Columnistas

Contagiarse de gratitud
Autor: Omaira Martínez Cardona
9 de Diciembre de 2014


Que cada vez nos acostumbremos más a olvidar los buenos hábitos y no practicarlos, no es novedad, lo que sí es inadmisible es que la deshumanización llegue al grado de no reconocer en los otros las acciones que contribuyen de manera desinteresada al bienestar de los demás.

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Que cada vez nos acostumbremos más a olvidar los buenos hábitos y no practicarlos, no es novedad, lo que sí es inadmisible es que la deshumanización llegue al grado de no reconocer en los otros las acciones que contribuyen de manera desinteresada al bienestar de los demás.


La gratitud más que un buen hábito es un valor humano muy poco reconocido actualmente y que debe manifestarse en mucho más que decir “gracias” o  un “Dios le pague” que no dejan de ser formalismos naturales. Expresar agradecimiento más que una regla de cortesía es una evidencia de madurez espiritual.


El agradecimiento se debe manifestar en acciones y gestos de respeto, valoración afecto y cordialidad  con el otro sin que esto signifique que se está pagando una deuda o devolviendo un favor. Ser agradecidos es reconocer la generosidad ajena.


Gracias y agradecimiento están entre las palabras más usadas en las sagradas escrituras y al trascurrir el tiempo, algunos países han adoptado la acción de dar gracias como un ritual.


Decir “gracias” o expresar gratitud después de que alguien nos sirve debería ser tan natural como respirar. Hay tanta fuerza y poder en quien da como en quien recibe, por eso un corazón agradecido siempre se manifiesta sin ahorrar esfuerzo y adquiere mayor potencia cuando lo hace en circunstancias adversas por la mencionada” ley de compensación”.


La gratitud es considerada por muchas culturas religiosas como un acto de humildad sagrado que libera energía y fortalece aunque muchos aún no entiendan la importancia de ejercitar este valor con más frecuencia, especialmente las nuevas generaciones que nacieron en un mundo con muchas más posibilidades por las cuales agradecer y que precisamente no debería permitir que la ingratitud lo agobie.


Infortunadamente para quienes  viven y se relacionan con los otros desde sus carencias y no desde lo que se les ha concedido así les parezca poco, les será más difícil reconocer la satisfacción de servir a los demás, de dar y de recibir.


Es entendible que en sociedades con tantos prejuicios y prevenciones como las nuestras y con historias de vida tan complejas, no se crea ya en las acciones generosas, bien intencionadas y desinteresadas, pero eso no puede bloquear la posibilidad de transformar un hábito olvidado en una práctica cotidiana. 


Reclamar por más acciones de agradecimiento a quienes no las expresan, también es un acto de generosidad; hay que contagiar con pequeñas dosis de gratitud a quienes nos rodean con convicción, voluntad y perseverancia para lograrlo.


Un viejo proverbio chino dice que cada que se beba del manantial hay que recordar la fuente, eso es gratitud.