Columnistas

¿Pacto del fusil?
Autor: Jorge Mejía Martinez
7 de Enero de 2015


Tenía que ser alguien de afuera quien nos recordara la valía de vivir sin guerra, sin confrontación armada.

jorgemejiama@gmail.com


Tremendas frases las de Fabrizio Hochschild, Jefe de la Misión de la ONU en Colombia, hablando del conflicto y del proceso de paz: “Se subestima lo terrible que es el conflicto de cada día y se menosprecia el gran valor de la paz” y “El conflicto es el mayor sapo que han tragado los colombianos”. Tenía que ser alguien de afuera quien nos recordara la valía de vivir sin guerra, sin confrontación armada. Estamos tan acostumbrados a los titulares de los medios de comunicación, siempre encabezando con las noticias de violencia durante más de 50 años, que no concebimos el mundo de otra manera. Se podría decir que es la generalización de la postura del fatalista y del pesimista, al mismo tiempo que en el planeta nos reconocen como uno de los países más felices del mundo (el segundo, 9 de cada 10 colombianos decimos ser felices, El Tiempo 2015-1-4). Tremenda paradoja que, para un optimista, indicaría que en Colombia cabe la posibilidad de ser más felices todavía.


Ante la opción de la paz, para la cual los acuerdos de La Habana son un importante paso, muchos prefieren vociferar y cruzar los dedos para que no se cristalice. Más que el interés general, prima el político, por cuanto sus proyectos partidistas se nutren de lo que las mayorías quieren derrotar: la violencia como un recurso para hacer política. Sin que ello quiera decir que los opositores al proceso de paz, sean violentos o enemigos a ultranza de la paz; quieren su propia paz. Es una explicable mirada con arraigo social. Pero la paz que tenemos cerca, no parece ser su prioridad.


Reflexión similar cabe para las expresiones descalificadoras, con matices, de algunos amigos concejales (Jesús Aníbal Echeverri, Luis Bernardo Vélez) o voceros de sectores de opinión (Luis Fernando Quijano) ante las cifras de homicidios con que termina el año 2014 en Medellín -El Colombiano 2015-01-03-. Poco les satisface que la ciudad haya finalizado el 31 de diciembre con la tasa más baja de asesinatos en los últimos 35 años: 26 homicidios por cada cien mil habitantes. Hace tres años la tasa era 69. Que si, que no, pero… no les cabe a estas personas valorar lo significativo que es haber pasado de 1.649 casos a 653 en tan solo 36 meses. ¿Qué habrá más importante que la preservación de la vida


Para minimizar los resultados, se recurre a sobredimensionar el famoso “pacto del fusil” o acuerdo de no agresión entre delincuentes, cuya posible existencia nadie ha desconocido, empezando por el alcalde y la comandancia de la Policía Metropolitana, quienes no cesaron en el afán de perseguir con más fuerza la delincuencia organizada. Ahí están las cifras, elocuentes. Sin cerrar los ojos ante otras modalidades delictivas preocupantes como el robo, el atraco, la extorsión. Mano dura.  


Pero el argumento del pacto delincuencial para explicar la caída de los homicidios es totalmente deleznable. Los mismos críticos consideran que el llamado “pacto del fusil” se produjo en julio de 2013 en algún lugar del municipio de San Jerónimo. Sin embargo, las cifras de reducción de los asesinatos en Medellín vienen consistentes desde el 2012.  Es imposible establecer esa relación, como causa y efecto. Porque además, ese argumento tendría que ser esgrimido para explicar la importante caída de homicidios en ciudades con altos niveles de violencia y actores muy distintos a los que actúan en Medellín, como Cali, Cúcuta y Santa Marta. Peor aún si intentan explicar el mayor descenso de homicidios en los últimos 30 años, ocurrido en Colombia en 2014.