Columnistas

Imposible olvidar a Israel
Autor: Mariluz Uribe
2 de Febrero de 2015


Esta semana se recordó el cierre del campo de concentración nazi, en Auchswitz, metido entre Polonia. Lo vi. Tengo fotos de esos cuartos con cientos de camas apeñuscadas y un gran letrero a la salida que traduce NUNCA MÁS.

Esta semana se recordó el cierre del campo de concentración nazi, en Auchswitz, metido entre Polonia.  Lo vi. Tengo fotos de esos cuartos con cientos de camas apeñuscadas  y un gran letrero a la salida que traduce NUNCA MÁS. 


Aquel apetecido y odiado Israel, país abierto al mar, era provocativo a toda potencia deseosa de dominio. Estaba destinado a ser objeto de deseo de los grandes imperios y ha dependido de las luchas de ellos.


Estuvo dividido en tribus –según el Antiguo Testamento- tribus de pequeños reinos, donde los reyes eran masacrados con gran desenvoltura, en menos de veinte años fueron asesinados cuatro. 


Por aquello de que “todo reino dividido será destruido”, las potencias extranjeras empezaron a meterse. Primero los asirios, luego los babilonios. Después los romanos que casi no salen. Enseguida los bizantinos. Más tarde los árabes con su guerra santa que les permitía acabar con el que no pensara como ellos. Luego, desde el otro extremo de Europa vinieron las Cruzadas para echar a los árabes de los lugares considerados santos.


También estuvieron los mamelucos. Y los turcos. Hasta Napoleón fue a parar allá. Finalmente los ingleses ejercieron su dominio. Hasta que logró desarrollarse el movimiento sionista “ISRAEL PARA LOS ISRAELITAS”. ¡Y eso que  los ingleses, dizque les propusieron que se fueran más bien a Kenia o a Madagascar, qué frescura! Pero los judíos sólo quisieron su Tierra Prometida, que por algo lo sería.


Tres hombres trabajaron intensamente por su pueblo, cada uno a su manera MONTEFIORE, HERZL y WEIZMAN. Lograron conmover la opinión mundial hasta que Inglaterra cedió y el país fue reconocido oficialmente por Naciones Unidas el 11 de Mayo de 1949.


La palabra Israel lleva en sí el destino de lucha: fue el nombre que le dio Dios al patriarca Jacob después del sueño en que éste combatió con el Ángel y lo venció: Israel quiere decir “Soldado de Dios”. 


“El Éxodo” (leer León Uris) comenzó con Moisés cuando él movilizó su pueblo hacia la Tierra Prometida en un viaje que había de durar cuarenta años.


Después continuó por los caminos del mundo en medio de persecución constante, cercados y asesinados por los Hitler y los Eichman de la historia. Pero el Éxodo de hoy es hacia su vieja y nueva patria libre ya e independiente.


Todos tienen derecho a ir a su tierra dice el Movimiento Sionista que quiere sacar a los hebreos de la vida sórdida en grandes ciudades extranjeras, para que vuelvan a su lugar de origen, trabajen, cultiven y exploten su pequeña faja de terreno para sacar de ella el mejor partido.


Que vuelvan al campo a pequeñas aldeas organizadas, KIBBUTZ, que sean agricultores. Que “hagan” vegetación ya que tienen poca. Y están cumpliendo el programa como cosa sagrada. Los planes de ellos no son discursos ni papeles, son obras. Y el desierto de Negueb donde hasta el aire falta, lo convirtieron en tierra cultivable.


Producen legumbres, papas, cereales, pastos, heno, semillas para aceite, olivas, tabaco y las más bellas frutas. Todo esto lo digo con conocimiento de causa, mi hijo Jorge vivió en un Kibbutz, durante un año, cuando debido a la guerra con los países vecinos, Israel recibía estudiantes de todas partes que quisieran trabajar  allá, porque todos los jóvenes nativos estaban en los campos de batalla. (www.jorgeholguinuribe.com)


Progreso continuo,  su ritmo de construcción es el más rápido del mundo. Y si bien llegan muchos inmigrantes pobres, algunos ricos que han permanecido en otros países, colaboran; tienen espíritu de ayuda mutua, de confraternidad, de patria. 


Lo que nos falta a los colombianos que si los vecinos no nos molestan nos molestamos a nosotros mismos. 


•Psicóloga PUJ y Filóloga U de  A