Columnistas

Por los hechos
12 de Noviembre de 2014


Por desmontar una valla de las Farc fueron asesinados dos guardias Nasa en Toribío Cauca. Algunos de los siete asesinos también tienen cara de indígenas, pero su mentalidad es totalmente organicista.

jorgemejiama@gmail.com


Por desmontar una valla de las Farc fueron asesinados dos guardias Nasa en Toribío Cauca. Algunos de los siete asesinos también tienen cara de indígenas, pero su mentalidad es totalmente organicista: alias Fercho manifestó que él solo se acoge a la voluntad de su organización a la “que le sirve” y no a ninguna otra autoridad. “Las cosas se hicieron porque yo tenía autorización de los altos mandos”. La postura de la comisión negociadora de las Farc en la Habana, ante la presión por el rechazo generalizado desde todos los ángulos de la opinión, fue la de lamentar el “error” y punto. 


Esa fue una gruesa gota amarga que tiene a punto de rebosar la copa de la esperanza de millones de colombianos que creemos en las bondades del diálogo para avanzar hacia la paz. Con muchos motivos para dejar volar la fe, por el comportamiento errático de los miembros de la guerrilla empecinados en alimentar la incredulidad de otros muchos millones de colombianos. Como Pedro en la noche de la aprehensión de un Jesús indefenso, dedicado a cortar orejas. 


No es que los hechos vayan por un lado y las palabras por otro, como para poder creer que es un asunto de incoherencia. Los hechos corresponden a las palabras. El trato indigno a Clara Rojas en un escrito de una militante guerrillera, no rectificado formalmente por la comandancia, es la continuidad de las cercas de alambre de púas donde fueron encerrados cientos de personas en condiciones carentes de humanidad en medio de la selva colombiana. 


Las declaraciones de curtidos dirigentes, referentes conceptuales para sus tropas, en el sentido que en las acciones de las Farc no ha habido intención de afectar a la población civil o de incurrir en transgresiones contra el Derecho Internacional Humanitario, producen hilaridad e intranquilidad. 


Medellín está poblada por 540.000 víctimas registradas, en su gran mayoría desplazadas, y en su gran mayoría con las Farc como el agente protagonista, según registros oficiales. Las minas antipersonas que permanecerán enterradas durante muchos años, así fructifiquen los acuerdos de la Habana, seguirán siendo una amenaza para la vida y la integridad de los pobladores civiles de los campos. Las huellas lacerantes de las victimas del secuestro y la desaparición forzada, no se van a evaporar de un día para otro. El reclutamiento de menores es otro grave delito universal, imposible de negar si, como un ejemplo del día, dos de los siete condenados por los indígenas de Toribio son menores de edad. Por eso se salvaron de la cárcel, pero no de los juetazos. Por ahora.


Nos podemos cansar de hacer tanta fuerza por el proceso para que avance en ganar confianza, no tanto por las piedras que recibe desde afuera, sino por las piedras que lanzan algunos desde adentro mientras están sentados en la mesa. Muy distinto a entender lo que significa negociar bajo el fuego.