Columnistas

Salario mínimo: sainete y puja
Autor: Rubén Darío Barrientos
11 de Diciembre de 2014


En la agenda, hoy es una fecha importante para la negociación del salario mínimo 2015. Diríamos que necesaria de agotar, más no clave. Basta mirar el escenario que rodea este tire y afloje:

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En la agenda, hoy es una fecha importante para la negociación del salario mínimo 2015. Diríamos que necesaria de agotar, más no clave. Basta mirar el escenario que rodea este tire y afloje: La CUT solicitando entre el 12 y el 15% de aumento; la CGT, pidiendo entre el 7 y el 7,5% y la CTC (que es la más moderada), hablando de que debe rebosar el 6%. Entretanto, la Anif propone que sea del 4,5% y la SAC, considerando un 3,4%. Y, de otra parte, los empresarios hablando de la reforma tributaria que va a impactar en $ 12,5 billones y del pánico engendrado en el fantasma de la jornada nocturna, que quiere reivindicar el ministro Lucho Garzón.


Lenguajes diferentes, temores distintos y orillas que divergen. Por eso se habla de un sainete, repetido y siempre nuevo. Otros, con algo de eufemismo, se refieren a puja. Sea lo que sea, no podemos perder de vista que la Corte Constitucional fijó en 1999 los parámetros que se deben tener en cuenta para reajustar el salario mínimo en Colombia: inflación causada y esperada, productividad acordada por el comité tripartito, aporte salarial al ingreso nacional, variación del PIB, protección al trabajo, aseguramiento de una remuneración mínima vital y función social de empresa. En la teoría, estas variables se ven transparentes y humanitarias.


Debo recordar, que de acuerdo con sentencias inmodificadas, un salario que se acopla a la inflación, carece de aumento; el incremento se da es cuando hay puntos por encima de la propia inflación. Ello es conveniente aclararlo, porque si un empleador se pliega al porcentaje de inflación, no hace ningún aumento (conjuró simplemente la pérdida de poder adquisitivo del ingreso). El auténtico aumento ocurre es cuando se excede la inflación y su porcentaje será el que franquee el dato revelado por el gobierno. De todas maneras, el plazo máximo que se tiene para fijar el salario mínimo vence el 30 de diciembre.


Dentro de las utopías que se lanzan, existen dos frases también muy reiteradas: “lo importante es que haya más empleo” y “es trascendental congelar la canasta familiar”. Nada de esto ocurrirá en este país, que observa indicadores lúgubres: dos millones de desempleados y cinco millones que padecen el flagelo de la economía informal. Y, peor aún: por cada persona que devenga el salario mínimo, hay tres personas que ganan algún dinero por debajo de esa cifra. Los analistas, que han pronosticado un incremento del salario mínimo que será del 4,3%, valga decir, la suma de $ 26.488, aseguran que estaremos inmersos en una de las negociaciones más duras de los últimos años, dados los preinfartos de los empresarios cifrados en la reforma tributaria y el renacer de las horas nocturnas y sus recargos.


No parece tener cara todo esto de concertación. El rostro, se asemeja al rictus del decreto. Si miramos el espejo retrovisor, hallamos un aumento para el 2014 del 4,5% y para el 2013 del 4,02%. En fechas recientes, rozó lo bajo el aumento del 3,6% para el año 2010 y gozó de especial altura el 7,7% del 2009. No hablamos del 2001 hacia atrás, en donde el país vivía otras alegres maneras de elevar los salarios (verbigracia, los años 1991 y 1992 con un 26,1% de aumento). Siempre vivimos lo mismo: unos en la estratosfera pidiendo cosas ilusas y otros, en la sima, ofreciendo todo por el suelo. 


En el reflejo, el gran resumen es que las cosas se llevan como en plaza de mercado, pero finalmente o por decreto o por concertación -con más enemigos que adeptos-, el año nuevo tendrá que tener en su firmamento un número, que creo estará por donde dicen los expertos (4,3%), salvo que Juampa dé un golpe de opinión que haga trepar las encuestas.