz blanco. Con tamaña, y casi gratuita generosidad, se ha impuesto gran sacrificio a nuestro país y se ha dispuesto de un bien necesario para los consumidores nacionales, que tiende a escasear en la primera mitad del año.  También se ha dado carta blanca a la paradójica actuación de Ecuador frente a un organismo del que se vale para exigir a otros cumplimiento de sus compromisos, pero al mismo tiempo desconoce para imponer su visión unilateral del comercio exterior. Aunque sus autoridades aún no lo han acusado, con estas decisiones la CAN recibe nuevos y duros golpes contra su supervivencia y estabilidad.


Ecuador ha presentado su queja ante la OMC como si en su bolsillo llevara el triunfo de sus tesis. Esta sin embargo no se ve tan clara, en tanto es una exigencia que busca medidas proteccionistas frente a las oscilaciones cambiarias, producto de la bonanza de la economía estadounidense, y como defensa por la caída de las exportaciones de Quito, a consecuencia de las variaciones en los precios del petróleo, fuente y sustento de una bonanza que se hizo aparecer como un ejemplo de política económica eficiente. En tanto amenazado en su economía y en sus principios favorables a la liberalización de los mercados, aunque no totalmente de las políticas cambiarias, nuestro país es uno de los más interesados en las decisiones que se piden a la OMC.