Columnistas

Lo que no sabemos
Autor: Hernán Cárdenas Lince
24 de Enero de 2015


Hay algo muy importante que el pueblo colombiano ignora, al mismo tiempo que tenemos pleno derecho para conocer la información cierta de quién o qué país del mundo le vende armas mortíferas a los guerrilleros de la Farc y del Eln.

Hay algo muy importante que el pueblo colombiano ignora, al mismo tiempo que tenemos pleno derecho para conocer la información cierta de quién o qué país del mundo le vende armas mortíferas a los guerrilleros de la Farc y del Eln. Cada una de esas fuerzas armadas ilegales ha tenido que comprar fusiles, pistolas y ametralladoras originadas en algún país del mundo.


Esas armas de alta tecnología y muy costosas tienen que haberse fabricado en algún país por lo que ha recibido enormes cantidades de dinero que la guerrilla obtiene del narcotráfico y de los secuestros, lo que a su vez es un sucio delito sobre el cual los colombianos deberíamos tener una información sobre sus costos reales que seguramente habrían representado una riqueza efectiva que le habría dado al país progreso social y educativo.


¿Cuántas armas habrán comprado los guerrilleros y cómo han cancelado sus costos? El gobierno colombiano debería gestionar con las Naciones Unidas, con la OEA y con la Corte Internacional todos estos temas. También conviene saber cómo se pagan, por dónde entran y quiénes se lucran de esos aterradores delitos comerciales.


El Ministerio de Relaciones Exteriores conjuntamente con el de Defensa y por nuestra Cancillería nos deberían informar en forma precisa y urgente sobre ese sucio y colosal negocio. Si los acuerdos de paz de La Habana llegan a tener éxito los vendedores de armas rebuscarían otros compradores. Es inexplicable que después de 50 años de conflicto interno no sepa la población colombiana quiénes son los vendedores de esas mortíferas armas, al mismo tiempo que las autoridades mundiales deberían imponer sus órdenes y juicios para que no se presente más esa espantosa situación. Los guerrilleros, al matar soldados o simples ciudadanos, comparten su responsabilidad con quienes fabrican esas armas y también quienes las venden y transportan al campo de batalla.


Sería maravilloso que nuestra excelente ministra de Relaciones Exteriores nos diera claras informaciones al respecto de este fatídico tema y  que los políticos que esperan altos cargos se enteren de esta situación para que no le vendan más armas mortíferas a esos espantosos delincuentes. Esperamos que prontamente recibamos informaciones sobre los orígenes de tales armas y ojalá también saber el valor que por ellas se ha pagado. Con todo ese dinero podríamos mejorar la vida, la salud y la educación de todos nosotros.