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Qué debe tener nuestro estilo al escribir
5 de Febrero de 2015


Lo que se expresa debe estar al alcance de una persona de cultura media. Claridad es pensamiento diáfano, conceptos bien planeados, exposición limpia.

Claridad: 


Lo que se expresa debe estar al alcance de una persona de cultura media. Claridad es pensamiento diáfano, conceptos bien planeados, exposición limpia. Un estilo es claro cuando el pensamiento del que escribe penetra sin esfuerzo en la mente del lector.


Concisión: 


Es emplear las palabras absolutamente precisas para expresar lo que queremos. Conciso no quiere decir lacónico (demasiado breve), sino denso, que es el estilo en que cada frase, cada palabra están plenas de sentido. De lo contrario, hay vaguedad, imprecisión y retórica (palabrería).


Sencillez: 


Quiere decir: huir de lo enrevesado, de lo artificioso, de los adornos superfluos, para que lo escrito no sea calificado de barroco (excesivamente adornado, complicado).


Naturalidad:  


No escribir de modo conceptuoso, sino explicar, expresar, decir “naturalmente lo natural”, como pide el crítico Martín Vivaldi.


El escritor sencillo se expresa con naturalidad; es decir, las palabras y las frases son las “propias”, las adecuadas, las que el tema exige. Huye del rebuscamiento. Lo natural es lo contrario de lo artificioso, de lo ampuloso (estilo hinchado y redundante).


La naturalidad no va contra la elegancia; al contrario, la requiere como soporte. Víctor Hugo dijo: “Guerra a la retórica y paz a la sintaxis”.


Unidad: 


La del párrafo –y la de todo escrito o composición- consiste en que sus partes estén tan estrechamente ligadas entre sí, que todas se refieran al pensamiento dominante.


Variedad: 


En las palabras, en las frases; cuando ellas se enlazan felizmente, emerge la armonía que es elemento de belleza. Pero, esas palabras y esas frases deben estar iluminadas por lo que hay que decir; no abusar de ellas para hacer falsa literatura, fastidiosas introducciones, melindrosos juegos verbales sin ingenio.


La originalidad 


Del estilo radica, de modo casi exclusivo, en la sinceridad. “Todos somos originales cuando somos nosotros mismos”, ha dicho un estudioso del estilo.


Empezar por ser sinceros es ya ser originales. Huir de las expresiones banales, de las frases hechas, de los tópicos consagrados por el uso es el mejor camino para conseguir un estilo original.


“El sello del verdadero escritor –dice el tratadista Albalat- es la palabra propia; y son palabras propias las que no pueden ser remplazadas por otras. Un estilo no es  original cuando abunda en frases que pueden ser remplazadas por otras más exactas, por la expresión más justa.”


Y agrega el crítico Middlenton Murry: “El estilo es perfecto cuando la comunicación del pensamiento o de la emoción se alcanza exactamente.”


El gran enemigo, que es la retórica, amenaza cuando solo se usan las palabras por lo deslumbrantes, por la sonoridad. Cuando  en la prosa se sacrifica la precisión para darle cabida a la musicalidad, el estilo entra en decadencia.


Al escribir, procuremos seguir nuestros caminos; evitar las formas creadas por otros. La lectura de los clásicos y de los grandes escritores de hoy y de ayer  no tiene por objeto imitarlos, sino aprender de ellos lo mejor. Los escritos deben tener un sello que refleje la personalidad. Un estilo personal quiere decir un modo de expresarse singularmente. Las normas para escribir son flexibles y dejan un amplio margen a la expresión personal e íntima.


El saberse todas las normas gramaticales y las ortográficas, y aplicarlas debidamente, no es garantía de poder ser un buen escritor. Una cosa son las normas y otra – bien distinta - es el  manejo, la funcionalidad del idioma y con él, la sensibilidad, la natural elegancia y el gusto estético.


Normas  estilísticas según Azorín:


Poner una cosa después de otra y no mirar a los lados, es decir, huir de los incisos (frases agregadas, explicaciones largas) porque la atención del lector se cansa.


No entretenerse con las palabras, es decir, no amplificar. La prolijidad cabe en la oratoria pero no en la escritura.


Si un sustantivo necesita de un adjetivo, no lo carguemos con dos. El emparejamiento de adjetivos indica esterilidad del pensamiento, y mucho más la acumulación de ellos.


El mayor enemigo del estilo es la lentitud. Leemos a un escritor lento y nos desesperamos [...]. La fluidez es condición esencial del estilo, muy por encima de las que exigen las aulas y las academias: pureza y propiedad.