Columnistas

En las calles de Medellín
Autor: Iván Guzmán López
30 de Diciembre de 2014


Al parecer, la ausencia total de los agentes de Transito en la vía pública, invita a la comisión de toda clase de infracción a las normas de tránsito.

ivanguzman790@gmail.com


Sin duda, esta época de Navidad y fin de año, invita al recogimiento, el descanso, la meditación y la lectura.  Estos sustantivos, que deberían ser el pan nuestro de cada día, si duda se toman nuestro espíritu, y por tal cosa buscamos un lugar apacible y un libro adecuado. Sentado a la mesa de un negocio “tranquilo” en un céntrico bulevar (un tipo de avenida ancha y arbolada), releo con fruición el delicioso libro, Rey Jesús, de Robert Graves, el gran londinense  que se consideraba esencialmente poeta, no obstante ser el autor de novelas tan exitosas como: Yo Claudio y Claudio el dios (1934), El vellocino de oro (1945), mi citado Rey Jesús (1946), La isla de la imprudencia (1952), La diosa blanca (1948), a más de numerosas compilaciones de mitos griegos y hebreos.


Entre párrafo y párrafo (no, entre trago y trago, como dice el tango de Ignacio Corsini y como hacen algunos “cristianos”), levanto la mirada. Y lo que gano en ello es perturbar mi tranquilidad y mi gozo. ¡Ay! ¿Qué veo? Exactamente debajo del semáforo en verde, un taxista para a una señora;  en la misma vía, al costado izquierdo, un hombre con apariencia de “mula” por su extravagancia en el vestir, deja estacionado su lujoso carro al lado del semáforo, se baja a tomar una cerveza y ni siquiera le importa dejar la puerta del conductor totalmente abierta. Pasa un Ssang Yong, con música estridente e insoportable. Al parecer, la ausencia total de los agentes de Transito en la vía pública, invita a la comisión de toda clase de infracción a las normas de tránsito. El resto de los peatones y ciudadanos padecemos al infractor, aún atentando contra la vida, porque, según se dice, Medellín tiene un sistema inteligente de movilidad y será la fotomulta la que dé buena cuenta (¡$!) de la mulita o el taxista, en este caso.


Continúo algo perturbado con mi lectura, y de pronto un sonido metálico e intimidador llama mi atención: son tres jóvenes de escasos 19 años, machetes en mano, que se han instalado al pare del semáforo y  hacen demostración del uso inadecuado de estos instrumentos de labranza, haciendo apología de las riñas de fonda, que tan magníficamente describe nuestro amigo Agustín Jaramillo Londoño, en su Testamento del paisa.  


Trato de concentrarme en mi lectura nuevamente, pero  en un lapso de 10 minutos aparecieron con insistencia lamentable tres lustrabotas con traje de mendigo y cara de no pocos amigos, a la par que cuatro indigentes pidiendo “una ayuda” (como si yo fuera el secretario de Bienestar Social), de entre ellos, dos en la más absoluta indigencia y cantando a gritos su soledad y su abandono. Hacia las 11 de la mañana se agudizó el caos vehicular, y lo que yo consideraba un bulevar tranquilo, trocó en un pandemónium de voces, pitos, indigentes limosneros e infractores del tránsito. Entonces recordé que tenía conmigo la edición 1702 de la revista semana, y releí: “en Medellín, las horas pico se han extendido a casi todo el día, y los “tacos” en El Poblado son el pan de cada día. El Problema ha llegado al punto de que el alcalde Aníbal Gaviria ha calificado la situación de alarmante”.  


Trato de continuar con mi lectura: “…Los comentadores, al referirse a Jeshu-ha-Notzri (es decir, Jesús) mencionan el reino malvado de Edom, puesto que ésa era su nación…Lo colgaron la víspera de una Pascua… Estaba cerca del Reino  (es decir, en orden de sucesión). Balaam el baldado (es decir, Jesús) tenía 33 años de edad cuando Pintias el Ladrón (es decir, Poncio Pilatos) lo mató…Dicen que su madre descendía de príncipes y gobernantes, pero andaba con carpinteros”.    


Finalmente, me levanto, y me voy con mi Semana 1702, mi espléndida novela Rey Jesús y mi espíritu de recogimiento, descanso, meditación y lectura, a otra parte.


Puntada final: se acabó el año, y nunca comprendí a Jorge Pérez Jaramillo, director del Departamento Administrativo de Planeación de Medellín, cuando decía que Medellín era una de las ciudades históricamente mejor planeadas de América. Incomprensible, si hoy tenemos una ciudad cuyas laderas, incluyendo las del Poblado, no soportan una vivienda más; ahora está llena de agujas en barrios como Robledo, Castilla, Doce de Octubre, Laureles, Boston y pare de contar; el Centro  es intransitable por el cierre de Carabobo y Bolívar, y es plaza abierta para todo tipo de manifestación delincuencial, no obstante la cacareada promesa de intervenirlo, hace dos años. El corredor del río y zonas verdes como la aledaña a la Plaza Minorista son espacios donde ocurren las cosas más horrendas que Medellín, con su cosecha de premios, no puede mostrar. ¡Incomprensible, amigo arquitecto!