Columnistas


La doble moral
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
11 de Enero de 2015


El presidente Santos apareció en todos los medios condenando el atentado terrorista contra el semanario francés Charlie.

El presidente Santos apareció en todos los medios condenando el atentado terrorista contra el semanario francés Charlie, en el que tres sujetos, a nombre, fraudulentamente, del Islam, asesinaron a 12 personas, entre periodistas – caricaturistas y policías. Estaban vengando a su religión, dijeron, que había sido, según ellos, irrespetada por el hebdomadario en mención. Dijo nuestro primer mandatario que se trataba de una violación de los derechos universales. El periódico El Tiempo, por su parte, sacó, al día siguiente de la masacre, su portada en negro, simbolizando el luto que este atentado había representado para la libertad de prensa y de expresión, y se unió, junto con otros medios, a la campaña Je suis Charlie (Yo soy Charlie) que se originó en Francia.


Los terroristas fueron abatidos el viernes. Después de este atentado, otro individuo que se reclamaba musulmán se tomó un supermercado judío, acción que culminó con la muerte del asaltante y cuatro inocentes. 


Todo ser humano con un mínimo de conciencia se tiene que solidarizar con estos dos trágicos sucesos. La libertad de expresión es el fundamento de la democracia y la vida de los comunicadores es sagrada. Como también lo es la de los muertos en el supermercado francés, que no ha sido lamentada, que yo sepa, ni por Santos ni por El Tiempo.


Pero hay una contradicción odiosa en la posición del presidente y del diario capitalino. Los terroristas colombianos han asesinado y siguen matando o amenazando de muerte a decenas de miles de colombianos –uno de ellos, el dirigente sindical de Urabá Albeiro Franco por las Farc esta semana, a pesar de que se encuentran en tregua por ellos declarada-  sin que el gobierno castigue con rigor a los perpetradores. Por el contrario, intenta justificarlos y les diseña una ley a la medida para que éstos no paguen ni un día de cárcel, avanzando, además,  en estrategias para que puedan participar en política y lavar sus enormes fortunas, fruto del narcotráfico y la extorsión. 


¿Cómo puede condenar un presidente una violación de los derechos universales de los franceses y guardar silencio y convertirse en cómplice de los delitos de los mayores generadores de víctimas en Colombia, quienes acumulan miles de delitos de lesa humanidad contra nuestras gentes? 


Yo, por supuesto, soy Charlie, pero también soy Freddy Chaverra, Benjamín Palacios, María Ubertina Martínez  y las otras 117 víctimas de las Farc en Bojayá en 2002; yo soy cada uno de los 39 muertos del atentado contra el club El Nogal en el 2003; yo soy Rufino Varela, Carlos Barragán  y los otros diputados del Valle secuestrados y asesinados por las Farc, en el 2007; yo soy cada uno de los civiles (11) y policías (40) muertos en la toma de Mitú (1998), y soy cada uno de los militares asesinados en la toma de Las Delicias (27)  (sin contar por supuesto a los secuestrados en ambas acciones). También soy cada uno de los miles de colombianos muertos por acción de las minas antipersona sembradas por las Farc; soy cada uno de los centenares de indígenas dados de baja por esa guerrilla. En fin, yo soy cada uno de los muertos que esa guerrilla ha causado.


Por la manera como Santos  ha manejado esta negociación, lo que queda claro es que el presidente no es ninguno de ellos. Las víctimas de los terroristas internacionales parecen más importantes que las de sus pares colombianos para el gobierno. De hecho, todo parece indicar que aceptarán el cese al fuego bilateral que piden las Farc. Ya dijo Santos que éstas habían cumplido y que discutirían tal tema. 


Causa indignación. Obsérvese que los asesinos franceses justificaron su injustificable y  pérfida acción por motivos religiosos. Pero ¿de qué podrían acusar las Farc a sus incontables víctimas? De nada. Estas no las han ofendido, simplemente han estado ahí. Pero a los ojos del gobierno, eso no importa. De lo que se trata es de lavarle la cara al principal victimario del pueblo colombiano y de aceptar, por la puerta de atrás, sus condiciones, negando lo que van a hacer, el cese al fuego bilateral.


¿Y qué decir de la doble moral del diario capitalino? Luto por los periodistas muertos franceses, lo cual está muy bien. ¿Pero cuando se han puesto de luto por una de las masacres contra los colombianos?


No hay derecho.