Columnistas

Corrupción: solo un día para combatirla
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
11 de Diciembre de 2014


El Estado es un monstruo de mil cabezas, siempre hambriento y siempre al acecho; los ciudadanos, en cambio, son inofensivos gatos que se entretienen con una pelota de trapo. Así, mientras los gatos juegan desprevenidos, el monstruo se engulle todo lo que encuentra a su paso.

El Estado es un monstruo de mil cabezas, siempre hambriento y siempre al acecho; los ciudadanos, en cambio, son inofensivos gatos que se entretienen con una pelota de trapo. Así, mientras los gatos juegan desprevenidos, el monstruo se engulle todo lo que encuentra a su paso.


El desmonte del Estado, consigna de los agentes del neoliberalismo desde la década de los ochenta, se cumple en cuanto toca al despojo de los instrumentos sociales (Estado benefactor) y a la estructura empresarial, que en los países de América Latina y sur de Europa se traslada (regalada casi) a los amigos de los gobernantes (privatización de telecomunicaciones, bancos, servicios públicos domiciliarios, petroquímicas). Hoy los deberes del Estado son concesiones en manos de particulares (vías, transporte, obras públicas, minería) que mucho recaudan y poco invierten en mantenimiento y en el entorno. El Estado neoliberal colombiano no tiene rentas propias y las pocas que tiene insiste en venderlas: Ecopetrol, Isagén, UNE, EPM y regula muy poco la actividad de los agentes económicos. 


En cambio, el Estado colombiano mantiene activo su proceso de burocratización y todos los días es mayor su déficit porque, como los hijos “botaratas”, no genera recursos y gasta mucho, lo que remedia con la creación de impuestos y el aumento anual y desproporcionado de los existentes. El presupuesto público cada vez mayor se convierte en botín de quienes, por la vía electoral, tienen el control del Estado en sus tres niveles: nacional, departamental y municipal.


Según el índice global de Estados fallidos o con posibilidades de fracasar (1), Colombia ocupa el segundo lugar en América Latina, después de Haití. Según este índice anual, Colombia está en el puesto 59 entre 178 países. Los tres primeros estados fallidos son: Sudán del Sur, Somalia y la República Central de África. Finlandia está en el puesto 178 como el Estado más estable y sostenible. De Colombia, los autores de la clasificación indican que en el 2014 tiene “alta posibilidad de fracaso”. Sus problemas son: corrupción, desplazamiento humanitario, presencia de bandas criminales y grupos ilegales que suplantan al Estado, un cuerpo de seguridad con deficiencias y vacíos en derechos humanos y aplicación de justicia.   


En este marco, la corrupción está a la orden del día en el menú diario de los colombianos que acceden al control del Estado como funcionarios o como contratistas. Y crece, protegida por el silencio de organizaciones sociales y ciudadanos que no denuncian, porque prefieren mirar para otro lado “para no meterse en problemas” y por las omisiones de los organismos de control, que disimulan su tiempo investigando a funcionarios de bajo rango que, generalmente, no cuentan con ningún apoyo político.


Mientras tanto, la corrupción crece vestida de mil maneras para hacerse invisible o irreconocible. Hay corrupción en el gasto innecesario de publicidad de los gobernantes que promueven el culto a la personalidad con dineros públicos, en el uso de tarjetas de crédito para realizar gastos de representación sin ninguna justificación y que terminan en listas de mercado, peluquerías, almacenes de ropa y fiestas de los beneficiados. Y hubo una secretaria que hasta carro compró con la tarjeta asignada a su jefe, y nunca se supo si hubo o no investigación alguna. Hay corrupción en viajes, viáticos, contratos de asesoría, estudios interminables, contratos de capacitación que se distribuyen sin control. Hay corrupción en la toma de decisiones para favorecer amigos o allegados, en el uso de vehículos y bienes públicos en asuntos que no hacen parte del servicio. Hay corrupción cuando se confunde el lema de una campaña con la imagen institucional y se gastan millones y millones de pesos en el cambio de papelería, insignias, vallas, pendones y otras piezas más, sin necesidad ni justificación alguna. ¿Se investigan estas actividades por parte de los organismos de control? No, porque estos organismos incurren en las mismas prácticas. ¿Por qué el país no conoce las investigaciones que se abren y sus resultados?, ¿Cuántas personas hay condenadas por corrupción en Colombia?


La corrupción es el cáncer de nuestro sistema político que crece sin control, tomando múltiples formas para pasar desapercibida ante los ciudadanos. La corrupción devora los presupuestos públicos y genera pobreza. No basta un solo día para combatirla, así las Naciones Unidas tengan la mejor voluntad al declarar el 9 de diciembre de cada año como el Día Mundial contra la corrupción, convertido en día de discursos y nada más.


Fuente: Failed States Index 2014. ffp.statesindex.org *Washington. USA.