Columnistas

Mahler, Tovar, Orozco y Espinosa: Apoteosis
Autor: Olga Elena Mattei
12 de Diciembre de 2014


Los dramas y las tragedias de Mahler son descritas y comentadas por la música de un antioqueño, Felipe Tovar, en la obra “Tubiphona exequialis”, (“Fanfarria fúnebre”), comisionada por el maestro Andrés Orozco para abrir la noche de la 6ta Sinfonía de Mahler, ambas obras bajo su dirección, y con la conjunción de dos orquestas, la Sinfónica de Eafit, de la cual es consagrada y emérita titular la maestra Cecilia Espinosa, y la Orquesta Sinfónica Juvenil Red de Escuelas de Música de Medellín.

Los dramas y las tragedias de Mahler son descritas y comentadas por la música de un antioqueño, Felipe Tovar, en la obra “Tubiphona exequialis”, (“Fanfarria fúnebre”), comisionada por el maestro Andrés Orozco para abrir la noche de la 6ta Sinfonía  de Mahler, ambas obras bajo su dirección, y con la conjunción de dos orquestas, la Sinfónica de Eafit, de la cual es consagrada y emérita titular la maestra Cecilia Espinosa, y la Orquesta Sinfónica Juvenil Red de Escuelas de Música de Medellín.


¡Pocas veces el escenario de nuestro teatro se ha visto tan atestado como en esta noche! Los ejecutantes casi no tenían espacio para moverse (No sé cómo hacían  para inclinar  las arpas al tocar) Y esto promete un sonido sólido, e imponente, y el goce de mayor placer mental cuando uno puede escuchar y distinguir múltiples instrumentos simultáneos en el acto de creación de una música más extraordinaria, cuanto mayor es la complejidad estética y técnica de la partitura y de su ejecución.


La obra de estreno de Felipe Tovar se cifra sobretodo en la percusión con efectos novedosos y originales. Resulta extraordinario que estén surgiendo entre nosotros compositores tan talentosos con gusto ultramoderno, gran calidad estética, y  con altura, concepción y lenguaje intelectuales. Con estos recursos,  la Fanfarria se desarrolla con varias ideas programáticas sobre la biografía de Mahler, con citas de varios temas de sus obras, consabidos significantes de su vida llena de dolor.


Nuestro joven compositor es llamado al escenario entre entusiastas aplausos.


La sexta sinfonía Mahler no es la más amada ni  la más conocida, pero igualmente, ¡es Mahler!... con su solidez, y su grandilocuencia, desde el mismo comienzo; y no es petulante y gratuita esa gran actitud mahleriana: ésa es la talla que le corresponde tal genio. Apenas en la segunda página ya despliega sus sentimientos en el primero de los desarrollos melódicos, con temas narrativos muy reconocibles,  con su romanticismo y sus ritmos cavalcantes. Orozco, con una turba de instrumentalistas para manejar, pareciera halar la expresión de las cuerdas hacia los énfasis de los cantábiles que parecen gemir aguda y prolongadamente. 


Estamos frente a un organismo musical centuplicado: Alternándose con las secciones de cuerdas para exponer las variaciones y los adornos, los vientos son telón de fondo, con once cornos, (imperdonable que no figuren todos en el registro del programa), como seis trombones, dos tubas (una de las cuales tampoco está reseñada) y todas las maderas, con fagot y contrafagot y clarinete bajo, un corno inglés, (con un bello solo en el segundo movimiento) los oboes, y una selección de flautas.


En esta obra también la percusión habla con preeminencia e impone su lenguaje no solo al ritmo, sino al profundo drama. Estos percusionistas son todos jóvenes con la energía necesaria para estremecer la sala y con la precisión que exige un director como el Maestro Orozco.


El es de los directores que dirigen manifestando cada detalle gráficamente (¡dentro de un compás de dos por uno, alcanza a repartir el gesto para mostrar casi cada nota de un arpegio!)


La sinfonía, esencialmente programática, despliega el tema de Alma, (su esposa),  o del Destino desde el primer movimiento. La percusión conserva su papel de importancia, y se destacan un redoblante, y un solo juego completo de los cinco timbales  percutidos por dos ejecutantes.


El segundo movimiento, sereno y lento, aunque muy melódico, no es tan memorizable y por ello, no tan conocido. Tampoco expone un sentimiento tan trágico como escuchamos casi siempre en Mahler. 


El scherzo, (tercer movimiento), es más vigoroso, y ofrece temas saltarines casi alegres que degeneran en expresiones burlescas.


El último movimiento si está totalmente imbuido del pathos mahleriano, casi escalofriante. Cencerros, palitos, tablillas, y varios percutores táctiles contradicen un tétrico llamado del corno al que se agregan las tubas y pronto un tutti,  para continuar alternando temas melódicos con tuttiss apoteósicos una y otra vez.


El maestro Orozco crece y crece y sube como Mahler arrastrando la música de cada instrumento...Se alcanzan a escuchar flautas y piccolos con sus notas más altas en un quejido persistente e intenso en medio de clímax orquestal que, acentuado por los famosos y premonitorios golpes de martillo, expresa la angustia en todo el  movimiento... ¡La recurrente angustia de la vida de Mahler !


En contraste, un  gran encore del coro Tonos Humanos que también dirige Cecilia Espinosa, con dos hitos navideños: el Aleluya del Mesías de Haendel, y la exquisita “Noche de Paz”. ¡Excelente desempeño! ¡Precioso regalo!