Columnistas

La paz de La Habana y el futuro de Colombia
21 de Noviembre de 2014


Grandes expectativas posee el proceso de paz de la Habana que irradia sentimientos opuestos entre los colombianos, por la falta de credibilidad en las Farc, y por el carácter secreto de los acuerdos parciales

Ruben Darío Jaramillo Cardona                                                    


Grandes expectativas posee el proceso de paz de la Habana que irradia sentimientos opuestos entre los colombianos, por la falta de credibilidad en las Farc, y por el carácter  secreto de los acuerdos parciales, que luego de 2 años, centrado en la discusión de los derechos de las víctimas y el desarme, origina promisorias perspectivas por ser núcleos temáticos fundamentales, signo de que ha habido avances y que el debate por la terminación del conflicto armado tiene armazón propia y probables soluciones.


Han sido dos años donde la presentación muy reciente de los acuerdos en torno al desarrollo rural, la participación política de los guerrilleros como actores futuros respetando las reglas democráticas, los cultivos ilícitos y su sustitución, el diálogo por dosis con víctimas representativas del país nacional, ofrecen a los más optimistas, posibilidades de salida y a los más escépticos, el aumento del racimo de preguntas que los acompaña, por la complejidad de una negociación política.


Para el Centro Fe y Culturas, la Paz se convierte en un objetivo y proyecto de  vida de los colombianos, asumida en todos sus niveles, puesto que los territorios de las regiones cambiarían lentamente su hábitat, su vida cotidiana y unas políticas públicas adecuadas abrirían oportunidades económicas, en la educación, en la salud  y en la calidad de vida de los habitantes.


La Paz tiene muchos ángulos para ser motivo de reflexión y se le puede asumir, como valor que generará nuevos planteamientos acerca de la seguridad ciudadana y la convivencia; como política que sin justicia social, es discurso vacío, puesto que es imprescindible cambios en las políticas agrícolas, en el manejo inteligente de la contradicción desarrollo económico vs medio ambiente, en la sustitución de los cultivos ilícitos y la consecución de nuevas formas de enfrentar el delito del narcotráfico.


La Paz como problema debe poseer propuestas pedagógicas, pues debe ser meta trasformadora de la cultura, ya que la reconciliación es un asunto de todos y el perdón un derecho ejercido por cada colombiano enraizado en la libertad de conciencia. Debe ser una paz que rescate a las víctimas y les otorgue el estatuto de seres humanos dignos, por el grave maltrato, el desplazamiento forzado y los dolores acumulados en su alma y en su piel, en 50 años del conflicto armado.


Víctimas que exigen la verdad de los hechos por encima de la reparación y si ésta se concreta, que sea reconstructora de su quehacer diario con estabilidad socioeconómica y con opciones de trasformación de su bienestar actual. Víctimas, que miran de reojo la justicia transicional, pero que esperan modalidades de sanciones que permitan cambiar la sociabilidad de los colombianos, donde los actores armados ilegales tendrán que hacer muchos sacrificios.


El libro que publicará el Centro Fe y Culturas para este diciembre tratará de ubicar el contexto de la Paz, en medio de un presente asumido con más dudas que certezas, pero que despejará los interrogantes en el año 2015, ya que las víctimas están en el corazón de la discusión y el desarme como premonición del fin del conflicto.


DECANO


FACULTAD DE DERECHO UNIVERSIDAD CATOLICA DE ORIENTE