Columnistas

Diálogo interreligioso y paz mundial (2)
Autor: José Hilario López A.
28 de Enero de 2015


Habíamos quedado ennuestra pasada columna en que sin diálogo interreligioso no es posible la búsqueda de la Paz en el mundo

Habíamos quedado ennuestra pasada columna en que sin diálogo interreligioso no es posible la búsqueda de la Paz en el mundo, y que Occidente debería aceptar la manifiesta incompatibilidad del Islam con la secularización, vale decir con el estado laico, base de nuestra civilización y del capitalismo.


Para llegar a entender la cultura islámica hay que empezar por recordar que las democracias liberales nacen en Europa sólo a partir de la Revolución Francesa y de la Revolución Industrial en Inglaterra, ambas en el Siglo XVIII, después de casi 1.800 años de Cristianismo, adoptado por Roma como la religión oficial para su inmenso imperio. Cuando el Islam apareció en Arabia en el año 622, el Cristianismo ya había consolidado una cultura donde se reconocía al individuo como un ser único de la Creación, idea ésta que evolucionó hasta la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, máximo logro filosófico de la Revolución Francesa.


Para llegar hasta este punto de la historia, Europa tuvo que partir por desarrollar concepciones diferentes a las de la Grecia Clásica, donde los derechos del individuo se confundían con la defensa del interés de la Polis: la máxima aspiración del hombre griego, la Areté, era morir joven y cubierto de gloria en la defensa de la Polis. Para el musulmán inmolar su vida en defensa de su religión es también el máximo ideal de su existencia, así como para el japonés el suicidio es la única respuesta del hombre ante la deshonra.


El gran aporte del liberalismo filosófico se basa en la comprensión y respeto a las diversidades étnicas y culturales de la humanidad, incluida la religión, que identifican pueblos y civilizaciones, aunque desde nuestra óptica puedan parecernos primitivas o exóticas.  Las democracias liberales no tienen que ser el modelo para nadie distinto a nosotros los occidentales, mucho menos para los musulmanes, como fallidamente se ha pretendido; como para ilustrar hechos de nuestra época, sobre con mencionar aquí el Panarabismo de Nasser con el apoyo de los soviéticos y el intento de secularización del Sha de Irán, ambos en la segunda mitad del siglo pasado, así como  la invasión de Irakpor EE.UU y sus aliados y  la malograda Primavera Árabe, durante la pasada década.


Es que la realidad no se puede suplantar con discursos, como lo anota Rosa Montero en su reciente columna en el Diario El País de Madrid, ni el Corán es un esperpento, como lo pretendió satirizar CharlieHebdo, ni nuestra biblia es la única verdad o donde todo es creíble para la Modernidad.  No es aceptable la reacción de Occidente,que se dice culto y tolerante, ante lo diferente, a raíz de los recientes atentados yihadistas en Paris: así se piense que la mayoría islámica sea retrógrada, no todos ellos son terroristas. En esta batalla, contra el integrismo,dice la columnista española, podemos escoger entre convivir con los retrógrados islámicos e intentar convencerles, al igual que convivimos con nuestros propios retrógrados, o bien convertirnos en matones de nuestra cultura, golpearnos el pecho como gorilas, sentirnos estúpidamente superiores e ir alimentando con tópicos descerebrados y belicosos la inmensa hoguera de furor que arde en el mundo.


Pero de esta dolorosa experiencia terrorista está saliendo algo bueno, como lo destaca Mario Vargas Llosa en el mismo diario madrileño en su lúcido escrito de la semana pasada, titulado “El Regreso a las Ideas”. El nobel peruano celebra que la sociedad francesa, ante la amenaza fundamentalista, esté reactivando sus raíces democráticas y movilizado inmensos sectores a manifestar su protesta por aquella barbarie y por la defensa de la tolerancia, la libertad, la igualdad, el derecho de crítica y la legalidad, valores que se han visto amenazados con los recientes crímenes del fundamentalismo islámico (y por la reacción de la ultraderecha francesa y de parte del mundo, agregaría este columnista).


¿Será que en Colombia, como en Francia, ahora que nos acercamos a la firma de los acuerdos de La Habana surge también un movimiento por la defensa de lo  diferente y por el respeto a aquellos que consideran que se necesitan cambios profundos políticos y económicos en nuestra sociedad, por las vías democráticas, para avanzar en la búsqueda de laanhelada Paz? En próxima columna discutiré opiniones sobre los orígenes religiosos de las guerras civiles, que desangraron nuestro país durante los dos siglos pasados.