Editorial

La defensa de la Universidad (1)
22 de Diciembre de 2014


La autonomía no es garantía de inmunidad para los universitarios que traicionan su ser cuando filan con extremistas, prohibiendo el libre examen, fundamento de la búsqueda de la verdad y el conocimiento.

La naciente preocupación de ciudadanos y autoridades por la educación superior ha facilitado el descubrimiento de varios de los serios problemas que limitan a las universidades públicas y privadas. En las instituciones estatales son recurrentes los relacionados con la disciplina, la continuidad académica y la infiltración de grupos extremistas. En las privadas, se han demostrado corrupción e insuficiencia de la infraestructura y la planta docente. Esas deficiencias son más notorias por decisiones judiciales y legislativas que ameritan, cada una, análisis a fondo que realizaremos en dos capítulos, el primero con la revisión a las decisiones penal, y disciplinaria, el caso que involucra a un profesor de sociología de la Universidad Nacional de Bogotá. 


La discusión sobre la condena del Tribunal Superior de Bogotá contra Miguel Ángel Beltrán (a. Jaime Cienfuegos) exige de universitarios, autoridades judiciales, organismos de control y medios de comunicación, una autocrítica dolorosa pero necesaria, que debe conducir a garantizar la primacía de principios sagrados de la educación superior, como la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, al igual que de indeclinables valores democráticos, como la libertad de pensamiento y expresión. 


Los procesos disciplinario y penal contra el fariano Miguel Ángel Beltrán, a. Jaime Cienfuegos, son un hito en la historia de la infiltración guerrillera y paramilitar a las instituciones de educación superior, ataque que inició con la creación de los grupos armados de extrema izquierda y su búsqueda de adeptos y militantes. La sociedad lo toleró con el pretexto de respeto a la autonomía universitaria y a las libertades fundamentales de cátedra y expresión, exigibles cuando de ellas no se abusa hasta la tiranía de una sola visión y forma de pensar, que es lo que hicieron quienes hablan, piensan y actúan como guerrilleros, así no porten pasamontañas, brazales o fusiles que los certifiquen como tales, como el fariano Cienfuegos. Los universitarios toleraron esas expresiones gracias a cierta complacencia de los pensadores liberales con la izquierda o por temor a enfrentar a poderosos grupúsculos que coparon los espacios de deliberación y participación negando los derechos de sus contradictores. A pesar del daño infligido por esos sectores a las universidades, tampoco es admisible el fenómeno de contracorriente representado por profesores y alumnos aliados a los paramilitares, quienes no lograron seducir el alma universitaria o no pudieron tomarse el espacio ya tomado por la extrema izquierda.


El proceso contra alias Jaime Cienfuegos es representativo. En la confirmación de la destitución e inhabilidad por trece años para ejercer cargos públicos, la Procuraduría concluyó que “prestaba sus conocimientos, su cargo, sus influencias como docente y servidor público para colaborar subordinadamente con el grupo armado de las Farc”. La sentencia es fruto del análisis a una USB decomisada por las autoridades mexicanas que en mayo de 2009 lo detuvieron y deportaron a Colombia, para que respondiera por el delito de rebelión. De igual manera, el contenido de este dispositivo, especialmente textos elaborados para los jefes de las Farc de los que la defensa del sociólogo no pudo explicar origen y finalidad- y comunicados tras la muerte de alias Raúl Reyes, fue base para que el Tribunal Superior de Bogotá acogiera la apelación presentada por la Fiscalía General de la Nación contra la decisión del Juzgado Cuarto Penal de Bogotá, que en 2011 había ordenado la libertad de quien ha sido profesor de la Universidad Nacional durante ocho años, de los cuales ejerció tres como catedrático y disfrutó tres más como estudiante en comisión y dos como beneficiario de una licencia concedida por las autoridades académicas de su facultad.


La defensa formal de alias Jaime Cienfuegos ha estado a cargo de su abogado; la informal es liderada por una red de profesores y alumnos que empieza en las aulas de la Universidad Nacional de Bogotá y se extiende a redes internacionales que le exigieron a la Rectoría desatender la decisión disciplinaría de la Procuraduría y que pretenden convertir el principio de autonomía universitaria en garantía de extraterritorialidad para quienes pretenden usar los claustros como guaridas. La autonomía no es garantía de inmunidad para los universitarios que traicionan su ser cuando filan con extremistas, criminales y terroristas, prohibiendo el libre examen, fundamento de la búsqueda de la verdad y el conocimiento. Los pasos de la Procuraduría y el Tribunal de Bogotá en el proceso contra alias Jaime Cienfuegos es pionero, y ojalá no el único, en defensa de la universidad pública.