Columnistas

Asuntos de coyuntura
Autor: Pedro Juan González Carvajal
9 de Diciembre de 2014


Esta semana, mi equipo del alma, el Atlético Nacional, dejará todo en la cancha del estadio Monumental de Buenos Aires para traernos el título de la Copa Suramericana.

Esta semana, mi equipo del alma, el Atlético Nacional, dejará todo en la cancha del estadio Monumental de Buenos Aires para traernos el título de la Copa Suramericana. 


Por allá en los años ochenta, bajo la dirección del doctor Hernán Botero Moreno y de la mano del inolvidable Oswaldo Juan Zubeldía, los hinchas de entonces soñábamos que el maestro Zubeldía se quedara toda la vida dirigiendo el equipo. Y así fue: en una mala jugada del destino, en una mañana de domingo, murió en Medellín el gran Maestro, quien nos llenó de alegrías y quien revolucionó el fútbol colombiano.


Ahora que tenemos cerca la Copa Suramericana se anuncia con cierto ánimo tranquilizador para la fanaticada que el profesor Osorio se queda “un tiempo más” dirigiendo el equipo, lo cual se puede asociar a un semestre. Qué costoso va a resultar entonces la obtención de dicho título, si ello lleva a la salida del gran timonel.


Obviamente resulta apenas lógico y respetable que cualquier directivo o ejecutivo exitoso tenga el derecho de poder  aspirar a mejorar sus condiciones y llegar a  dirigir organizaciones que sean los referentes nacionales e internacionales de su campo de actividad particular. 


Ha demostrado el profesor Juan Carlos Osorio a la saciedad, que él tenía la razón desde el principio, que él sabe y que lo demuestra con resultados.


Sir Alex Ferguson o “Fergie” como se le conoce en mundo futbolístico, estuvo al frente del Manchester United por 26 temporadas y cosechó 38 títulos.


Hay procesos de largo plazo que soportados en la continuidad de los procesos y las personas, dan sus frutos. ¡Ahí está la evidencia contundente! 


Qué gran oportunidad tiene el Grupo Ardila, a quien tanto debemos agradecer los hinchas nacionalistas, de emprender un proyecto ambicioso, de larga duración, bajo la batuta del profesor Osorio. Como entrenador exitoso, en algún momento querrá dirigir y se le ofrecerá la Selección Colombia y entonces se le dará la licencia que se requiera para que asuma el gran reto nacional y luego regrese a casa.


¡Ánimo mi Nacional!


Por otro lado, ciertos acontecimientos que están marcando la terminación de este año, impondrán su peso en las agendas del año que viene: el incremento de las catástrofes ambientales hará que por fin tomemos conciencia de que la cosa va en serio. El decaimiento de la economía norteamericana o su recuperación, actuarán como lastre o potenciación de la mayoría de las economías de los países del mundo. La caída del precio del petróleo, ya respondiendo a las leyes del mercado, o ya por manipulación, servirá para evitar la subida del precio del gas natural de Putin, afectará directamente a países como Venezuela y servirá para potenciar en el mercado internacional el gas líquido como alternativa real, liderado por los Estados Unidos. La inestabilidad generada hace un poco más de un decenio por la llamada “Guerra preventiva” o la “Guerra contra el terrorismo”, ha propiciado condiciones de ingobernabilidad y poca viabilidad de los países afectados de manera directa e indirecta, lo cual ha llevado a que los conflictos de tipo local en el Oriente, puedan llegar a convertirse en conflictos de tipo global.


La proximidad de la inauguración de la expansión del Canal de Panamá obliga a prepararse para el fenómeno de incremento de los flujos comerciales actuales y los que sobrevendrán, lo cual puede llegar a alterar favorable o desfavorablemente las balanzas comerciales de países como Colombia, quien a pesar de contar con dos costas sobre dos océanos y dos mares, todavía, a estas alturas del partido, sigue “mirando para el páramo”.  


Por último, se nos ha muerto Chespirito. Paz en la tumba del gran humorista, que rescatando la inocencia y la debilidad humanas, luchaba a favor del bien. Generaciones enteras de chicos y grandes reímos con sus inigualables aventuras, y encontramos en la lógica del absurdo, la reivindicación de los más elementales valores humanos.


Ante este trágico suceso, solamente nos queda preguntarnos con desconsuelo: “¿Y ahora, quién podrá defendernos?”