Columnistas

La libertad amenazada
Autor: Dario Ruiz G髆ez
19 de Enero de 2015


縋odemos admitir que existe en Colombia una verdadera libertad de opini髇? 緿e que existe en Argentina o Espa馻, en Estados Unidos?

¿Podemos admitir  que existe en Colombia una verdadera libertad de opinión? ¿De que existe en Argentina o España, en Estados Unidos? Traigo de nuevo a cuento la aclaración que hizo hace algún tiempo un periodista español al recordar que bajo el franquismo de antemano se sabía que la censura respondía a unos contenidos políticos específicos mientras en la democracia cuando los grandes medios de comunicación pasaron  a manos de capitales privados la autocensura obedecía en cada medio a los intereses señalados por estos nuevos propietarios según sus objetivos comerciales. ¿De qué tipo de democracia hablamos en estas circunstancias? Es cierto que bajo el dominio de la era digital  la dictadura de esos grandes pulpos ha sido enfrentada con éxito por medios independientes a través de los cuales se han incorporado las distintas voces regionales, el lenguaje de las minorías, la cultura negada,  mientras en los grandes medios esa  autocensura consiste en el recurso a la desinformación, la manipulación de los titulares de la primera página y, soterradamente, la eliminación de preguntas necesarias sobre la pluralidad social y política, sobre, el porvenir de la libertad como lo señaló Camus. O, como acertadamente lo enunció Germán Arciniegas, la necesidad de elegir entre la libertad y el miedo. ¿No ha ido desapareciendo desgraciadamente el periodismo de opinión para caer en el relativismo y la ambigüedad moral de un periodismo decididamente comercial? ¿A quién se le ocurre siquiera mencionar la palabra libertad?


¿Cómo entonces enfrentar con criterio democrático una afrenta a la civilización como lo es el terrorismo? El relativismo moral en la información conduce al conformismo y a la desidia ciudadana, incapaz de reaccionar debidamente, en un momento dado  ante esta afrenta cuyo único objetivo consiste en destruir la solidaridad humana, en debilitar los criterios ciudadanos. Recientemente condenó Maduro a un caricaturista venezolano por mofarse de sus metidas de pata. ¿No hizo lo mismo Correa? ¿Quién protestó y se solidarizó  en nuestros grandes medios de comunicación con estos caricaturistas?  Es esta permisibilidad la que ha permitido, como lo señalaron algunos columnistas que ahora con la espantosa masacre contra los caricaturistas y periodistas de “Charlie Herbo”, acto incalificable de terrorismo, se haya visto como oportunista la  supuesta “solidaridad” de quienes nunca condenaron el terrorismo en Colombia. Cuando desaparece la mediación de la razón, el emocionalismo obnubila la conciencia crítica decisiva en una situación donde, tal como lo recuerda Gabriel Albiac, estamos no en presencia de un acto terrorista aislado sino, nada menos, que en el inicio de una guerra abierta contra la sociedad Occidental y en la cual la permisibilidad y la frivolidad de ciertos medios de información se ha hecho cómplice directa de quienes a través del terror y de las amenazas pretenden acabar con un derecho inalienable de cada individuo a la libertad, a vivir sin miedo.


“Si Francia está hoy en pié es porque murieron policías” ha recordado con energía Francois Holland o sea que han muerto humildes servidores del Estado, uno de ellos musulmán, en su lucha contra la desalmada bestia del yihadismo y para preservar el derecho a pensar libremente que es lo contrario a vivir en las verdades consagradas e instituidas por los poderes o sea a vivir en el conformismo y la mediocridad confundiendo la libertad con la pataleta, con una desvergonzada frivolidad tomada como expresión de supuesta rebeldía.  Pero olvidando que para hablar de libertad y sobre todo del derecho a la libertad es necesario estar todos los días haciéndose libre en la tolerancia que es una actitud que no se puede confundir con la debilidad moral de aceptar a los asesinos.