Columnistas

Triste Navidad
Autor: Iván Guzmán López
9 de Diciembre de 2014


Siempre se ha dicho que manifestaciones de alegría salidas de tono, lo único que esconden es tristeza y frustración.

ivanguzman790@gmail.com


Siempre se ha dicho que manifestaciones de alegría salidas de tono, lo único que esconden es tristeza y frustración. No cabe duda: una familia culta, jamás se solazará en el ruido infernal de la pólvora o en el estruendo endemoniado de un taco, como los que no dejaron dormir a Medellín la madrugada del primero de diciembre, exasperó al límite más triste a mascotas sensibles e inofensivas y disparó alarmas de carros por doquier.  Esa fue la mal llamada “alborada”, y que desgraciadamente se repitió en el estadio Atanasio Girardot, el miércoles 3 de diciembre, ante 35.000 personas y presenciada por medio mundo en las pantallas de Fox Sport y cadenas nacionales. Con razón el pobre estigma que cargamos los colombianos. Y eso que estamos en Antioquia, la más educada; con campaña contra la pólvora y uso penalizado. 


“Esta es una deformidad cultural arraigada en el área metropolitana y el oriente cercano”, opinó el vicealcalde de salud de Medellín, Juan Carlos Giraldo. Y tiene razón, si recordamos que el bautizo institucional de esta deformidad cultural la recibió la ciudad, de manos del exalcalde Alonso Salazar Jaramillo, cuando en su oportunidad quemó 2.100 millones de pesos en pólvora, en un tiempo record de 25 minutos. En ese entonces, según Salazar, un 70 por ciento de semejante costo fue aportado por el sector privado de la ciudad y un 30 % por la administración municipal. A su vez, este comportamiento provenía de una cultura mafiosa instaurada en la época de Pablo Escobar, cuando se celebraba con pólvora la “coronada” de un cargamento de coca. Sin duda, lo que vivimos en la triste alborada, que para nada celebra la llegada de la Navidad, es una deformidad cultural que está matando a la verdadera Navidad. 


Lo grave es que no obstante los decretos que prohíben la pólvora, nadie los cumple,  y al parecer, nadie los hace cumplir, a pesar de tantas vicealcaldías, gerencia del Centro, agentes de espacio público y numeroso pie de fuerza en la ciudad. Los desadaptados actúan a sus anchas y la noche del 30 de noviembre y la madrugada del primero, hicieron de Medellín, Bello, Itagüí y Copacabana, unas ciudades inermes, a su entera disposición. Lo del Estadio, realmente vergonzoso.  Lo cierto es que la citada alborada, dejó como saldo 47 personas quemadas en Antioquia, la más educada; entre ellos, 5 niños, como siempre sus víctimas preferidas. También volvieron a sonar los disparos al aire, entre ellos uno que acabó con la vida de Jimmy Alberto Trespalacios, de 19 años, alcanzado por una bala en su cráneo. Lo triste fue que, no obstante semejante perturbación de la tranquilidad ciudadana por espacio de 4 horas seguidas, no se observó ningún operativo simultáneo.


El Editorial del periódico El Colombiano, del 2 de diciembre de 2014, hace suyas las palabras del presidente Santos, cuando dice que “la época navideña será difícil si se deja actuar a la delincuencia con la facilidad conque parece hacerlo”. Particularmente, pasar la Navidad en Medellín se está convirtiendo en una verdadera pesadilla, pues como dice el editorialista citado, “año a año vemos que la Navidad, a la par que da inicio a una época que las familias quieren vivir con ilusión y con sentimiento de generosidad, solidaridad y unión fraterna, resulta también un período lleno de zozobra para quienes sienten la amenaza y la presencia de ladrones, fleteros y extorsionistas”, y lo más grave, continúa el editorialista, “a medida que se revelan videos o imágenes de actos delictivos en zonas comerciales o residenciales, se despierta una sensación colectiva de inseguridad que afecta notablemente la valoración que el ciudadano hace de sus autoridades, tanto las civiles, policiales y judiciales. Lo que se demanda, ante todo, es una autoridad civil que lidere, una policial y militar que prevenga y actúe, y una justicia que no mire como un azar irremediable la actuación de los delincuentes”.


Puntada final: por la época de los denominados “corruptos”, en la “Tacita de Plata” no teníamos vicealcalde de gobernabilidad, pero gozábamos de una ciudad limpia y una Navidad en paz. ¿Qué pasa ahora en Medellín, con tanto vicealcalde?