Columnistas

Compromiso - Fondo
Autor: Alberto Maya Restrepo
10 de Noviembre de 2014


En el documento publicado por las partes sobre las conversaciones en Cuba se observan intenciones y planes de salidas a problemas que vienen de antaño, pero me parece que no se ven allí compromisos concretos y específicos de parte de las Farc.

En el documento publicado por las partes sobre las conversaciones en Cuba se observan intenciones y planes de salidas a problemas que vienen de antaño, pero me parece que no se ven allí compromisos concretos y específicos de parte de las Farc. Como que van a ser sus integrantes los supervisores de todo lo que se plantea hacer. En otras palabras, seremos los colombianos quienes vamos a tener que asumir los costos y ejecutar lo pactado, mientras los de las Farc, sin compromisos, se pondrán a exigir avances en los cronogramas de cada punto. Así, se ve como una posición simple y hasta intimidatoria la que adoptarían los farquianos porque no faltarán sus amenazas de retornar a lo de antes si a su juicio no ven cambios con prontitud y, especialmente, cambios en programas y en orientaciones que ellos de alguna manera han exigido en la mesa de conversaciones.


Imagino que van a tener que hacer una tarea pedagógica (sin mermelada) muy profunda para que entendamos en su verdadera dimensión lo que se haya acordado en La Habana y evitar que se llegue a una urna sin saber con claridad si dar el sí o el no a lo que se someta a referendo o consulta popular.


No deja de inquietar esa falta de compromiso concreto de las Farc porque pareciera que quienes todo lo hemos hecho mal en los últimos 60 años hemos sido el resto de colombianos, mientras los narcoguerrilleros posan de angelitos martirizados. No entendería un “acuerdo” en el que las Farc no pongan de su lado más que demandas, dejando la carga, la responsabilidad y el costo a un Estado que no ha podido hacer más por estar luchando por defenderse de un grupo que, multimillonario, ha asesinado, ha secuestrado, ha torturado, ha extorsionado, ha producido y comercializado droga, ha reclutado menores de edad, ha destruido nuestra infraestructura, etc.


***


Por estos días he visto una propaganda en televisión, pagada por el Estado, en la que se invita a hacer donaciones para tener con qué compensar a las víctimas. No creo que ese tipo de extendidas de sombrero sea oportuno hacerlo sin antes habernos informado con cuánto van a contribuir los del otro lado de la mesa: las Farc. Es imposible pensar en que los colombianos de bien tengamos que tragar sapos, como los ha llamado Santos, mientras los otros se sientan a manteles a comer solomito. Me parece que Santos ya tiene con las Farc arreglado lo que va a salir de las mesas en Cuba y por eso se anticipa a extender el sombrero internamente y se fue para Europa, en uno de los momentos económicos más difíciles del Viejo Continente, a ñarrear por ayuda financiera para el posconflicto. De ese viaje nada concreto logró, aunque sí expresiones de buena voluntad que quién sabe si se traducirán en $$$. Amanecerá y veremos.


No se debe dejar en manos de Santos y su gobierno un tal fondo con destino a las víctimas. Esos dineros habría que ponerlos al cuidado de un tercero, de alguna entidad internacional seria y no corrupta (¿cuál?). Se debería crear una especie de fiducia con reglas claras sobre cómo entregar los recursos allí custodiados y cómo informar a los colombianos sobre ingresos, egresos y saldo. Esa plata manejada por Santos tendería a irse hacia otras cosas.


Me parece que a Santos ya no le importa sino su ambición por el Nobel de Paz. Sus ministros andan cada uno con su costal, sin que se vea gerencia y preocupación del mandatario por lo que hacen y cómo lo hacen. Total, por ahora, él sabe que no puede aspirar a un tercer período, así que poco preocupado lo veo por la marcha del país, aunque sí debe estar haciendo mucha fuerza porque salgan adelante las reformas que ha propuesto y, claro, que pase en el Congreso el impuesto al patrimonio, pues sin plata no puede derrochar en mermelada, conseguir más asesores, costear los diálogos en La Habana, darse lujos en Cartagena, en fin, sin plata no puede vivir su estatus principesco.