Columnistas

Creando confusión
Autor: Dario Ruiz Gómez
10 de Noviembre de 2014


Pablo Catatumbo acaba de decir que las Farc “cometieron errores desafortunados y no intencionales”.

Pablo Catatumbo acaba de decir que las Farc “cometieron errores desafortunados y no intencionales”. Conociendo de su grueso prontuario delictivo enfrentamos aquí lo que podemos considerar un chiste cínico donde se disfraza el intento de eludir responsabilidades directas achacando esta responsabilidad a sus jerarcas quienes le dieron la orden de ejecutar rehenes, de secuestrar, de hacer tomas violentas de poblaciones indefensas. Claro está que a su vez estos jerarcas pueden aducir que estas acciones no fueron decisión de ellos ya que fueron tomadas del Manual del perfecto revolucionario. Lo curioso es que no podrían responsabilizar de esta violencia a Carlos Marx ya que éste es el primero en condenar lo que llama la acción por la acción y que, inevitablemente termina por caer en el bandolerismo, degradación que Hobsbawm analizó profundamente. Milosevic el verdugo serbio podría recurrir a los mismos sofismas que Catatumbo diciéndole a los jueces que lo condenaron por crímenes de guerra que a quien se debe responsabilizar de convertir a apacibles ciudadanos serbios en patriotas capaces de asesinar a sus vecinos de ayer por el “delito” de ser musulmanes, es a la teoría nefasta del nacionalismo.


Las disculpas carecen por entero de sentido pues hasta el mismo lenguaje es capaz de reaccionar ante esta vileza. Lo que olvida Catatumbo es que lo que ha quedado al descubierto es la inmoralidad de una fraseología de la cual se han valido para justificar sus tropelías y que hoy colocada ante la evidencia de los hechos pone de presente su inocuidad: en cincuenta años de accionar bélico jamás conocieron al pueblo, desconocieron las etnias y las sometieron, no fueron capaces de elaborar un solo discurso sobre el campo o las ciudades. ¿Se van a quedar repitiendo la misma monserga de que “pueblo unido jamás será vencido”? Esta fraseología elaborada por teóricos aventureros es la que perdió vigencia tal como en su momento dejó de tenerla la mezcolanza de nacionalismo y populacherismo del M19 que depuso las armas y cambió de lenguaje. Proposiciones como emancipación intelectual, individuo, diversidad, son nociones que definen el lenguaje del Demos o sea de la abierta discusión ciudadana y no de la imposición de un lenguaje socavado por el miedo, la desconfianza. Discusión quiere decir diálogo entre diferentes seres humanos que están dispuestos a abrirse a los argumentos que los contradicen sin renunciar nunca a los principios universales que estructuran una sociedad. 


Porque lo propio del totalitarismo es ofender la vocación del lenguaje a abrirse al diálogo con los otros para imponer su sola verdad autoritaria. Por lo tanto tratar de encubrir la directa responsabilidad es caer en una argucia que pretende distraer al interlocutor a pesar de que se ha hecho obvia ante los ojos no del Tribunal de la Historia sino del Tribunal de la razón humana gracias a la cual salimos, es bueno repetirlo, de la noche de la ignorancia para convertirnos en seres que razonan. Ni Catatumbo, ni Granda, ni Márquez, ni Romaña son abstracciones que representan un dogma político abstracto pues como señala Todorov, “El individuo ha de ser condenado por lo que ha hecho, no por lo que es o por lo que encarna, he aquí otro principio fundamental del derecho al que no debemos renunciar en modo alguno”, agrego, yo, en el momento de señalar responsabilidades. ¿Qué es lo que surge de las ruinas de una guerra que careció de justificaciones verdaderas? Surgen acusadoras las voces y los rostros de los asesinados, de los olvidados en fosas comunes, de aquellos que fueron despojados de su heredad, de los niños a quiénes se negó su derecho a la infancia o sea la palabra que nace y que reclama justicia.