Columnistas

La comunicaci髇 es el eje de la pol韙ica
Autor: Jorge Alberto Vel醩quez Betancur
5 de Febrero de 2015


A la comunicaci髇, muchas veces, se le atribuyen facultades exageradas o poderes casi milagrosos para aliviar toda clase de crisis y problemas sociales y de convivencia.

A la comunicación, muchas veces, se le atribuyen facultades exageradas o poderes casi milagrosos para aliviar toda clase de crisis y problemas sociales y de convivencia. Esto puede ser cierto, pero también es peligroso para la Comunicación, porque se tejen demasiadas expectativas sobre sus potencialidades y sobre su trabajo profesional. Ello obliga a aclarar, en todos los casos, que la comunicación así entendida y aplicada es una operación de medio y no de resultado, como ocurre con el derecho y con la medicina. Ningún abogado puede comprometerse a lograr la absolución de un reo así como ningún médico se obliga a curar a un paciente. Cada uno, con sus métodos y sus instrumentos, hacen lo que la ciencia y la voluntad humana permiten dentro de la ética y las normas. Igual sucede con la comunicación aplicada: organizacional, audiovisual, para el desarrollo, política o para el cambio social.  


Advertencias similares se hacen sobre el poder atribuido a los medios de comunicación. Muchas personas creen que con incluir algunos medios y uno que otro instrumento pedagógico en una campaña, los cambios se darán en consecuencia.


Sin embargo, tampoco puede desconocerse la importancia de la comunicación en los procesos sociales contemporáneos, debido a sus bondades y capacidades para hacer aportes efectivos a la democratización de las sociedades. 


También es necesario señalar que los análisis comunicacionales no pretenden explicar lo que ocurre en el sistema social, sino lo que sucede con los elementos particulares en un momento determinado y en una comunidad específica, dado que de las ciencias sociales no se esperan reglas universales, porque los fenómenos sociales son históricos, transitorios y perecederos por la misma acción transformadora del individuo.


Lo que sí puede afirmarse es que la comunicación es fuente generadora de cultura política y promotora de procesos de organización social y participación ciudadana y que tales procesos procuran una mayor legitimidad democrática. Desde este punto de partida, la comunicación se erige en una fuerza con suficiente poder para ser el centro de la acción política.


El estudio de la comunicación puede abordarse desde una triple dimensión: es una necesidad humana, un fenómeno social y un derecho humano fundamental. Se entiende como necesidad humana, porque las personas son seres sociales por naturaleza, que se realizan mediante la convivencia y la interacción con los demás. La comunicación es, así mismo, un fenómeno social que no solo le da el nombre a la época actual, conocida como de la sociedad de la información y la comunicación, sino que estudia y explica otros fenómenos sociales. 


En tercer lugar, La comunicación es un derecho individual de carácter universal. La evolución social permite, así, que surja en los Estados modernos la consagración constitucional de los derechos a la libre expresión de las ideas y a la información, como derechos fundamentales e inalienable, formando con el Derecho a la Vida y el Derecho a la Libertad un trípode sobre el cual descansa la sociedad civilizada,


De esta manera, la comunicación adquiere un claro valor político: permite al Estado el cumplimiento de sus fines y a la comunidad intervenir en el manejo de lo público.  Ese pleno sentido político integra la comunicación con la participación. Hay verdadera comunicación cuando el individuo puede responder, intervenir, tomar decisiones y acompañar los procesos que tienen alguna importancia para su vida. Uno de los fines de la comunicación pública es la participación ciudadana en los asuntos que le son propios.


¿Puede entenderse la democracia sin la participación ciudadana? Y ¿puede hablarse de comunicación sin participación? En estos casos, se estaría en presencia de una democracia teórica, retórica, sin la legitimidad que otorga el respaldo social. ¿Puede entenderse la participación sin la comunicación? Las estrategias educativas y la comunicación van de la mano en el propósito de construir cultura de participación y cultura política en la comunidad, para que, de paso, deje de ser tomada como “masa”.


La comunicación es el enlace necesario de la legitimidad política e institucional, si es permanente, clara y asertiva.


*Director Centro de Comunicación Pública