Columnistas

Navidad y Libertad de Cultos
Autor: David Roll
20 de Diciembre de 2014


Se supone que en una democracia la libertad de cultos se da por entendida. Sin embargo esto en Colombia sólo existe en nuestra Constitución desde 1991.

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Se supone que en una democracia la libertad de cultos se da por entendida. Sin embargo esto en Colombia sólo existe en nuestra Constitución desde 1991. En 1936 ya se había hecho un proceso de secularización oficial en la Constitución, con el liderazgo de Alfonso López Pumarejo, quien siendo católico, como casi toda Colombia lo era, le parecía oportuno separar a la Iglesia del Estado. ¿Qué significado tienen en nuestra democracia otras religiones que no celebran Navidad, como los judíos o musulmanes, o que la celebran de otra manera, como las iglesias cristianas? La respuesta es que son parte integrante de la sociedad, pero no siempre fue así y en estos tiempos en los que la Navidad es sinónimo de consenso hay que recordar como en otros tiempos fue de exclusión. Es una conquista por rememorar en esta época del año también.


Como en toda América Latina, y para ello vale la pena leer el libro de Aguines “La gesta del marrano”, en Colombia los judíos también habían sido perseguidos durante la colonia. Muchos de ellos optaron por el criptojudaísmo, o sea practicar la religión católica en público y su religión ancestral judía en secreto, como se había hecho en España después de la expulsión de los judíos por parte de los reyes católicos y en Portugal años después cuando se dio la misma situación. Enrique Serrano, el más reconocido escritor colombiano en temas de historia universal convertida en literatura o novela histórica, en su magnífico libro “Donde no te conozcan”, cuenta justamente como oleadas de esos judíos aprovecharon el descubrimiento de un nuevo mundo para huir de las persecuciones religiosas e instalarse, conversos o criptojudíos, en estas tierras  nuestras. 


También los protestantes sufrieron persecuciones en España, como bien lo ilustra Miguel Delibes en su célebre obra el “Hereje”, y la situación no fue muy diferente en Colombia en el periodo colonial, aunque cambió entrada la independencia. Pero si usted habla con miembros de más de sesenta años de familias de algunas iglesias cristianas instaladas hace décadas en Colombia, le contarán de persecuciones veladas y a veces físicas aunque no fatales, y menosprecio social, que sufrieron en tiempos no muy lejanos.


Lo más dramático fue de todos modos la conversión casi siempre forzada de las comunidades indígenas, obligadas a abandonar sus creencias ancestrales y a aceptar la religión católica como única verdad posible. Aun en tiempos ya republicanos hay muchas historias de cómo esta costumbre se mantuvo en el famoso Instituto Lingüístico de Verano y otras misiones de este estilo. Hoy en día las misiones en general tienen como prioridad la ayuda a los necesitados y la conversión como algo opcional.


Ser ateo igualmente era muy mal visto y perseguido en ocasiones, lo cual va también en contra de la libertad de cultos, porque esta surge del pilar de la democracia que es la libertad de conciencia, o sea pensar uno como quiera sin que el estado u otra autoridad intervenga, en cualquier tema, incluido el religioso.


Hoy las cosas han cambiado y todo el mundo puede celebrar en la mayoría de los países, con serias importantes excepciones sin embargo, pero con seguridad en Colombia, los ritos religiosos que les parezcan, y hasta los no católicos celebran de una manera u otra la Navidad porque ya saben que ello no es una imposición sino una costumbre social inocua y hasta positiva, por el espíritu de optimismo que está inserto en casi toda celebración social colectiva. Y la cuestión es visible en muchos detalles. En un día de las velitas en Nuevo México, Estados Unidos, por ejemplo, recuerdo haber visto  tres luminarias (ellos ponen las velas en bolsas de papel con arena y las llaman así), con símbolos diferentes, una estrella de David, una media luna musulmana y una cruz. Hace poco, por citar otro detalle, el día de los aguinaldos, recibí un obsequio publicitario de una empresa de propietarios judíos, aunque no sea la época en que esta comunidad acostumbra darse regalos. 


Los musulmanes por otra parte, como dice Inbach, en “De quién es Jesús”, creen en que Isa, como lo llaman con respeto aunque no le dan carácter divino, fue enviado por Dios y  consideran que fue concebido milagrosamente del mismo modo que lo relata el Nuevo Testamento, y que se le comunicó la noticia a María con ayuda del arcángel Gabriel, aceptado por las tres religiones del Libro (la Biblia). Por lo tanto, en estricto sentido religioso la Navidad no es contraria tampoco a sus creencias. 


Y no se diga del sincretismo religioso que se ha extendido por toda América Latina, que implica la celebración de ritos indígenas y católicos sin conflicto, como lo puede constatar cualquier turista en muchos pueblos mejicanos, por sólo señalar un país como ejemplo; o la combinación de ritos africanos y católicos que se da en Brasil cotidianamente. Así las cosas, la Navidad hoy en día es símbolo de unidad en la democracia y no de división como en otros tiempos, lo cual merece también una celebración.


* Profesor Titular Universidad Nacional