Columnistas

“La plata” (Diomedes Díaz)
Autor: Rubén Darío Barrientos
5 de Febrero de 2015


Con el título de “La plata”, Diomedes Díaz –El Cacique de la Junta–, interpretó la más premonitoria canción de todas las que entonó.

Con el título de “La plata”, Diomedes Díaz –El Cacique de la Junta–, interpretó la más premonitoria canción de todas las que entonó. De los apartes de la letra, entresaco: “La gasto en mujeres, bebida y bailando/todo el mundo pelea si dejo una herencia/si guardo un tesoro o lo gozo yo/se apodera el diablo de aquella riqueza”. Hoy, todos pelean la herencia de Diomedes. Lo más grotesco y vulgar, está sucediendo en los estrados judiciales. Este pandemónium es una constante de muchos artistas, porque en las mismas anda la sucesión de Joe Arroyo. Entre otras cosas, hay una similitud para ambos cantantes: murieron los dos a los 56 años.


Inicialmente, voy a recordarles que Diomedes tuvo la extravagancia de tener 28 hijos reconocidos, con 11 mujeres. La garrotera sucesoral incluye: hijos, exmujeres, exmanager, amigos y avivatos. Lo primero que ocurrió fue que hace un año, su excompañera sentimental y médica Betsy Liliana González pleiteó el derecho sobre la vivienda en Valledupar, donde vivía la última compañera permanente del cantautor (Luz Consuelo Martínez), hasta pedir el lanzamiento de Martínez. Pero entró a terciar Patricia Acosta, manifestando que ella era la socia conyugal y explicando que había escogido como testaferra del bien a Betsy Liliana. Entretanto, cuando Luz Consuelo regresó a Valledupar, proveniente de Bogotá, se topó con que los hijos del Cacique de la Junta, habían desmantelado el contenido de la vivienda y se hurtaron, a raponazo limpio, cuatro televisores, tres aires acondicionados y una nevera.


Mientras ese zafarrancho estaba armado, Rafael Santos Díaz, el hijo mayor de Diomedes, se alzó una costosísima y modeluda camioneta (avaluada en $ 200 millones), de propiedad de Diomedes, tras pedirla prestada a Luz Consuelo Martínez el día de las exequias del cantautor. Luz Consuelo, ni corta ni perezosa, se hurtó 55 semovientes y los negoció. Por ello, fue denunciada por Rafael María Díaz, otro hijo. La policía alcanzó a frustrar el ilícito y logró bajar del camión nueve cabezas de ganado, dos terneras y dos caballos. Y un poco más tarde, la autoridad recuperó casi dos docenas de reses más. Otro merequetengue que se formó, consistió en que se falsificaron firmas para la venta. Como si fuera poco, Rafael Santos Díaz se enfrentó por las malas a José Zequeda, manager de Diomedes. 


De contera, una finca en Badillo, no la regresan los terceros que se apoderaron de ella. Otra batalla campal se está dando por un botín nada despreciable: las regalías musicales de Diomedes sobre 183 temas. Y mientras esto acontece, otros cuatro “hijos” pugnan por ingresar a la sucesión, para lo cual se trenzaron en una liza judicial para alcanzar la filiación paterna (ya están practicándose pruebas de ADN). Hace una semana, hubo una audiencia de conciliación por las reses de la finca Las Nubes, que terminó a las trompadas entre los intervinientes y con denuncia por lesiones personales.


En medio de su desorden, Diomedes no tenía bienes a su nombre, lo que aviva aún más la rapiña. También hay deudas, embargos, demandas por cuotas alimentarias y abogados enfrentados hasta por las vías de hecho. La sucesión que nos ocupa, es el reflejo de una vida anárquica, azarosa y enredada, como fue la del juglar Diomedes Díaz. El cantautor, llegó a tener más de 20 casas, 5 fincas y 1.200 reses. Pero la sinvergüenzada y sus incumplimientos, dieron al traste con un envidiable patrimonio. Estuvo en prisión 44 meses por el crimen de Doris Adriana Niño, tras una noche de rumba, drogas y violencia. También se pelea hoy, el diamante extraído del diente de Diomedes, avaluado en $ 20 millones. Todo lo que se está viviendo, ese infierno miserable y sórdido, es el ejemplo de lo que no debe hacerse ni ser. Diomedes fue la antítesis de lo sensato, señorial, ordenado, correcto y ejemplar: solo era un buen cantante.