Columnistas

Tres absurdos en Par韘
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
20 de Enero de 2015


Con el sangriento episodio sucedido en Par韘 hace poco, se ponen en evidencia tres absurdos, sobre ellos caben unas anotaciones r醦idas.

Con el sangriento episodio sucedido en París hace poco, se ponen en evidencia tres absurdos, sobre ellos caben unas anotaciones rápidas.


Absurdo 1: dos sicarios, de modo cobarde y brutal, armados con fusiles, asesinan despiadadamente a unos periodistas en su sede, mientras gritan las consabidas consignas islámicas. El hecho se proyecta a todos los medios de comunicación del mundo, generando una rápida reacción de repudio. La mayoría de los medios relatan que el semanario  Charlie Hebdo recientemente había publicado ofensivas caricaturas de Mahoma. No comentan muchos de ellos que la práctica usual del semanario en cuestión, además de su islamofobia, incluye la sistemática burla a todos los símbolos y creencias religiosas. El papa, la fe católica, la creencia cristiana y sus símbolos, también han sido el blanco de las violentas mofas de las que obtienen buen tiraje comercial durante años.


Absurdo 2: como resultado del sangriento ataque se movilizan miles en la plaza de la república, afirmando “Je suis Charlie”. La emocional y rápida solidaridad se expresa en el sentido del laicismo activista, no en contra de la radical intención del fundamentalismo islámico: eliminar a los no creyentes e imponer su creencia por medio del terror. Acertadamente algunos hacen la  pertinente aclaración: “Je ne suis pas Charlie”. Por supuesto, hay que expresar la solidaridad contra el terrorismo, pero con razones efectivas.


Absurdo 3: la  común confusión, respecto a la libertad de prensa entendida en los términos occidentales, corresponde en el caso del semanario citado,  a una deteriorada concepción de la libertad. No existe un “derecho a la blasfemia”. En los Estados Unidos sigue viva una antigua polémica: la industria de la pornografía ha triunfado comercialmente amparándose en la primera enmienda, por ello supuestamente la libertad de opinión permitiría a todos el establecimiento de esta industria, sin que las consecuencias derivadas parecieran ser objeto de consideración por quienes legislan. La tragedia de París se relaciona con este hecho, propio de la disolución ética que acontece en la “post-modernidad”.


¿Qué sucede en Francia? Que el islam se va apoderando, por medio del terror, de una nación que ha negado sus raíces cristianas. Comentaba Oriana Fallaci que Marsella desde hace años es una ciudad árabe. El expansionismo islámico -la instauración del  nuevo califato- sobre una Europa derrotada y avergonzada de sí misma, es uno de los grandes hechos sociológicos del momento. Son las consecuencias de un brutal laicismo que ha desvirtuado el sentido de la libertad de expresión al despojarla de su natural vinculación con la decencia, el respeto y la responsabilidad.  El semanario francés, por muchos considerado humorístico, en realidad se ha dedicado a la destructiva crítica de los valores religiosos, no sólo del islam, también del cristianismo. La respuesta del islam, ya lo sabemos, es clara y brutal, no tiene términos medios; la de occidente, en cambio, son las medias tintas, la hipocresía y el “pluralismo” que en realidad tiene algo en común con el islam: no toleran la fe cristiana y han elevado a la categoría de un nuevo dios pagano el  absolutismo relativista y laicista.