Columnistas

El aula de clase
Autor: Pedro Juan González Carvajal
13 de Enero de 2015


Que el estudiante conozca el contenido que se va a ir desarrollando facilitará los procesos de lectura e investigación asociados a las actividades magistrales.

Mis treinta y cinco años como profesor de cátedra de varias universidades y distintos niveles, son necesarios pero no son suficientes para contestar adecuadamente la inquietud de una persona cercana que quiere comenzar a dar sus primeros pinitos como docente de cátedra universitario.


Y es que para ser un buen docente,  varias partes deben intervenir: la primera, el docente, debe ser idóneo en algún área de conocimiento, y debe sentir pasión por lo que hace, que además es bueno que le guste. Debe tener a la mano y de manera sistematizada el conocimiento y experiencias acumuladas, de modo, que si es del caso, le sirvan como soporte y refuerzo ante el desarrollo de los diferentes temas. Además debe estar permanentemente, como una esponja, captando aquella información que le permitirá asegurar su vigencia como profesional y como docente en términos de actualización. La Institución debe contextualizar al docente alrededor del programa, el área de conocimiento y el curso a dictar, con el fin de que sepa correlacionar y navegar por el currículo general, identificando quien le aporta qué y a quien le aporta su curso.  Obviamente le debe dar a conocer el marco filosófico institucional, el perfil profesional y laboral  a potenciar, y determinar, en caso de existir, el factor diferencial y el valor agregado que se posee. Así mismo, reforzar los criterios didácticos, pedagógicos y académicos que permitan fortalecer la labor docente.


Antes de entrar a la primera sesión se debe ser consciente por parte del profesor que pueden existir 5 tipos de reacciones de los estudiantes al momento del  desarrollo de la temática, partiendo del principio de que nada es verdad absoluta y que menos aún, alguien es el poseedor de alguna verdad. Es posible que a nivel magistral lo que uno diga coincida con lo que piensa el estudiante, lo cual es un  verdadero gol pues se motivará y le servirá para fortalecer su criterio. Es posible que lo presentado no coincida con la forma de ver el mundo del estudiante, lo cual también es un gol, puesto que le permitirá reforzar desde otras orillas su propio criterio. Puede que lo enunciado parezca díscolo, lo cual servirá para desarrollar el atributo deseado de la tolerancia. Es posible también que  al estudiante le importe un pito lo planteado, y por último, que el estudiante jamás sepa, a lo largo del curso, de qué es lo que se está tratando.


Ya en la sesión de clase presencial, (luego hablaremos de las modalidades a distancia y virtual), se da inicio a la verdadera relación entre estudiante y docente. Como en cualquier actividad humana, en el primer instante se generará química o no entre ambos y le corresponde al docente percatarse del asunto para facilitar la interacción entre las partes. El saludo protocolario debe incluir la presentación breve de la hoja de vida del docente y las intenciones institucionales con el programa y el curso. Se deben poner sobre la mesa y en el mismo instante las reglas de juego enmarcadas por el respectivo reglamento académico y/o estudiantil, sobre todo en lo que tiene que ver con los deberes y derechos tanto de estudiantes como de profesor y el tipo y proporción de las distintas evaluaciones alrededor del seguimiento, la investigación y la recepción de información.


El desarrollo del tema deberá ir previamente planificado de acuerdo con los medios y las mediaciones pedagógicas más adecuadas para que el contenido pueda ser entregado de forma amable, clara y motivadora.


Que el estudiante conozca el contenido que se va a ir desarrollando facilitará los procesos de lectura e investigación asociados a las actividades magistrales.


Cada sesión de clase es un nuevo encuentro que debe incluir saludo, resumen breve de lo visto en la clase anterior y objetivo de la nueva sesión.


Hay que recordar que en el aula no solo se “entregan conocimientos” sino que se va esculpiendo la mente del estudiante y que tanto el proceso formativo como el instructivo deben ir entrelazados íntimamente, acompañados del ejemplo permanente.  


Finalmente recordemos que el buen profesor es aquel que logra formar alumnos que lo superen.