Columnistas

La universidad que necesitamos
Autor: Danny García Callejas
4 de Febrero de 2015


El 24 de febrero se realizará una nueva designación de rector en la Universidad de Antioquia. Hoy aspiran siete personas para dirigir hasta 2018 el claustro universitario más importante de Antioquia.

danny.garcia@udea.edu.co


El 24 de febrero se realizará una nueva designación de rector en la Universidad de Antioquia. Hoy aspiran siete personas para dirigir hasta 2018 el claustro universitario más importante de Antioquia. Los retos que le esperan a la universidad son mayores y pondrán a prueba su capacidad financiera y académica.


La propuesta —aún en discusión— del Plan Nacional de Desarrollo para el periodo 2014 a 2018 propone un aumento de cobertura de la educación superior pasando de 46% en 2013 a 57% en 2018. Para la U. de A., esto podría representar un incremento de alrededor de un tercio de la población estudiantil matriculada.


La mayor parte del crecimiento del Alma Máter se concentraría en sus campus en las subregiones de Oriente y Urabá. Ya se han comprometido cuantiosos recursos de la universidad y de la Gobernación de Antioquia para estas zonas. Sin embargo, por su carácter territorial, la U. de A. solo recibe recursos para funcionamiento —y no para inversión— del Gobierno Nacional.


El presupuesto de la de Antioquia empieza a llegar a su límite con cada vez menos holgura para expandir sus servicios y misión en todo el departamento. Ya aparecen riesgos y efectos secundarios inesperados. Con la concentración de recursos en las subregiones, la calidad y crecimiento de los pregrados en Medellín empiezan a comprometerse.


Los pregrados ofrecidos en Ciudad Universitaria alcanzaron su máximo en cuanto a cupos por semestre. El campus está hacinado: los espacios para estudiar, acceso a laboratorios informáticos, servicios de la biblioteca y disponibilidad de baños empiezan —o ya son— insuficientes. Las instalaciones se han depreciado y requieren de intervención.


La sede Medellín de la U. de A., construida al final de los sesentas, requiere de intervenciones físicas para modernizar sus bloques y acoger al doble de la población para la cual fue diseñada. Por ejemplo, accesos para personas en situación de discapacidad —aún hay pisos inaccesibles y alejados de ascensores—, salidas de emergencia y rociadores automáticos contra incendios.


Como la universidad se propone ser la más investigadora en 2016 en Colombia, existe una presión adicional por aumentar los recursos para dicho fin. Con la planta profesoral congelada desde hace décadas, este objetivo resulta incompatible con el aumento de cobertura. Aunque la universidad ha ampliado su planta docente en las regiones, el cambio en Medellín ha sido marginal.


De hecho, programas como Ciencia Política, creado hace once años, aún sigue esperando la totalidad de las plazas profesorales que le prometieron desde su inicio. Y parece que este pacto seguirá sin cumplimiento por ahora. Así, la U. de A. podría arriesgar la calidad de sus programas por perseguir el sueño de la cobertura.


Por ello, la U. de A. que necesitamos está lejos de la que queremos. En los próximos cuatro años, habrá que crecer en estudiantes de pregrado, financiando buena parte del aumento con recursos propios. Los ingresos provendrían de la venta de servicios y la deserción estudiantil, junto con los limitados recursos estatales, opacará nuestros esfuerzos.


* Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia