Columnistas

Un poeta y los animales
Autor: Anibal Vallejo Rend髇
30 de Diciembre de 2014


Cre韆 en la libertad del hombre, en su dignidad y, sobre todo, en su responsabilidad ante los dem醩 seres de la creaci髇, hombres y animales.

El poeta y escritor alemán Ernst Wiechert en todas sus obras hizo una defensa apasionada de las virtudes fundamentales del hombre frente a la deshumanización producida por una seudocivilización cada vez más artificial y materialista. Creía en la libertad del hombre, en su dignidad y, sobre todo, en su responsabilidad ante los demás seres de la creación, hombres y animales. Consecuente con sus ideales, Wiechert hizo oír su voz libre y profundamente humana en medio de la opresión y de la barbarie. Sufrió persecuciones y encarcelamientos, pero el régimen tiránico no pudo acallarlo. Su libro El bosque de los muertos, escrito en el campo de concentración de Buchenwald, es uno de los testimonios imperecederos de la resistencia alemana contra el nazismo. Después de ser liberado, con su salud quebrantada, siguió trabajando incansablemente por la causa de la humanidad y de la comprensión universal y se transformó en uno de los grandes líderes espirituales de la juventud europea.


El poeta murió a fines de los años 50  y en su última nochebuena  en lo que fue su sermón de navidad para los animales escribió: “Mis humildes amigos, quiero hablaros en esta nochebuena. Por todas partes los hombres celebran alegremente el nacimiento del Señor, pero no se acuerdan de vosotros. Y sin embargo vosotros los animales estuvisteis allí cuando sucedió el milagro, cuando el amor de Dios se hizo carne y su luz eterna se derramó sobre la Tierra…  ¡Qué no daría por ser un mago en esta nochebuena para llegar a vuestras moradas en el bosque y bajo la tierra, para hablaros en vuestra lengua y ofreceros la paz y el consuelo que anheláis lo mismo que nosotros! Quisiera cubrir con miles de velitas el más alto de los pinos del bosque para celebrar la navidad con vosotros, mis amigos olvidados. Os diría: esperad, mis hermanos. También los hombres, en el fondo de nuestros corazones, tenemos ansias de paz. Llegará el día en que estaremos cansados de odiar, cansados de perseguir, cansados de matar. Llegará el día en que despertaremos de nuestra pesadilla, en que nuestros ojos aprenderán a mirar con cariño y nuestras manos, a trataros con ternura.  Cuando llegue ese día, compartiremos con vosotros no sólo el pan, no sólo la tierra, no sólo el dolor, sino también el cielo, aquel cielo con el que siempre soñamos. Esperad, mis hermanos olvidados, y recordad la vieja leyenda oriental que dice: soñaba que estaba en el cielo, de pronto vi llegar un pie, nada más que un pie. Y un ángel me dijo: el hombre a quien pertenecía ese pie era malo y pasó al infierno. Pero un día, ese hombre malo con ese mismo pie había acercado un balde con agua a un camello sediento.