Columnistas

La educación para la democracia
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
27 de Noviembre de 2014


“Preocupa que cada día más, se conforme opinión pública que considere que culpable es la violada, el atracado, el secuestrado o el asesinado, solo por no ser precavido y “no moverse en territorio seguro”, escribió en su muro de Facebook el profesor Luciano Gallón.

“Preocupa que cada día más, se conforme opinión pública que considere que culpable es la violada, el atracado, el secuestrado o el asesinado, solo por no ser precavido y “no moverse en territorio seguro”, escribió en su muro de Facebook el profesor Luciano Gallón. 


Es triste reconocer que la opinión pública o, al menos, un sector de quienes opinan desde los medios y muchos representantes del mismo Estado acepten que el gobierno no controla el territorio y que hay zonas vedadas para “militares de civil” y para el resto de los ciudadanos.


El desconcierto producido por la reacción de un sector de la opinión pública ante el secuestro del general Alzate y sus acompañantes, lleva a la necesaria reflexión sobre la educación ciudadana, los valores sociales y la posición frente al papel del Estado en una sociedad democrática. Una de las críticas a la democracia es la que se refiere a una pretendida ignorancia de los ciudadanos acerca de los temas fundamentales de la sociedad, lo que privaría a la gente de tomar parte en las decisiones o, al contrario, haría pensar que las decisiones que toma el pueblo son erróneas. 


Norberto Bobbio toca este tema en “El Futuro de la Democracia”, cuando se refiere a la educación ciudadana en democracia como una de las falsas promesas de la democracia, es decir, de hacer de un súbdito un ciudadano a partir de atribuirle aquellos derechos civiles y políticos que los escritores de derecho público del siglo 19 llamaron “activae civitatis”. (Bobbio, 1997: 38)


Bobbio dice que la educación para la democracia se desarrolla en el mismo sentido de la práctica democrática y que no debe ser primero la educación que la práctica. Cita a John Stuart Mill, quien distingue a los ciudadanos en activos y pasivos y añade que la democracia necesita de los primeros. (Bobbio, 1997: 39). 


Indica como ejemplos de la práctica democrática: La participación mediante el voto, que tiene un gran valor educativo, y la discusión política, que hace a los ciudadanos miembros conscientes -activos-  de la comunidad.


Cuando se habla de ciudadanas y ciudadanos activos, informados, comprometidos y organizados, se plantea el tema de la formación política para el ejercicio de la ciudadanía.


Así como es posible desarrollar habilidades para expresarse a través del lenguaje, o para solucionar problemas a través de las matemáticas o para formular hipótesis y encontrar respuestas a fenómenos sociales a través de la ciencia, se pueden desarrollar en las personas habilidades para el ejercicio de la ciudadanía: acompañar a las personas a desarrollar un pensamiento propio, a fijar criterios que le ayuden a entender el contexto, a encontrar alternativas para resolver sus conflictos, a decidir el camino correcto en medio de todos los dilemas y a conciliar sus propósitos con los deseos de los demás, entendiendo el papel del Estado y sus representantes y distinguiendo entre lo que es bueno y no lo es, entre lo que es legal y lo que es ilegal, pues no se puede ser condescendiente con los delincuentes condenando ipso facto a las víctimas.