Columnistas

Los p醞aros tir醤doles a las escopetas
Autor: Bernardo Trujillo Calle
31 de Enero de 2015


Soy amigo de los dichos populares por sabios y reveladores. En este caso, se trata de una curiosa tergiversaci髇 de los hechos para darle vuelta a un reciente suceso de la pol韙ica nacional.

Soy amigo de los dichos populares por sabios y reveladores.  En este caso, se trata de una curiosa tergiversación de los hechos para darle vuelta a un reciente suceso de la política nacional.  Un típico caso de picaresca.  El señor Fiscal Eduardo Montealegre, que no es un novicio en achaques de derecho penal, utilizó un medio radial para informar del interrogatorio -no de la indagatoria- que se les haría al ex candidato conservador Oscar Iván Zuluaga y a su hijo David, gerente y representante legal de la campaña presidencial, por las actuaciones suyas, de ambos, no tan limpias ni tan inocentes como se quiere hacer creer.


Entonces, al calor de una controversia de absoluto tinte político, los implicados en las conductas irregulares resultaron de víctimas y el señor Fiscal de victimario, y al darse este giro singular de 180 grados, los muy calculadores enemigos del alto funcionario, a la vez adversarios políticos encarnizados del Presidente Santos, pretendieron echarle encima un sudario al proceso penal que investiga delicadas situaciones de espionaje cumplidas contra la candidatura del Presidente, debidamente documentadas, las cuales fueron pagadas con largueza -230 millones- a Andrés Sepúlveda y Rafael Revert.


Y es aquí en donde el buen exministro de Hacienda, un provinciano que iba palo arriba, se maquiavelizó, es decir, tomó a pecho el camino de aquella “política desprovista de conciencia y buena fe que es un modo de proceder con astucia, doblez y perfidia”, en palabras del Drae que se las sabe todas.  Fue en esta doctrina donde cayó el exministro, arrastrado por el señuelo de la Presidencia y por los malos consejos de la extrema derecha.  El austero conservador fue sobornado, haciéndolo reo de las reprochables conductas por las que se le acusa.  Esos cargos que están lejos de ser leves, consisten en haber espiado la vida privada de la familia presidencial, tratar de socavar su campaña electoral, atentar contra el proceso de paz interceptando la correspondencia y conversaciones de los comisionados del gobierno en La Habana, poner en peligro la seguridad del Estado al violar información militar secreta y cometer otras extravagantesmaniobras del mismo talante, de ninguna manera simples fruslería en una democracia.


No se venga pues ahora con la peregrina teoría de que el fiscal ha montado una persecución política en acuerdo con la Presidencia para afectar a los Zuluagas, a Hoyos y a toda la cofradía de la campaña conservadora, porque esto no es cierto.  Se trata de otra falacia de mal gusto dirigida a producir una cortina de humo para encubrir una falta de lealtad a las normas electorales.  Atacar para defenderse es uno de los trucos que viene de los consejos que Nicolás de Maquiavelo le daba al Príncipe, seguido a la letra por Hitler y aprovechado sin el menor pudor por el gran Primer Ministro de la era victoriana Disraeli, el mismo que llegó a proclamar la traición como medio de lucha política.  Uno de sus biógrafos, Hesket Pearson, lo cita: “No existe traición ni bajeza de la que no sea capaz un partido político, porque en política no se conoce el honor”.  Una auténtica aberración, porque esa no es la concepción genuina de la política en la que hay también valores y honor.  


No se pretenda por consiguiente desviar una investigación que cursa desde hace casi un año en la Fiscalía, con todas las garantías y consideraciones más exigentes –casi exquisitas- con tales argucias.  Ayúdenle los amigos de Oscar Iván Zuluaga, el buen ex ministro que fue, a recobrar su auténtica personalidad, esa que el país le conoció alguna vez y por la cual lo respetábamos y hasta grandes cosas esperábamos de él.  No lo dejen malograr.


A los liberales les digo: sindéresis, instinto de conservación. La división en las próximas elecciones es un suicidio político. No habría ni Alcaldía ni Gobernación liberal.  Despierten de ese duermevela.


No le temamos a la voz del pueblo.  Ella debe refrendar el proceso de paz.


Luis Carlos Restrepo, hoy prófugo, viene dando buenos consejos que deberían ser escuchados por sus amigos: “es muy difícil un proceso de paz con cárcel”