Columnistas

Detengamos el Fracking (3)
Autor: José Hilario López A.
12 de Noviembre de 2014


Hubiese querido dedicar este espacio a señalar los nubarrones que se anticipan para nuestro país por la caída vertiginosa de los precios del petróleo, causada por la sobre oferta de gas de lutitas (gas shale) con fracking en EE.UU...

Hubiese querido dedicar este espacio a señalar los nubarrones que se anticipan para nuestro país por la caída vertiginosa de los precios del petróleo, causada por la sobre oferta de gas de lutitas (gas shale) con fracking en EE.UU, y en especial a comentar el reciente documento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud): “Colombia frente a la destorcida de los precios del petróleo”. Sin embargo, algunos amigos me han solicitado que amplíe y explique con más detalle los riesgos ambientales del fracking. 


En el mundo existen grandes preocupaciones por el auge del fracking,  principalmente en lo relacionado con el uso de químicos que se adicionan al agua que se inyecta a grandes presiones para la fracturación de las rocas que contienen el gas, a diferencia de los yacimientos convencionales de gas y crudo en los cuales ya las fuerzas tectónicas lograron sus extracción y migración hacia rocas permeables, desde donde es relativamente más fácil su extracción sin mayores perturbaciones en su entorno. Análisis realizados por Endocrine Disruption Exchange (Tedx) muestran que de las 32 sustancias adicionadas a las aguas utilizadas para el fracking el 25% son cancerígenas, el 37% pueden afectar el sistema endocrino, más del 50% pueden causar daños en el sistema nervioso y el 40% producen alergias.  


El agua inyectada  fluye por el sistema de fracturas generadas en el terreno  y puede llegar con su venenoso coctel hasta los acuíferos (reservas de agua subterránea), potencialmente utilizables para consumo humano y para usos agropecuarios, y que son a veces fuente importante de manantiales que nutren  los ríos y quebradas.  A esto se agrega la práctica que se está imponiendo de reinyección al terreno de las aguas residuales contaminadas, así como el riesgo de vertimientos durante su manipulación en superficie. 


Cada pozo de fracking requiere inyecciones entre 9 y 29 millones de litros de agua, y para desarrollar un campo productor de gas de lutitas se necesitan centenares de perforaciones, dispuestas en una malla con separaciones entre 0,6 y 2,0 kilómetros, una verdadera competencia por el vital recurso, en especial en zonas áridas como el Alto Valle del Magdalena y la Región Caribe.  Para tener una idea de magnitud, considérese que lo que se gasta en agua en un sólo pozo se puede atender el consumo diario de una población entre 75.000 y 240.000 habitantes. 


A pesar del boom del fracking en EE.UU, su práctica está prohibida en estados como Vermont, mientras que en California y Massachusetts las comunidades luchan por detenerla; en Nueva York y Nueva Jersey se han impuesto moratorias hasta conocer mejor los efectos del fracking. Alemania España, Francia e Irlanda han prohibido  su utilización.


Aruba Petroleum Inc. hace poco fue multada por la autoridad federal con 2.9 millones de dólares por generar enfermedades cutáneas, nerviosas y estomacales en una familia de granjeros norteamericanos, claramente relacionadas con el gas de lutitas por fracking.


La Agencia Federal Ambiental de Alemania (UBA) prohibió el uso del fracking en su país. Como sostiene su presidenta Maria Krautzberger “ninguna compañía está en condiciones de garantizar seguridad en el tratamiento y manejo del flujo de retorno en las operaciones de fracking”, confirmando lo que han estado pregonado los activistas anti-fracking en todo el mundo: el flujo de retorno contiene metales pesados e hidrocarburos aromáticos nocivos, como el benceno, e incluso material radioactivo. 


La reinyección de aguas residuales es causa evidente del incremento de la sismicidad, según registros en Ohio (9 terremotos en ocho meses). Según National Geograhic, el pasado 29 de marzo en Oklahoma ocurrió un terremoto de Magnitud 5,7 relacionado con el fracking, el mayor terremoto histórico registrado en ese estado.


En Colombia, el piedemonte llanero y las regiones del Alto y Medio Magdalena, potenciales productoras de gas de lutitas con fracking, se encuentran dentro de las zonas con mayor sismicidad en el  país, donde la inyección y/o reinyección de agua para fracking puede inducir la generación de terremotos  destructivos.


En conclusión, no estamos radicalmente en contra del fracking: lo que exigimos a nuestras autoridades ambientales es que se corrija la laxitud con que se están concediendo las licencias express, sin exigir antes un serio estudio de impacto ambiental y el correspondiente plan de manejo.