Columnistas

Derecho a soñar
Autor: Sergio Prada
20 de Noviembre de 2014


No se trata de la frase de cajón, se trata, literalmente de elevar a derecho humano el derecho al silencio en las noches para garantizar un sueño profundo y reparador. Dormir mal, que incluye no tener un sueño profundo y dormir pocas horas, es un asesino silencioso.

@SergioPradaR


No se trata de la frase de cajón, se trata, literalmente de elevar a derecho humano el derecho al silencio en las noches para garantizar un sueño profundo y reparador. Dormir mal, que incluye no tener un sueño profundo y dormir pocas horas, es un asesino silencioso. 


Para los adultos, dormir poco o mal está asociado con un buen número de enfermedades y condiciones crónicas como la diabetes, problemas cardiovasculares, la obesidad y la depresión. Las personas que duermen mal y conducen vehículos tienen una probabilidad más alta de tener accidentes con el agravante de que estos pueden tener víctimas fatales. También tienen una probabilidad más alta de accidentes laborales, que afectan no solo la salud propia sino la productividad de las empresas. Para completar, una mala noche está asociada con malas decisiones en lo afectivo, lo personal y lo profesional, que pueden acarrear efectos de por vida. 


Para los estudiantes, dormir bien está asociado con un mejor aprendizaje. De acuerdo con un reciente libro llamado “Como aprendemos” de Benedict Carey, la primera parte del ciclo del sueño ayuda con la retención de información, mientras que la segunda ayuda con las materias cuantitativas. De acuerdo con los expertos una buena noche es justo lo que necesita el cerebro para afianzar lo aprendido.


El problema de dormir mal afecta a mucha gente. En los Estados Unidos, al menos uno de cada cuatro individuos declaran dormir mal. Las causas son múltiples: una enfermedad del sueño, presión social y un mal vecino. Para la primera se necesita de tratamiento médico. Para la segunda un cambio cultural organizacional, donde se imponga aquella frase célebre de “no por mucho madrugar amanece más temprano”. O al menos se elimine la práctica de irse solo después de que se va el jefe. 


Y para el tercero se necesita más policía. Es decir, una legislación más dura y un mayor cumplimiento de la ley ante aquellos que con su ruido no nos permiten a otros dormir y soñar. Si eleváramos el sueño a un derecho humano, tendría más peso y seria más fácil de castigar a los perturbadores del sueño como violadores de un derecho que es tan sagrado como la vida y la salud.