Columnistas

Un legado de felicidad para Colombia
Autor: Danny García Callejas
26 de Noviembre de 2014


Colombia es el tercer país más feliz del mundo según el Índice de Planeta Feliz de la Fundación para una Nueva Economía —New Economics Foundation—. En los tres componentes del índice: expectativa de vida, huella ecológica y percepción de bienestar, es el último el que le permite al país alcanzar la tercera posición

Colombia es el tercer país más feliz del mundo según el Índice de Planeta Feliz de la Fundación para una Nueva Economía —New Economics Foundation—. En los tres componentes del índice: expectativa de vida, huella ecológica y percepción de bienestar, es el último el que le permite al país alcanzar la tercera posición. De 10 puntos posibles, los encuestados califican con 6,4 su vida o sensación de bienestar en el país.


Los colombianos afirman que están lejos de tener una vida perfecta pero resulta que los encuestados en otros países dicen tener una peor suerte. En buena parte, hay que atribuir esta diferencia a características culturales. En particular, la música, el entrenamiento y la riqueza folclórica del país son significativos, desde los inmensos aportes de nuestros pueblos indígenas hasta las contribuciones de artistas recientes.


La música tiene un lugar importante en la salud mental y tranquilidad de las personas. Los griegos afirmaban que la música podía curar hasta a un loco. Miguel de Cervantes, a través de Dorotea en el Quijote, contaba que escuchar o practicar la música arreglaba los ánimos descompuestos y los dolores que provenían del espíritu. Con justa razón Franz Liszt decía que “la música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.”


Quizás en este arte —placer público y generalizado— radique parte de la explicación de la percepción de dicha de los colombianos. En reiterados ocasiones mezclamos los diversos ritmos musicales con el baile que, a veces, se traduce en una búsqueda de amor, compañía, fraternidad, calor humano o simple diversión. Sin importar el objetivo, el cuerpo, la mente y el espíritu se relajan con cada nota vibrando al unísono con movimientos de pies, cadera y brazos.


La música parrandera representa una de las mayores expresiones de disfrute y entretenimiento musical. Sería en 1938, con 24 de diciembre, una composición de Francisco “El Mono” González que iniciaría el furor de este ritmo. Sin embargo, su primera versión sería grabada por el dueto Pepe y Chabela con estilo mejicano y alejado de su carácter antioqueño. No obstante, la canción resultó tan exitosa que aún hoy es infaltable en las celebraciones decembrinas.


También es imposible dejar de escuchar a los Raros en un diciembre. Los Raros son un conjunto musical creado en 1975 con éxitos tan importantes como El carrataplán, Las coplas del divorcio, Se le cayó el palo, Préstame el chiquito, entre muchos otros éxitos que hoy bailamos y cantamos en toda fiesta de fin de año. Este grupo nació con José Muñoz y Gildardo Montoya pero tuvo como integrantes a reconocidos cantantes, en particular a Joaquín Bedoya.


Nacido en 1943 en Frontino, Antioquia, el rey de la parranda, Joaquín Bedoya, nos deleitó con canciones como Échele más agua a la sopa, Aguardiente pa’l chofer, El enredo, Tengamos paciencia, entre muchos éxitos más que nos hicieron reír, gozar, sonreír y sonrojar por su humor y doble sentido. El maestro Bedoya falleció el 21 de noviembre en Envigado pero la alegría de su música perdurará en nuestras fiestas y corazones dejando bienestar y un legado de felicidad para Colombia. Fortaleza para su familia y paz en su tumba.


* Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia