Columnistas

El corredor tranviario…
Autor: Abelardo Ospina López
29 de Enero de 2015


A espaldas de las oficinas de El Metro, en la vecina ciudad de Bello, ventean a visibles y “chatarrudos” coches de los desaparecidos Ferrocarriles Nacionales, tan queridos y útiles que fueron.

A espaldas de las oficinas de El Metro, en la vecina ciudad de Bello, ventean a visibles y “chatarrudos” coches de los  desaparecidos Ferrocarriles Nacionales, tan queridos y útiles que  fueron. Cuando viejos exservidores de ellos, pasan por ahí en busca de transporte, se entristecen porque los lleva a hacer memoria de cómo y hasta cuando estuvieron sirviéndole. De esta laya de  ciudadanos, vive Sigifredo Córdoba Madrigal. Se nos ha ocurrido este pródromo, consecuencia de última observación aparecida en la prensa escrita, atinente a precauciones que deberán atender los próximos usuarios de El tranvía de Ayacucho, como estar “atentos al sonido de la campana, a la bocina y que se despeje el corredor tranviario; dejar a un lado los afanes en orden a evitar accidentes etc”, pues se debe estar atentos al espacio por el que se ha de transitar y respetar los destinados a discapacitados, acogiendo y acatando normas de comportamiento puestas en vigencia en el Metro.


Desde ya – sostienen los que saben -, es conveniente “no parquear motos ni carros” en el citado corredor, porque es espacio para el tranvía y los peatones. Se ha repetido que éstos son medios para el disfrute del espacio público.


El ciudadano Sigifredo, citado arriba, al referirse al cuidado que demanda la conducción del tranvía, habló de “la tragedia del túnel de la Quiebra”, ocurrida en Mayo de 1972, en la que perdieron la vida Guillermo Torres, Octavio de J. Parra, Jaime Orozco y Hernando Raigoza”, motoristas de los Ferrocarriles y valiosos  integrantes del equipo técnico de la empresa.


Recuerda el Señor Córdoba que siempre esperaron soluciones concretas a los por ellos llamados problemas, retribuciones justas a los esfuerzos que por años, hicieron tras “el empeño exclusivo del engrandecimiento de la Empresa de Transportes más importante–según él-, del país”.


Perdónesenos estas ajenas definiciones: Ferrocarril: Conjunto de instalaciones, vehículos y equipo que constituyen medio de transporte o, serie de vagones unidos a una locomotora que circulan por dos filas de barras de hierro paralelas, sobre las cuales ruedan… . Y tranvía: Ferrocarril movido por energía eléctrica, destinado al transporte de viajeros en trayectos urbanos o en cortos enlaces interurbanos”.


Fue placentero el turismo por los desaparecidos “ferros”, de aquellos que se decía, que al rodar, se quejaban con su “mucho peso, poca plata, mucho peso, poca plata” y de los tranvías, nada se proclamó, excepto que eran lindos, cómodos y necesarios, cotidianamente.


Claro que a estas alturas de la civilización, aún “echamos de menos” los sonoros trenes y nos vuelven  a entusiasmar “los chicos”, ad portas de entrar en servicio. Empujadora esta Antioquia de rudas lomas y brillante Capital, innovadora y hospitalaria con el pueblo que la respira y trabaja.