Columnistas


Tercera vía ¿Marxista o listiana?
Autor: Guillermo Maya Muñoz
29 de Diciembre de 2014


La élite colombiana perdió el tren de la historia y se pegó de los intereses norteamericanos-europeos, que no son necesariamente los nuestros.

La economía política nacional propuesta por Federico List no fue desconocida para el también alemán Carlos Marx, en cuya opinión, el sistema proteccionista propuesto por List, “pone en manos del capital de un país las armas para hacer frente a los capitales de otros países; vigoriza la fuerza de aquel capital frente al capital extranjero” (Marx, 1847, “Los proteccionistas, los librecambistas y la clase obrera”). Sin embargo, Marx no está de acuerdo con la protección sino con el libre cambio, porque éste “acelerará la revolución social, señores”.


Marx en 1845 elaboró un “borrador” sobre el libro El Sistema Nacional de F. List (1841), no solo disputando la originalidad de sus ideas, en relación a que François Ferrier, un funcionario napoleónico, ya se había  orientado en igual dirección, sino también criticando el hecho de que lo que quería la burguesía alemana era aislar a Alemania de la competencia con Inglaterra, de los “valores de cambio”, y someter a su población trabajadora a precios altos en las manufacturas, que irían a engrosar las ganancias de los industriales alemanes:


Decía Marx: “Dado que la burguesía ahora espera llegar a ser rica, principalmente a través de “aranceles de protección”, y dado que los aranceles de protección la pueden enriquecer sólo en la medida en que no lo hagan los ingleses, sino la burguesía alemana, que explotará a sus compatriotas. La verdad es que ellos serán explotados aún más de lo que eran explotados desde el exterior” (Marx. 1845, Borrador de un artículo sobre el libro Sistema Nacional de Economía Política de Friedrich List).


Los aranceles proteccionistas significan precios más altos a los consumidores locales, y perjudican sobre todo  a “los trabajadores que van a ser sustituidos por las máquinas, a todos aquellos que tengan un ingreso fijo, como los funcionarios, los beneficiarios de la renta del suelo, etc”. Finalmente, Marx arriba al quid del asunto: “Es pura casualidad que A hace el sacrificio, pero B pone el sacrificio en su bolsillo” (Ibid: 275). Es decir, los capitalistas explotan a los trabajadores con la protección de la industria nacional.


Estos argumentos de Marx son muy parecidos a los argumentos de los economistas contemporáneos, Anne Krueger, Gordon Tullock, etc, que califican las políticas industriales como políticas que favorecen a los empresarios rentistas sobre los consumidores, buscando la protección arancelaria, y que, al contrario de List, recomiendan someter las economías a la libertad de mercado para que haya ganancias de eficiencia que se trasladen a los consumidores, quienes deben ser los verdaderos beneficiarios de los proceso de apertura.


Por otro lado, Marx se burla del argumento de las fuerzas productivas de F. List: “Si su vacuidad intelectual es más productiva que su abundante actividad intelectual, entonces su vacuidad intelectual es una fuerza productiva, etc, etc. Si la monotonía de una ocupación lo hace a usted más adecuado para la ocupación, a continuación, la monotonía es una fuerza productiva”.


En resumen, Marx no entendía la importancia del estado nación, como fuerza productiva al servicio del capitalismo, y también de las masas trabajadoras. En el prólogo a la primera edición de El Capital (1867) afirmaba que “aunque una sociedad haya encontrado el rastro de su ley natural con arreglo a la cual se mueve (…) jamás podrá saltar ni descartar por decreto las fases naturales de su desarrollo Podrá acortar y mitigar los dolores del parto”. Posiblemente esta afirmación pudo parecer convincente en la época de Marx, con cierta fatalidad, pero no hoy, después de la intervención incesante del estado en la economía como fuerza transformadora e innovadora, empezando por el mismo List.


Igualmente, Marx tenía la fórmula para los países menos desarrollados: “Los países más desarrollados no hacen más que poner delante de los países menos progresivos el espejo de su propio porvenir”. Sí, pero, solo el espejo. Para llegar allí se necesita visión estratégica y ganas de hacerlo.  


Michael Lind (1998, Marx, Smith-Or List?, thenation.com), ensaya una repuesta a la oposición de Marx a List, en términos de que List representa una amenaza a las aspiraciones revolucionarias de Marx, en tanto List ofrece una salida reformista, políticamente factible:


“Por razones obvias, Marx vio la filosofía de List como una grave amenaza. Si List tenía razón, los estados nacionales fuertes podrían controlar la velocidad y el grado de su propia entrada en el mercado global. Si List tenía razón, los estados nacionales también fuertes podrían aminorar el conflicto de clases dentro de sus fronteras por medio de reformas sociales inteligentes. Y si List estaba en lo cierto, la dinámica del capitalismo industrial no eliminaría inevitablemente el Estado nacional y produciría una revolución global de abajo hacia arriba”


La realidad histórica probó que List estaba en lo correcto, mientras Marx no: “Casi nadie en la izquierda de hoy cree que la idea de la reforma social a nivel nacional es una ilusión de “nacionalistas burgueses” esperando tontamente para retardar el apocalipsis capitalista y el milenio socialista. La premisa de la crítica izquierdista y liberal a la globalización de hoy es Listiana, no marxista: los gobiernos nacionales deberían ser capaces de regular las condiciones en que sus naciones se involucran con la economía mundial.


Además, “la premisa de los defensores y extensores del estado del bienestar también es Listiana, no marxista: los programas nacionales de redistribución y promoción del capital humano realmente pueden aumentar la igualdad social dentro del Estado-nación. Los izquierdistas democráticos de hoy son realmente listianos, aunque no hayan oído hablar de Friedrich List”. La tercera vía es listiana.


La élite colombiana perdió el tren de la historia y se pegó de los intereses norteamericanos-europeos, que no son necesariamente los nuestros: productores de bienes primarios y soberanía nacional sometida a sus intereses. Una élite mediocre, un paisito mediocre.