Columnistas

De feria a matadero
Autor: Anibal Vallejo Rendón
27 de Enero de 2015


Las imágenes publicadas por el periódico EL MUNDO en su reportaje gráfico del 10 de enero de 2015 bajo el título de Feria y tradición nos llevan a recordar lo que los animales que por allí han pasado han tenido que soportar.

Las imágenes publicadas por el periódico EL MUNDO en su reportaje gráfico del 10 de enero de 2015 bajo el título de Feria y tradición nos llevan a recordar lo que los animales que por allí han pasado han tenido que soportar, 61 años en una antesala de muerte donde es común el abuso en su manejo, embarque, desembarque, movilización interna, transporte, encerramiento, hambre, sed, separación de las crías, fuete, tábano eléctrico, fracturas, sin escaparse de los toreros improvisados.  Hasta 1890 el ganado mayor se beneficiaba a la orilla de los arroyos o en mangas y los cerdos en casas particulares sin ningún cuidado de ninguna especie. En 1888 se formalizó un contrato entre el Concejo y los señores Ospina Hermanos quienes se obligaron a construir un edificio para matadero público con el privilegio de explotarlo 20 años. Esta es una larga historia donde se referencia la aparición de los que llamaron “matanceros”. Para principios de 1940 la ciudad carecía de un matadero higiénico. En el periódico El Tiempo Joaquín Quijano Mantilla refiriéndose a la Feria de ganado escribió en febrero de 1944: “… Pero como en todas las cosas hay siempre un lado flaco, a mí me causó impresión ver en la feria las partidas de terneritos de pocos días de nacidos, pegados de las cercas de los corrales, mirando a las vacas que los llaman de mil maneras, mientras los negociantes, para demostrar lo lecheras que son, las ordeñan a la vista de los compradores, dejando caer la leche al suelo, para que la madre les parezca más lechera a los negociantes”.  Fue así como el veterinario municipal se dirigió a la Sociedad Protectora de Animales “para rogar a tan benemérita sociedad se sirva intensificar la campaña en favor de los terneros y las vacas lecheras de la feria de ganado y de las reses destinadas al matadero”. No nos vamos a remontar a fechas anteriores cuando se inició el comercio del ganado en la incipiente ciudad y este andaba suelto deambulando por las calles. En 1954, empezó a funcionar la actual feria en la autopista norte. En el mes de septiembre de 1953 ya estaban los niños toreros maltratando el ganado que llegaba semana tras semana a los corrales. En 1955 la Sociedad Protectora de Animales inició la campaña para evitar que continuara el toreo en los corrales e hizo imprimir carteles que fueron fijados en lugares visibles de aquel establecimiento, en los cuales se transcribió el decreto número 217 de 1945, insistiendo en su cumplimiento por parte de las autoridades que debían aplicar multas convertibles en arresto. De qué magnitud serían las contravenciones que para el mes de julio de 1949 en agradecimiento al comandante de policía municipal la Protectora felicitó la intervención del cuerpo armado, un alférez, un dragoneante y 10 guardias encargados de hacer cumplir la norma. Personal uniformado que no alcanzaba para controlar los desmanes. Un cronista taurino se refirió a la anterior feria como: aquella del puente de  la calle Colombia donde pulieron estilos inconclusos pero muy taurinos algunos personajes del espectáculo.


En 1988 a la feria de Medellín llegaba un promedio semanal de 37 reses muertas a causa del transporte, muchas otras quedaban fracturadas, enfermas, maltratadas. Los ministerios de agricultura, obras públicas y salud expidieron la resolución 13078 del 22 de diciembre de 1987 con el objeto de humanizar el transporte de ganado. Cuando a comienzos de 1989 se comenzó a exigir su cumplimiento las protestas de los transportadores lograron suspender su aplicación. El trato digno que estos animales de abasto merecen requiere de procesos de sensibilización que haga menos cruel esta antesala de muerte.