Editorial

Exceso de confianza
15 de Enero de 2015


“Mientras crece la publicidad contra-militar, aumenta la intensidad de las presiones por el cese el fuego bilateral y la reducción del control estatal a narcotraficantes, bacrim y violadores de los Derechos Humanos”. Del editorial Desconcierto general, EL MUNDO, 07/07/2014

Dos comunicados casi simultáneos emitidos por los grupos guerrilleros Farc y Eln el pasado martes, han puesto de manifiesto cómo la presión hacia el Gobierno para que ceda a la pretensión de un cese bilateral al fuego se ha convertido en una campaña consistente cuya vocería visible ya no son solamente los cabecillas de los grupos armados sino también el llamado Frente Amplio por la Paz, que también el martes -¿coincidencia?- solicitó al Gobierno detener los operativos militares contra los alzados en armas para “no poner en riesgo” el alto al fuego unilateral que ese colectivo de izquierda, por su cuenta, se ha encargado de constatar.


La primera manifestación pública corrió por cuenta del Eln, que en un comunicado difundido en su sitio en Internet “denunció” la falta de voluntad del Gobierno para comenzar una negociación de paz. Fundamentan su juicio en la reacción del presidente Juan Manuel Santos frente al “gran anuncio” de esa guerrilla el pasado 7 de enero, que según sus propias palabras no tuvo la misma efusividad que sí encontraron en el “movimiento social”. No sabemos exactamente qué esperaban los “elenos” tras su vaga declaración de la semana pasada, tan ambigua y anodina que, mediante video colgado en su web a las tres de la madrugada de Colombia, mantuvo a los periodistas y analistas políticos esperando a lo largo del día el comunicado oficial que tantas expectativas había generado. De modo que la falta de efusividad no fue sólo del Gobierno sino de casi todos los colombianos, que esperábamos una declaración concreta en el sentido de vincularse al proceso de paz, pues con el Eln el Gobierno no puede abrir la puerta a iniciar una negociación nueva, sino a que esa guerrilla, hechas algunas consideraciones específicas, se una al escenario de conversaciones existente en La Habana, de modo que el complejo camino que ya se ha recorrido no se tenga que volver a andar.


El segundo anuncio fue un comunicado del máximo cabecilla de las Farc, alias “Timochenko”, quien rechazó las “presiones” que está recibiendo del Gobierno para firmar un acuerdo de paz este año. Esto coincidió con una extensa entrevista que el diario El Espectador le publicó a alias “Pastor Alape”, quien por su lado repitió la diatriba desafiante en el sentido de que el alto al fuego sólo se sostendrá si las Fuerzas Militares no atacan a los guerrilleros.


Las intervenciones son muestras de la clara estrategia de los grupos armados en Colombia para ser considerados pares del Estado y, por ende, con derecho a imponer su agenda y sus condiciones. No sería así si el Gobierno se mostrara firme en la defensa de las reglas del juego en vez de mostrarse vacilante, de tanto en tanto, como cuando señaló en días pasados que ya no procedía la desconexión entre lo que ocurría en la mesa de conversaciones de La Habana y lo que acontecía en el campo de batalla.


A las Farc y al Eln les interesa mostrarse fortalecidas como organizaciones políticas y militares y por eso se entiende que en sus comunicados pretendan dejar claro que son estructuras sólidas, cohesionadas y capaces de mantener la confrontación en el terreno militar. “Timochenko”, en particular, hace énfasis en que no se va a dejar presionar del Gobierno para firmar un acuerdo de paz este año, pero la realidad es que, según las cifras publicadas por el Ministerio de Defensa, cada vez son menos los hombres en armas y cada vez es menor el margen de maniobra, hasta en el ámbito internacional dado el inminente desplome del Gobierno de Maduro en Venezuela. No de otro modo se puede interpretar el súbito afán del Frente Amplio por la Paz, cuya vocera es la exsenadora Piedad Córdoba, para que el Gobierno acepte el cese bilateral al fuego, con el pretexto de que nunca antes en la historia se había registrado una reducción tan drástica en el conflicto como ahora y, de paso, responsabilizar al Estado y a sus operaciones legítimas de un eventual fin de la tregua.


Tal como lo expresábamos en nuestro editorial Sin margen para la ambigüedad, del pasado 7 de enero, tememos que la orquestada operación pro cese al fuego haga cambiar de opinión al Gobierno, pues con ello las guerrillas encontrarían el camino expedito para su segundo gran propósito: el de lograr la convocatoria de una constituyente como supuesto mecanismo de refrendación de los acuerdos. Este mecanismo dejaría sin efecto lo negociado en La Habana, pues por su naturaleza, la voluntad del pueblo soberano como constituyente primario no podría seguir un derrotero prefijado.  La participación en esa Constituyente de responsables de crímenes de lesa humanidad está además descartada. Para nosotros resulta claro que la única manera de hacer frente a las presiones es mantener la negativa al cese al fuego bilateral y la determinación de que el referendo es el mecanismo lógico que le permitirá a todos los colombianos expresar su opinión frente a los eventuales acuerdos que se alcancen en La Habana con las Farc y en el futuro con el Eln.