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Conversar
29 de Enero de 2015


“Temo el día en que la tecnología supere
el contacto humano; ese día habrá una generación de idiotas”
(Einstein)


Lugore55@gmail.com


“Temo el día en que la tecnología supere


el contacto humano; ese día habrá una generación de idiotas”


(Einstein)


Una buena conversación debe estar exenta de:


Estribillos y muletillas (entonces…, pues…, avemaría!..., hermano…); son signos de pobreza en el lenguaje y vuelven monótona y ordinaria la conversación.


Estridencias, gritos, carcajadas (son señal de nerviosismos inútiles y mala educación).


Expresiones groseras o irónicas, burlescas (ofenden al interlocutor).


Ademanes y modales exagerados (coger al interlocutor por la ropa, la corbata, las partes del cuerpo, hacer gestos, tomar posiciones inadecuadas).


Originar, con la palabra o con los gestos, controversias y disputas innecesarias que llevan a la enemistad y, a veces, a la falta de respeto, (desautorizaciones, mostrarse competitivo…)


Divulgar chismes, murmuraciones, maledicencias….


Si hay que presentar a otra persona, evitar la descortesía con frases como: llegó la chismosa; llegó el que más habla; esta es la que se sabe todas las historias del barrio….


Exagerar los gestos y las tonalidades de la voz es demostrar que se es muy primario y, además, maleducado.


Utilicemos una voz suave, tranquila y expresiva; así, nos escucharán con gusto y se harán menos enojosos los problemas, y…. hasta las noticias de radio y televisión serán menos terroríficas.


Reflexionemos:


La manera de expresarnos es muy peculiar, muy personal, puesto que las ideas  son puramente individuales.


Si no nos expresamos bien, tenemos dificultad en comunicar nuestros pensamientos, deseos, intenciones: nos malinterpretarán.


Hablar de manera sencilla, clara, sin adornos, sin gestos ni tonos exagerados,  sin petulancias, sin desmentir al otro. Todo ello constituye la elegancia y eficiencia en el hablar.


Tener lógica en lo que se dice y cuidar la disposición afectiva: debe gustarnos la conversación con el otro.


Escuchemos a nuestro interlocutor con comedimiento e interés sincero, mirémoslo a los ojos. En la conversación con los demás es muy importante el contacto visual. No hacerlo o realizar otras actividades mientras le hablamos, anulan la efectividad del idioma y cortan la comunicación.


Alimentar la conversación con expresiones de interés, respeto, sin arrebatar la palabra y sin gestos descomedidos.


Evitar palabras inadecuadas como llamar al otro: gordo, torpe, ridículo, bruto, etc.


Todos los seres humanos tenemos diferentes sentimientos frente a la realidad en que vivimos. No somos indiferentes a los hechos ni a las personas.


Por eso, al expresar nuestros pensamientos en palabras, nuestro idioma se carga de afecto, de emoción, deseos, contrariedades, órdenes, etc.


Todo eso lo entiende quien nos escucha, mediante la entonación que tengamos al hablar, mediante los matices de nuestra voz que puede ser áspera, dulce, tierna, suave, enojada, amorosa, etc.


Un lenguaje audible para una buena comunicación:


Nuestro idioma es tanto más correcto cuanto mejor lo hablemos y lo escribamos. En el lenguaje hablado, la pronunciación es esencial para la comprensión del mensaje en una buena comunicación.


Es preciso articular bien todas las letras y palabras, de manera que sean audibles y no ofrezcan ninguna duda en la comprensión de ellas.


Es, igualmente, necesario a la comunicación el enriquecimiento del vocabulario. La pobreza de vocablos debilita la comprensión y hace que el lenguaje sea aburrido y monótono.


A medida que nos comunicamos con los demás, bien sea oyéndolos o leyendo lo que escriben; a medida que les participamos nuestros pensamientos, deseos, anhelos y sentimientos, bien sea hablándoles o escribiéndoles, nuestra inteligencia se desarrolla, hacemos crecer nuestra tolerancia y aceptación de los otros, vamos enriqueciendo el idioma y aprendemos a emplearlo cada vez mejor.


De esta manera la comunicación se hace cada vez más perfecta, y podemos concluir que el idioma es necesario 


al pensamiento, 


al sentimiento, 


a la acción, 


al aprendizaje, 


a la cultura, 


al acercamiento humano


al enriquecimiento espiritual


a la solución de los conflictos