Columnistas

¡No más hambre!
Autor: Sofia Alejandra Gaviria Correa
17 de Diciembre de 2014


“Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre”, decía el escritor francés René de Chateaubriand.

“Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre”, decía el escritor francés René de Chateaubriand.  El hambre es el drama más urgente y alarmante de la Colombia de hoy, especialmente cuando quienes lo padecen son niños.  Y decimos que es el problema más álgido, pues más de 6.000 niños mueren anualmente en nuestro país a causa de la desnutrición.  Así, en Colombia hay más muertes por causa de la falta de nutrientes, que por culpa del conflicto armado.  


Por esto, y teniendo presente que erradicar el hambre ha sido un principio social bandera del Liberalismo, me he propuesto, desde mi elección como senadora de la República, conseguir la promulgación de una ley que garantice a los colombianos la seguridad alimentaria y nutricional.  Con gran satisfacción, comparto con ustedes la noticia de que ayer, martes, en la Comisión Séptima del Senado de la República, fue aprobado, en primer debate, este proyecto de Ley. 


En caso de llegar a sanción presidencial, por tal norma se crearía el Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, que sería coordinado desde la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional.  Esta tendría como función la de articular los esfuerzos, programas y proyectos de todas las instituciones gubernamentales responsables de asegurar la alimentación y nutrición de todos los colombianos. Establecería metas y haría seguimiento y evaluación a los programas de cubrimiento, para llegar a un control mucho más sistematizado y seguro, que evitaría que se repitieran casos como el de La Guajira, donde los responsables de los diversos entes gubernamentales se echan unos a otros la culpa de la muerte, este año, de 43 niños por inanición, sin  que nadie responda por esta tragedia. 


El drama al que nos referimos muestra niveles de pobreza y desnutrición similares a los de Ruanda.  En el país africano, 55 de cada 1.000 niños mueren; mientras que en La Guajira, fallecen 45.  La diferencia es que Ruanda es, con Burundi, una de las naciones con mayor incidencia de VIH y de malaria, factores que no afectan a La Guajira, de lo cual se infiere que la estadística de niños muriendo de hambre es superior en la península colombiana. 


Esto nos lleva a resaltar que, en Colombia, las cifras oficiales de deceso por desnutrición son muy inferiores a las reales, pues muchas muertes son dictaminadas como causadas por enfermedades diarreicas o respiratorias o por otras patologías que sobrevienen por una deficiencia en la nutrición.


La aterradora situación de desnutrición que padece La Guajira se repite en departamentos como Chocó, Vaupés y Vichada, donde, sobre todo, las poblaciones afrodescendiente e indígena están desprotegidas en este ámbito. Es angustioso constatar que el 42% de las familias indígenas en Colombia cada día se acuestan con hambre.   


Es desconcertante leer informes internacionales que pronostican que Colombia será el único país latinoamericano que no cumplirá los Objetivos del Milenio, especialmente los referentes a la seguridad alimentaria. Países, como Honduras y Brasil, que partieron de niveles mucho más atrasados que los nuestros, hoy en día nos aventajan sobradamente en la lucha por la erradicación del hambre y la malnutrición,  porque han creado agencias e institutos cuyo objetivo fundamental es lograr la seguridad alimentaria y nutricional.  Eso debe marcar el derrotero de Colombia para superar este mal histórico.


Esta meta debe ser una política pública consolidada, con una agencia que sea rectora de ese lineamiento fundamental para el Estado. Esta nueva entidad que pretendemos crear para optimizar la ejecución de todos los recursos, que no son pocos, que se inviertan en la nutrición de la comunidad, deberá ocuparse inicialmente de los niños de 0 a 5 años y de las madres gestantes. Posteriormente, deberá cubrir la nutrición de todos los menores, y finalmente, la de toda la población.  


En Colombia, desde los años 40, cuando surgieron las milicias gaitanistas de Guadalupe Salcedo, el principal argumento de los grupos subversivos para alzarse en armas ha sido que “¡El pueblo tiene hambre!”. Hoy, cuando Colombia está comprometida en un proceso que conduzca a la paz, es fundamental garantizar la debida nutrición que han clamado siempre los movimientos populares.  La adecuada implantación de estas medidas dejaría a los violentos sin pretexto para continuar desangrando al país.


Si logramos el objetivo de asegurar a los colombianos la nutrición equilibrada, no sólo frenaremos la violencia, el crimen y la subversión, que son hijos del hambre, sino que gozaremos de la participación en la sociedad de cerebros mejor alimentados que contribuyan a que Colombia ocupe en el mundo el lugar que merece.


* Senadora de la República


    Codirectora del Partido Liberal