Editorial

El reencuentro con las laderas
24 de Noviembre de 2014


Ganan los habitantes de las zonas en riesgo y se consolida un modelo de
desarrollo urbano en el que vida significa esperanza;equidad, implica
oportunidades, y sostenibilidad expresa garantías de protección a la vida humana y natural.


Hay muchas formas de pensar, nombrar y relacionarse con las laderas que rodean el Valle de Aburrá. Tantas como miedos por el pasado o sueños por el futuro pueden acoger en sus alturas escarpadas, en sus pliegues cuidadores de quebradas, en sus intersticios habitados con espontaneidad desesperada o picardía abusiva.


El relato común, hasta ahora, es del miedo y el dolor. Media Luna el 12 de junio de 1954, Santo Domingo Savio el 29 de septiembre de 1974, Villa Tina el 27 de septiembre de 1987, vía a Las Palmas el 10 de noviembre de 2010, recuerdan tragedias que segaron vidas, hicieron daños profundos y sembraron dolor. Estas pesadillas nacieron, y a veces parecemos olvidarlo, en el desarrollo de espaldas al río y a las montañas, que persiste entre quienes insisten en el miedo o exigen retar las innegables fuerzas de la naturaleza.


Pero esas laderas, y el valle en el que se encuentran, también se pueden contar como oportunidad para la vida de propios y visitantes. Ello impone comprender esta región como territorio privilegiado en el que río, quebradas, valle y montañas forman un ecosistema de paisajes, pisos térmicos, suelos, vida urbana y vida rural, que merece, como lo reconoce el POT, ser desarrollado con integralidad y visión de futuro.


Convertir los cerros en territorios de vida y equidad, en marca de ciudad y en proyecto de innovación social y económica es el sueño y la oportunidad que inspiran la declaratoria del Cinturón Verde Metropolitano y la construcción, en curso, del Jardín Circunvalar, que tuvo una de sus experiencias más significativas el sábado pasado en el barrio La Cruz, de la zona Nororiental. Como muchos otros barrios de alta ladera, este nació en una invasión por habitantes que espontáneamente -y en algunos casos guiados- levantaron sus viviendas en zonas de alto riesgo y carentes de urbanismo, espacios públicos, dotación de servicios y habilitación para la vida común. El sábado, las 295 unidades residenciales, habitadas por once mil personas, recibieron las instalaciones de acueducto y alcantarillado, nuevos senderos peatonales y obras estructurales de contención del riesgo.  Los habitantes pintaron sus fachadas para dar la bienvenida al progreso. 


La intervención, que ascendió a $4.000 millones y está calificada técnicamente como urbanismo sostenible, se repetirá en otros barrios ya asentados y que tienen condiciones similares, además, apoya el control a la expansión que arrasa las laderas y pone en peligro la vida. Con el proyecto ganan los habitantes de las zonas en riesgo y se consolida un modelo de desarrollo urbano en el que vida significa esperanza; equidad, implica oportunidades, y sostenibilidad expresa garantías de protección a la vida humana y natural. 


Contar con una afortunada configuración geológica que formó un pequeño valle de altura entre montañas majestuosas, en medio de un clima privilegiado que permite gran diversidad de flora y fauna, es una oportunidad que Medellín ha comenzado a entender y aprovechar con un proyecto que reconoce las urgencias de los habitantes y valora las posibilidades de crear una imagen propia ante el mundo, como lo son los museos para París; los edificios históricos para Londres o Roma; Teotihuacán, para Ciudad de México; el Bosque de Secuoyas, para Estados Unidos, las playas, para los países del Caribe. Esa imagen es fuente inagotable de posibilidades, debe serlo de esperanzas. 


La industrialización fue gran fuente de ingresos hasta los años noventa, pero ahora la vocación de la ciudad es fortalecer su habitabilidad y el sector de servicios como alternativa poderosa, que potencia además nuestro valioso capital humano en el desarrollo de experiencias como los call centers, las telecomunicaciones, el sector financiero, el sector salud y belleza, el turismo de negocios, entre otros. En un conglomerado así pensado, es apenas lógico diseñar un programa integral que aproveche su geografía privilegiada como oportunidad única para que propios y extraños se sientan invitados a compartir en espacios para la vida y el disfrute cultural y recreativo, con visiones excepcionales desde laderas recuperadas donde la dignidad va borrando las fronteras que generó un crecimiento descontrolado, o desde el Parque del Río, con su plan integral de generación de espacios públicos.


Ratificamos nuestra confianza en una iniciativa que reconcilia el crecimiento urbano con las zonas de ladera y abre nuevas oportunidades a la ciudad. Garantizar que sí se cumpla el sueño formulado, exige, todavía, de amplia pedagogía, voluntad social y un cuidadoso ejercicio de autoridad gubernamental.