Columnistas

Cuando la bruma se vaya
Autor: 羖varo Gonz醠ez Uribe
15 de Noviembre de 2014


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@alvarogonzalezu


Además de los muertos, la destrucción y el atraso, el conflicto armado que sufre Colombia tiene otro estrago inmenso: su ruido aterrador y su penumbra conspiradora no permiten que las diferencias, las reivindicaciones sociales ni las inequidades se discutan de una manera eficaz, a la luz pública y con la serenidad necesaria para resolver tantos acertijos históricos. En resumen, es un palo en la rueda del desarrollo democrático integral.


El estruendo de fusiles y bombas, la sangre fresca y coagulada, y los escombros de 60 años, forman una capa apelmazada que impide ver al país con claridad. Es imposible poner en las agendas de los órganos decisorios y de los formadores de opinión los grandes temas sociales y económicos en medio de uno o varios conflictos armados, o si se quiere en medio del terrorismo, para no quedarnos en discusiones semánticas inútiles para la vida que es lo que nos debe importar.


Durante muchos años las guerrillas y demás grupos violentos han impedido que se den esas discusiones. En primer lugar, porque muchos movimientos alternativos o reivindicatorios pierden legitimidad y capacidad de negociación al ser arropados hábilmente por aquellas. En segundo lugar, especialmente en las tres últimas décadas, las prioridades de los organismos institucionales públicos y privados están fijadas por esas violencias recurrentes o conflicto o barbarie.


De allí la importancia de que cesen los disparos, pues ello develaría con claridad esa problemática social acumulada por tantos años que nadie puede negar sea cual fuere su ideología o interés. La violencia ejercida directa o indirectamente por algunos sectores políticos y por representantes de diversas esferas económicas, es una forma errática de confrontar las ideas y fines contrarios; es velarlos con cortinas de fuego y humo deliberadamente o no. La violencia no es inteligente y por ello causa el efecto contrario al que busca. Es universal la frase: la violencia solo genera violencia. Nada diferente al daño, al dolor y a la venganza puede nacer de la violencia.


Sin el conflicto armado, o con su mengua notable, se descorrerán velos, se discutirá y decidirá con mayor claridad y serenidad, y, por tanto, se desbrozará el camino para resolver las inequidades. Es lógico: disparar, protegerse del disparo y dolerse de los daños materiales y espirituales son acciones que no dejan hablar de los grandes temas y cambios que se supone esos juegos de la guerra buscan ganar o impedir.


Ahora, si las Farc dicen que en verdad su lucha armada se ha justificado -y se justifica aún…- por la desigualdad económica y la existencia de una democracia cerrada entre otros motivos, pues hoy es la oportunidad de demostrarlo. Hoy, que existen un gobierno y una importante porción de la sociedad que les han demostrado a ellas la suficiente voluntad de querer reconocer, suplir y mejorar esas falencias y carencias. Pero sin duda, esa confianza ya más que demostrada a estas alturas corriendo incluso serios riesgos políticos y legales, debe ser correspondida por dicho grupo armado, primero, con actos reales de disminución de violencia -ojalá su fin anticipado- y luego con la entrega de armas a quien sea.


Y, por el lado de la oposición al proceso de paz, es hora de que esta demuestre que su antagonismo no es solo de carácter guerrerista ni político sino que también tiene un contenido social así sea de derecha extrema. Lo importante es que luego del cese al fuego con las Farc ambas corrientes conjuntamente con aquellas, nos podamos sentar a discutir este país a profundidad, sin el acoso de las balas silbando entre los discursos, y sin estar escondidos en las trincheras, protegidos por escoltas, dentro de los carros blindados o entre las montañas de Colombia.


Luz, claridad, mirar a los ojos, dialogar frente a frente, escuchar sin el ruido de la guerra, salir de los escondrijos, y poner valerosa y generosamente al país por encima de las penas personales y sociales es una urgencia para que al fin podamos hacer a Colombia.