Columnistas

Situación fiscal: ¿cuál es la verdad?
Autor: Jorge Arango Mejía
7 de Diciembre de 2014


Como ya es costumbre –más exactamente, vicio- el gobierno ha propuesto al Congreso una nueva reforma tributaria. Reforma que, como todas las últimas, está marcada con el sello de la improvisación.

zipa36@yahoo.com


Como ya es costumbre –más exactamente, vicio- el gobierno ha propuesto al Congreso una nueva reforma tributaria. Reforma que, como todas las últimas, está marcada con el sello de la improvisación. Y mientras se tramita, no ha tenido inconveniente en anunciar que en el 2015 propondrá otra, esa sí estructural. A propósito, ¿qué habrá que entender por “estructural”? ¿La que cambie hasta los cimientos de nuestro sistema tributario? ¿O la que se limite a aumentar las tarifas y a gravar otra nueva actividad, siempre con el propósito de aumentar las cargas impositivas? Más fácil es predecir el estado del tiempo, que entender cómo va el erario. Hace unos meses, cuando se adelantaba la campaña presidencial, nada pasaba. Todo era color de rosa. Una economía sólida, unas finanzas públicas manejadas con prudencia, en fin, la antesala del paraíso. Nadie habló de estos temas, y todos caímos en la trampa de aceptar que Colombia era un islote de prosperidad, ajeno a los problemas de países vecinos.


Solamente han pasado unos meses, y la situación es completamente diferente. Un día apareció, como surgido de la nada, un “hueco” de doce  billones de pesos. ¿Cuándo y cómo se gestó esa criatura? No lo dijo el Gobierno y nadie le preguntó. Ahí, en los días de bonanza, sin que nadie lo viera, fue creciendo el monstruo hasta cuando se hizo inocultable. Sólo en ese momento, con cara de inocente, el presidente lo presentó al país.


Y así, como si fuera algo natural, descendimos del paraíso hasta las puertas del infierno. ¿La solución? Hacer otra reformita tributaria, para sacarles a los colombianos esos doce billones. Y cuando la gente aún trataba de entender la magnitud del problema fiscal salió el presidente Santos, con la mejor de sus sonrisas, a anunciar que la Nación daría diez billones de pesos para la construcción del Metro de Bogotá. Y aquí llegamos al galimatías: ¿en qué quedamos? ¿Tapar el déficit o multiplicarlo por dos? ¿Es rica la Nación o está al borde de la indigencia?


Y otra pregunta: ¿Por qué no aprovechar estos meses para estudiar cuáles son las medidas que deben adoptarse para estabilizar las finanzas públicas, regular los gastos e impedir el derroche de los dineros públicos?


Pero si lo que se conoce es preocupante, lo que apenas se vislumbra en el horizonte es peor. 


Siguen las charlas de La Habana, mientras los criminales de las Farc asesinan, secuestran, reclutan menores, extorsionan y siguen dedicados al narcotráfico. Y ya se anuncia que habrá que hacer otro gigantesco esfuerzo, para indemnizar a las víctimas de las Farc. Los ingenuos que alguna vez pensaron que los criminales tendrían que emplear sus mal habidos tesoros para reparar los daños causados, se equivocaron. El negocio –o negociación- de La Habana parte de unos supuestos diferentes: ninguno de los integrantes de las Farc pasará un solo día en la cárcel; ni uno solo de los pesos que los mismos bandidos han robado a los colombianos o les han quitado mediante la extorsión o como pago para la liberación de los secuestrados, se destinará a la reparación de los daños causados. Y habrá puestos en el Congreso para algunos de estos próceres, no elegidos por el pueblo, sino por ellos mismos.


Y como si todo esto no fuera bastante, anuncia el presidente su decisión de calificar como delito político el narcotráfico, con el fin de que el pasado judicial de los integrantes de las Farc quede tan limpio como el del mejor de los colombianos. Y un profesor de derecho constitucional se apresura a decir que si una organización criminal anuncia que financiará sus actividades subversivas mediante el tráfico de drogas, ese anuncio basta para convertirlo en delito político. ¿Quién dijo que el fin no justificaba los medios?


Condenados estamos a no saber jamás la verdad: Nación rica o paupérrima; criminales de las Farc o próceres; superministro o superlagarto; a las puertas del infierno o en la entrada del cielo. 


Viendo todo esto; y sabiendo que desde los días de la independencia hasta hoy, con una o dos excepciones, hemos tenido gobiernos iguales a este o peores, uno se pregunta: ¿Cómo ha podido Colombia resistir tanto? ¿De dónde ha sacado fuerzas para aguantar el asedio de los malhechores y cómo ha producido lo suficiente para alimentar las ratas que se alimentan del erario?