Columnistas

De creencias y creencias
Autor: David Roll
6 de Noviembre de 2014


Hace poco la Iglesia Católica celebró la festividad de todos los muertos, con la cual le recuerda a sus fieles que existe una vida después de la vida...

Hace poco la Iglesia Católica celebró la festividad de todos los muertos, con la cual le recuerda a sus fieles que existe una vida después de la vida. Tanto los otros tipos de cristianismo como las demás religiones del Libro (la Biblia), o sea judíos y musulmanes, coinciden en esta creencia. De hecho gran parte de las religiones en todo lugar y todo tiempo han tenido algún tipo de elaboración conceptual o mítica sobre un mundo más allá de la muerte. Los Hindúes por su parte y otro conjunto de creencias del Lejano Oriente, como el Budismo, hablan más bien de reencarnaciones sucesivas hasta alcanzar el Nirvana o unión con Dios.


Es muy difícil saber si quienes se dicen pertenecientes a todo este conjunto de religiones creen en ésta y otras verdades reveladas, porque la práctica de algunos ritos, que es la manifestación externa de esas creencias, significa más una voluntad que una convicción. Y ésta puede estar motivada además por querer respetar una costumbre ancestral o de los padres inmediatos o del entorno social, e incluso por el deseo de llegar a tener una fe que en el fondo no existe, o que está rodeada de demasiadas dudas, las cuales se quiere disolver con la práctica constante y sincera, se crea o no en el fondo en algunas de esas verdades reveladas.


Hechas estas salvedades, las diferentes encuestas que se han hecho en las últimas décadas coinciden en señalar que la gran mayoría de la población mundial dice creer en un Dios o por lo menos una entidad superior espiritual, siendo el porcentaje de ateos declarados o no practicantes de ninguna religión o agnósticos, un número reducido. Estas minorías están circunscritas sobre todo, además de los países comunistas y excomunistas donde la religión fue prohibida, a Europa, Australia, Nueva Zelanda y parte de los Estados Unidos, los más prósperos del mundo, y donde curiosamente está más difundido el sistema democrático. 


Y es que al mismo tiempo que  hay creencias religiosas, también hay creencias políticas, como bien lo explicó el fundador de la Sociología Política, Max Weber, hace aproximadamente un siglo. Pero cual será la creencia política equivalente por mayoritaria a la creencia religiosa de que existe algo más allá del mundo material? ¿Será la democracia? Sucede igual que con la religión, pues tenemos datos de países democráticos o autoritarios y su población, pero no sabemos qué piensan sus habitantes realmente ni en unos ni en otros. En términos de Estados se habla en algunos estudios de democracias plenas, democracias defectuosas (con problemas), sistemas híbridos (combinan democracia con autoritarismo) y sistemas autoritarios. Casi todos ellos señalan que si bien sólo la minoría son autoritarios, se trata de alrededor de un 30% total de los países, donde viven un 40% de la población mundial; pero no sabemos si sus habitantes les pueda gustar la democracia y no tengan como expresarlo.


En síntesis si un extraterrestre fuera a hacer un informe a sus jefes, les tendría que decir que en el planeta tierra la gente abrumadoramente tiene algún tipo de religión o creencia espiritual y que una mayoría menor que la anterior, no necesariamente coincidente, parece creer también en que la democracia es mejor que otros sistemas de gobierno para organizar las sociedades. Les diría también que de todos modos no se sabe si todos los aparentemente creyentes están en verdad convencidos de los dogmas, y que en política de la misma manera no queda muy claro qué tanto creen los ciudadanos en realidad en la democracia o si se resignan a ella por parecerles mejor que una dictadura, siendo más bien escépticos que optimistas sobre sus resultados y su capacidad de mejoramiento.


Las convicciones religiosas pertenecen al fuero interno de cada persona, y cada cual con o sin ayuda se moverá en el vaivén de sus dudas y certidumbres como mejor pueda. Pero las creencias políticas en torno a la democracia son diferentes, por las consecuencias colectivas que implican y porque son el producto de un pacto, por lo menos tácito, entre los ciudadanos de los países con regímenes no autoritarios. Ese acuerdo se da en la India reencarnacionista, en la Suecia preferentemente atea, en la musulmana Turquía, en los países latinoamericanos de mayoría católica, en la anglicana Inglaterra, en la protestante-católica Alemania o en el Japón sintoísta-budista-agnóstico. Consiste en que, creamos lo que sea sobre el más allá, apoyamos un sistema de gobierno que se basa en estos pocos principios básicos: primacía de la ley,  elecciones libres, equilibrio de poderes, derecho a decidir  de las mayorías con respeto a las minorías, defensa de los derechos humanos, la libertad como presupuesto, y la igualdad como aspiración (esto último a través de políticas redistributivas que no desconozcan el derecho de propiedad pero que busquen proteger a los más desvalidos). Quien no comparte estos principios no es un auténtico demócrata. Pero si cree en ellos, y sólo es escéptico sobre la forma en la que se están desarrollando en su propio país, o incluso en la mayoría de países democráticos de la época en la que vive, sencillamente le sucede como a la mayoría de los creyentes de las religiones, vive agobiado por las dudas, pero firme en la convicción de lo fundamental.


* Profesor Titular


Universidad Nacional