Columnistas

Salvajismo y la crueldad humana
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
9 de Enero de 2015


Aseguran los taur骹ilos que la sociedad actual es m醩 sensible, que ha humanizado a los animales por la persistente influencia de Walt Disney y que por lo tanto, nos faltan razones poderosas y culturales para aceptar y comprender su fiesta brava.

Carlosmauricio.jaramillog@gmail.com


Un poco más de un mes pasó entre la columna escrita por Aura Lucía Mera intitulada “A pelear la Santamaría” (El Espectador, diciembre 01/2014) y las vergonzosas imágenes en las que aparece una caterva de criminales asesinando un toro a botellazos, puntapiés, pedradas y puñales en la corraleja de Turbaco. A todo este salvajismo lo llaman “arte sublime” y,  para terminar de cañarnos a los que desdeñamos toda esta brutalidad, los aficionados a esta crueldad humana utilizan eufemismos para referirse al toreo como “ballet indescriptible”.  


Ya veremos a los Caballero, los Rincón, los Molanos, la misma Mera y demás  “intelectuales” de este país que se regodean en los tablados de las plazas de toros, salir con sus plumas “finísimas” en defensa de tan grotesco espectáculo.   Estos, lo señalados anteriormente consideran que quienes no aceptamos estas prácticas atroces, somos una “casta” de patirrajados, ignorantes de la historia y el origen del toreo, “bichos” sin cultura que no entendemos en lo más mínimo el arte por el solo hecho de que prestigiosos escritores como Savater, Vargas Llosa, Góngora, Quevedo, Nicholas Fernández de Moratin, Lorca y Alberti, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Antonio y Manuel Machado, Gerardo Diego, Chaves Nogales, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, Américo Castro, José Bergamín, Camilo José Cela, y tantos otros han dado rienda suelta a la defensa del toreo a través de sus versos y cuartillas.


Quienes asisten y defiende a ultranza este macabro y dantesco espectáculo se apalancan en que si desapareciera la fiesta brava, con ella desaparecería el toro de lidia y, que una vez desaparecido este, también desaparecerían, según la columnista Mera “enormes extensiones de páramos y llanuras, terminado de acabar con reservas naturales que le dan  oxígeno al  planeta” (sic).  ¡Esto sí  que es una verdadera tragedia intelectual y cultural!  ¿Cuál será la relación ambiental y ecológica entre la persistencia de un páramo y una llanura ante la presencia de un toro de lidia?  ¿Cuál es la relación intra o interespecífica entre el bruto y los dos  ecosistemas citados? ¿La producción de oxígeno estará ligada a que sobreviva una especie animal?


Que los taurófilos no nos crean tan caídos del zarzo como para caer en semejante vaguedad. De lo que estamos seguros, quienes nos resistimos a dicho “espectáculo artístico y cultural”, es que lo que estaría en peligro sería un negocio de miles de millones de pesos de unos pocos, que venden la idea de arte y cultura a través de este salvajismo, brutalidad y lentejuelas.


La España que nos colonizó, saqueó y ultrajó nos impuso una pseudocultura de la que se ufana una “inmensa minoría” como se denominan sus defensores, la misma  que imponen a través de prácticas abyectas y clasistas, y que consideran todo un patrimonio histórico y cultural el hecho de asesinar toros, llamar maestro a su  asesino y aplaudir al puntillero.  Valiente séquito de “valientes”.  


Aseguran los taurófilos que la sociedad actual es más sensible, que ha humanizado a los animales por la persistente influencia de Walt Disney y que por lo tanto, nos faltan razones poderosas y culturales para aceptar y comprender su fiesta brava.  ¡Habrase visto tamaña estupidez!


Antes de que los taurófilos me piquen, me pongan banderillas y me claven la espada hasta la empuñadura, remataré con esta frase: “No se  puede hacer del sufrimiento ajeno (no consentido) un espectáculo de goce estético”.  ¡Y oleeee!